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Esta imagen de la Escalinata representa el viajero anónimo que recrea el libro de Villalba. D. H.

El escritor Juan Villalba explora los secretos que guarda la anatomía de Teruel

El libro revela el anecdotario de la ciudad a través de personajes ilustres que la visitaron en el pasado

De cuando en cuando surge en Teruel una de esas obras que desde el ámbito de la historia, el arte, la arquitectura o la literatura ayuda a conocer y comprender mejor la ciudad. En esta ocasión Juan Villalba ha escrito un volumen que reúne esos cuatro aspectos. 

Teruel, otra dimensión, propone cinco recorridos a través de la ciudad que arrancan en la plaza del Torico, de la mano de personajes destacados del mundo de la cultura o la política que las patearon antes que nosotros y que contribuyeron a formar el sedimento de memorial que Juan Villalba trata de rascar y sacar a la luz. Desde José Antonio Labordeta que se hizo cantautor volcando su mirada hacia la ciudad roja de las arcillas hasta Max Aub y Hemingway, que oyeron el silbido de las balas que impactaron contra la plaza de toros, pasando por Juan Martínez Salafranca, fundador del Diario de los Literatos de España, el poeta chileno Roberto Bolaño, Clemente VIII, sucesos del Papa Luna, Pio Baroja, Ortega y Gasset, Antón García Abril, David Civera, Javier Sierra, Agustina Torres, Hartzembusch, Yagüe de Salas o Manolo Torres, el único turolense que ha ganado una Copa de Europa de fútbol. 

A través de esos cinco recorridos, Juan Villalba ficciona un paseo con estos personajes a partir del cual se van desgranando anécdotas, sucesos históricos o cuestiones que tienen que ver con los edificios o el patrimonio material. El protagonista es un viajero anónimo, que se deja acompañar y abrazar por cada uno de los relatos. 

Por eso Teruel, otra dimensión, es mucho más que una guía turística, aunque en su génesis nació para ello. Al calor de algunos de los ilustres visitantes que ha tenido Teruel, la obra explora y descubre los secretos de algunos de sus lugares más emblemáticos y, en ocasiones, desconocidos. “Han sido muchos los personajes singulares que han pasado por aquí”, recuerda Villalba, “y mayor parte de ellos quedaron admirados por el Torico, por su pequeñez –como reza el tópico–, pero también por sus singularidades”. 

Así, Roberto Bolaño, el inconformista y polifacético escritor chileno, se conmovió con el río rojo de los tejados de San Julián, bajo el viaducto, y lo comparó con las favelas pero a la inversa, que aquí bajan ladera abajo en lugar de encaramarse a las montañas. Labordeta recuerda las tierras, también rojas, de las arcillas que le invitaron a cantar a la rebeldía, y todos ellos recuerdan algunos de los secretos que la ciudad guarda para aquellos que no saber mirar con ojos cómplices. 

Teruel, otra dimensión es un libro de viajes en el tiempo y en el espacio. El primero en el que se embarca Juan Villalba, a quien le pega mucho el género. “No me interesaban demasiado las meras descripciones monumentales, sobre lo cual ya hay mucha información por ahí, como las historias que surgen en torno a los sitios, las anécdotas, sobre todo cuando se cuentan o las cuenta algún personaje destacado”. No es una guía técnica que deba llevarse bajo el brazo mientras uno camina por las calles de Teruel. “Es densa y larga”, advierte su autor. “Debe leerse previamente, con el ánimo de descubrir luego los lugares y los secretos”. 

Los textos están bien acompañados por imágenes, algunas de ellas del fotógrafo turolense Diego Hernández. “Dos o tres de ellas las descubrí en una exposición que realizó sobre el ferrocarril no nacido entre Teruel y Alcañiz, llamada Raíles de tierra. Había varias fotos que me encantaron y que me inspiraron mucho a la hora de pensar en este viajero anónimo que, de algún modo, protagoniza el libro”.

Otras imágenes son propias o proceden de archivos personales como el de Joaquín Carbonell, que cedió a Villalba una fotografía en la que se le ve formado con un equipo de fútbol en el que también está su compañero de promoción, Jiménez Losantos. 

Para la fotografía de portada Villalba muestra una espléndida vista de la plaza de la Catedral, aunque no fue la única candidata. Barajó una en la que el reloj de la estación de tren de Teruel se refleja en una gran pupila, “aunque en la editorial Pregunta les pareció, con buen criterio, que ese ojo junto al título iba a dar la impresión de tratarse de un libro sobre asuntos paranormales. También barajó una foto de la plaza del Torico con esas luminarias que un día brillaron en su suelo. ¿Se acuerdan? Pues Villalba, enamorado como pocos de Teruel, defiende orgulloso, también como pocos, aquellas lamparas rebeldes que estuvieron a punto de hacer que la plaza del Torico fuera algo más que una plaza con la escultura de un toro en plomo. “Fue una lástima que nunca llegaran a funcionar correctamente, pero a mí me gustaban mucho esas lámparas. Para cualquier turolense la plaza del Torico es un lugar emblemático, pero para un visitante es una plaza normal, como la que puede ver en cualquier ciudad, y esas luces hacían que no te olvidaras fácilmente de ella”. “Sin embargo esa crítica severa a las innovaciones siempre se ha dado”, explica. “A principios de los años veinte visitaron Teruel Pío Baroja –cuyo hermano Ricardo fue bibliotecario en el Archivo de Hacienda, y que ambientó tres de sus novelas en la provincia– y Ortega y Gasset, y cuando les preguntaron dijeron que la plaza les gustaba... pero que esas casas tan modernas desentonaban bastante del aspecto tradicional que tenía”. Se referían a los edificios modernistas que hoy constituyen un tesoro arquitectónico. Quién sabe si al final del primer cuarto del siglo XIV alguien dijo lo mismo de las torres mudéjares. 

