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El guiñote, un juego de naipes con gran arraigo pero poco documentado El guiñote, un juego de naipes con gran arraigo pero poco documentado
De izquierda a derecha, de arriba abajo: el diccionario de Mariano Peralta (1836), El Turolense (1888), Noticiario de Soria (1908), La Correspondencia de España (1900) y ‘Los dos compadres de Bécquer’ (1869)

El guiñote, un juego de naipes con gran arraigo pero poco documentado

La primera referencia aparece en el diccionario de Mariano Peralta en 1836, por lo que es más antiguo

En el año 1836, el abogado Mariano Peralta publicó el Ensayo de un diccionario aragonés-castellano con más de 800 términos entre los que incluyó la palabra guiñote, que definía como “brisca real, tute, juego de naipes”. Se trata de la cita documental más antigua que ha encontrado la Asociación Aragonesa de Guiñote (Guiñarte), que considera que mucho tiempo atrás ya se practicaba en casas, plazas, tabernas, casinos y otros lugares de ocio.

Guiñarte nació en enero de 2015 con el propósito de ahondar en el estudio del guiñote, tanto para que los aficionados mejoren su juego como para investigar acerca de su historia. Con este fin, la asociación ha creado una página web (www.guiñarte.es) que recoge tanto estudios de probabilidad como los documentos que, buceando en el tiempo, sus socios han logrado recopilar relacionados con el juego de cartas más popular en Aragón.

El miembro de la asociación encargado de documentación y archivos, José Antonio Jaraba, ilustró sobre la vertiente histórica del guiñote el pasado viernes en el marco de las III Jornadas Culturales del Guiñote, que durante todo el fin de semana tienen lugar en formato online dadas las restricciones de movilidad y aforos como consecuencia de la pandemia.

“La idea era exponer una pequeña selección de los documentos que ya tenemos expuestos en la web en los que se hace referencia al juego del guiñote durante el siglo XIX y principios del XX, para de esta manera poder situarlo en el tiempo y hacernos una idea de cómo y cuánto se tenía conocimiento de su existencia en los lugares donde no se practicaba”, explicó Jaraba a este diario.

“La primera referencia la tenemos en 1836 cuando don Mariano Peralta realizó su Ensayo de un Diccionario castellano-aragonés a modo de protesta para aportar palabras provinciales que no habían tenido cabida en el Diccionario de la Academia”, profundizó el investigador. Entre las múltiples acepciones descentralizadas incluyó el guiñote, lo cual “probaría que ya llevaba muchos años existiendo, como mínimo en el siglo XVIII”.

De esa fecha en adelante existen multitud de citas “tanto en literatura, teatro, prensa e imágenes donde se puede ver cómo el guiñote forma parte de las costumbres aragonesas, jugándose en cocinas, cucanes, calles y plazas tanto por hombres como mujeres”, observó Jaraba..

Aunque también se ha practicado en provincias colindantes, “se ha creado un sentimiento de identidad. Aunque siempre ha convivido con otros juegos, el que ha perdurado es el guiñote, a pesar de que no encontramos ningún manual escrito hasta 1896, lo que nos indica que se ha transmitido oralmente de generación en generación”, reivindicó Jaraba en la segunda parte de la charla, en la que insistió en que el Gobierno de Aragón debe reconocer el juego como Bien de Interés Cultural Inmaterial.

Motivo de reunión

Tras un recorrido por la sección documental de www.guiñarte.es “podemos ver como el guiñote estaba totalmente enraizado en nuestra comunidad” en el siglo XIX, pues lo jugaban “tanto hombres, mujeres y niños”, y servía “de excusa de reunión de los personajes tal vez más influyentes de las localidades como podía ser el alcalde, boticario, médico, cura o terrateniente”.

Al final del siglo XIX, gracias a los cuentos, relatos o sucesos relacionados con el guiñote publicados en multitud de periódicos lo conocen en todo el territorio nacional, al margen de que ya se practicaba también en Soria, Castellón, Tarragona, Burgos o Guadalajara.

En 1869, Gustavo Adolfo Bécquer describe en Los dos compadres que “las comadres del lugar juegan al guiñote o al julepe próximas a la lumbre, donde hierve el espeso chocolate de la merienda”. Queda claro que nunca ha sido solamente cosa de hombres.

Eusebio Blasco, en Juzgado Municipal (1902) desvela que también se apostaba: “Pues estábamos en la trastienda del alpargatero jugando al guiñote, a dos reales la partida. Este cantaba las cuarenta abonico, que no le oía ni el cuello de la camisa”.