De ese viaje también se cuenta que Baroja y Ortega y Gasset fueron recibidos en el Casino, y José Torán de la Rad, que pocos años más tarde sería elegido alcalde meses antes de ser desterrado a las Baleares por el golpe de estado de Primo de Rivera, les preguntó que por dónde creen que andaría el futuro de Teruel. “Por lo visto Gasset se quedó en silencio mirando el toro y la estrella del escudo de la ciudad, que debía de estar allí. Quizá no sabía qué contestar, pero Torán le dijo, ante su gesto, si acaso los turolenses no debían mirar al cielo. Y a mi me gusta fabular en el libro que eso fue un vaticinio del aeropuerto de Caudé y del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón”.

Ese mismo Torán, responsable entre otras cosas de la Escalinata, el Viaducto y la moderna traída de aguas, tiene un monumento en el Ensanche, “que por cierto tiene una fuente gemela en Palencia, construida también por Victorio Macho que era de allí”. Hasta hace poco la aguadora de la fuente tenía varios tiros procedentes de la guerra civil, al igual que muchos de los edificios de la contornada, “pero recientemente ha sido restaurada y le han quitado las marcas”, lamenta Villalba. “Esos tiros”, que todavía pueden verse en algunos puntos de la ciudad, “sirven para dos cosas importantes”, según Villalba. “Para el recuerdo de muchos de los visitantes de la ciudad, que acostumbran a quedarse con lo anecdótico y no con lo sesudo; y para recordarnos la historia reciente de la ciudad”. 

Teruel, otra dimensión, provee de la llave de una ciudad secreta. “Casi todas las ciudades lo son”, sostiene el autor. “Todas tienen unos resortes que hay que conocer para conocerla en su plenitud, para no quedarte en su superficie. La rutina adormece la mirada, y cito a Proust para decir que viajar no es cambiar de paisaje sino cambiar de mirada. A veces nos empeñamos en viajar a lugares lejanos y exóticos y no sabemos quién era Pierres Vedel”. 

Como no podía ser de otra manera, Villalba, aficionado y crítico de cine, también deja su poso de celuloide en la obra. Desde el título, Teruel, otra dimensión, con indudables resonancias cinematográficas, hasta las referencias al séptimo arte que tiene el libro, como Torrepartida, Jo Papá o “películas que recogen la guerra civil”. “Es título del libro es casi un guiño, una pequeña broma, con cierta influencia de Javier Sierra. Puede que pueda llevar a engaño, pero me gusta, y además deja claro que no se trata de una obra sesuda”. 

Amor a Teruel

De hecho no se dirige a historiadores ni pretende ser una obra de referencia de índole arquitectónica ni histórica. “Es un libro dirigido a los turolenses que aman la ciudad como yo. También puede leerla el visitante que quiera conocer mejor Teruel, lógicamente, aunque creo que la disfrutará más quien viva permanentemente aquí. Por lo demás el espectro es variado, porque está escrito con un lenguaje literario pero sencillo, con un elemento divulgativo importante”. 

En la obra Juan Villalba se destila un amor por la ciudad que no se manifiesta en la incondicionalidad sino en la curiosidad infinita por conocer. “El único reproche que le hago a la ciudad es no haberse sabido reivindicar y reconocer sus encantos. Pero como mínimo desde comienzos del actual siglo esto está cambiando, quizá en parte gracias a Teruel Existe”. El escritor, sin embargo, destaca que “una cosa es ejercer de turolense y otra caer en el chovinismo o pensar que todo el mundo gravita en torno a nosotros, como sucede con algunos nacionalismos. Teruel no es lo mejor del mundo pero no tiene nada que desmerezca”.

Y está plagada de secretos, de pequeña dobleces y de rincones que descubrir con una sorpresa o un pequeño flash de alegría al interpretar una pequeña referencia literaria o artística en alguno de sus rincones.  “Aún siendo pequeñita, Teruel guarda muchos secretos y no todos caben en este libro. No me dejé consciente ninguno, pero seguro que los hay. Las claves de una ciudad son inabarcables por la mirada de una sola persona”.  

La obra ha sido publicada con la editorial aragonesa Pregunta, y está prologada por el periodista Miguel Mena, “a quien tengo que agradecerle doblemente, porque me escribió este prólogo y porque me animó a publicar el manuscrito, que estaba guardado en el cajón desde los tiempos que iba a ser una guía turística, con la editorial Pregunta.