Dos sentencias del Tribunal Supremo de 1871 y 1874 demuestran que el guiñote se jugaba también en las tabernas, y que era motivo de discusión. En el primero se da fe del siguiente hecho ocurrido en Zaragoza: “Resultando que Antonio López manifestó que, hallándose jugando al guiñote en el café de la plaza de las Estrévedes, le faltaron 8 onzas y 10 duros que llevaba en un bolsillo de estambre, y que sospechaba se los había hurtado el nombrado Antonio Lecha, que se colocó a su lado como espectador durante el juego”. Parece que siempre hubo mirones.

Y, según la sentencia de tres años más tarde: “En la tarde del 3 de enero de 1874, hallándose jugando al guiñote en la taberna de Faustino Planilla, en la villa de Ágreda (Soria), José Alonso y su padre en compañía de Pedro y Víctor Campos, se suscitó cuestión sobre una jugada; y echándolos fuera de la taberna, riñeron los cuatro fuera de ella, de cuyas resultas salieron heridos el José Alonso, hijo, con una herida en la frente de una pedrada y una lesión de arma blanca en el vientre; el Víctor Campos con una herida incisa en el arco superciliar izquierdo y otra en la cara izquierda de la nariz, causada con instrumento cortante, y Pedro Campos con una pequeña herida en el borde del ala izquierda de la nariz, causada al parecer por un mordisco o con instrumento cortante”.

El Castellano actual (1911), de Constantino Román y Salamero, hace un repaso sobre juegos e cartas en el que no olvida el guiñote. “El tute está muy generalizado en Andalucía y en Aragón (donde se le llama guiñote), e igualmente en Navarra y parte de Castilla la Vieja”, repasa.

Pío Baroja, en El mayorazgo de Labraz (1919), también habla de una suerte de casino en el que, desde el anochecer y hasta las diez de la noche se reúnen “el maestro, dos procuradores, un usurero, el cirujano don Tomás y algunos otros” a jugar al mus “con los grasientos naipes abarquillados”, mientras otros son “más partidarios del tute y de la brisca”. En la escena descrita, los más aristócratas se dedican al tresillo, mientras que “los más ordinarios tenían predilección por el mus, el guiñote y el ganapierde”. Por su parte, los más viciosos se decantan por la timba, el siete y medio y la treinta y una.

En la prensa turolense

La sección de la web que habla de citas en la prensa, mucha de ella turolense, no tiene desperdicio. El Aragonés, definido como periódico bisemanal de noticias e intereses morales y materiales de la provincia de Teruel, publicó el 17 de enero de 1885: “Hay aquí en los carasoles no pocos grupos que juegan al guiñote, mus o truques, con la baraja grasienta que les prestó Barbarica, del barrio la tabernera”.

En El Turolense –periódico liberal conservador y de intereses materiales–, el 15 de abril de 1888, se anuncia que “por disposición del señor Gobernador ha sido cerrado el círculo de recreo La Unión, a consecuencia de haber sido sorprendidos jugando a juegos de envite y azar, varios señores socios”. 

Y añade: “Se puede jugar sin responsabilidad al tresillo, malilla, tute, guiñote, bresca, pichigonga, burro y revesino, pero son juegos prohibidos el monte, bacarrá, ruleta, treinta y cuarenta, lotería (no siendo la nacional), los borregos y el punto”.

Por su parte, el Eco de Teruel, periódico democrático y de intereses generales, informaba en 1896 de que “una persona de notoria influencia y respetabilidad en Albarracín nos asegura ser cierto que a los citados presos (de Cella) se les prohibió el tener una baraja para distraerse un rato jugando a la brisca o guiñote”.

La Correspondencia de España, diario universal de noticias, titulaba en su edición del 29 de noviembre de 1900 “Muerte por cuestión de juego”, en Zaragoza, y detallaba: “En un caserío, que dista ocho kilómetros, cuestionaron por una jugada de guiñote, Cipriano Bueno, de 51 años, y Casimiro Cintero, de 61. La cuestión pasó a mayores, dando el Cipriano Bueno al Casimiro Cintero una tremenda cuchillada que le dejó muerto en el acto”.

También en mundo del teatro hay referencias al guiñote. Algunos ejemplos son La herencia de mi tío (1879, Joaquín Viaña), Pepito (juguete cómico), (1888, Ricardo Royo Villanova) o Querer baturro (1909, Federico Chaves).

Un “juego permitido”

“A falta de televisión y otros entretenimientos, los juegos de naipes hacían pasar esos ratos de ocio en la vivienda, la taberna o las calles”, cerró Jaraba, que observó que el guiñote, por ser un juego largo, de cotos, “no es de jugar dinero si no más bien el café o la copa”, por lo que era considerado por las autoridades como “juego permitido”.

Bibliotecas virtuales, algunas tan lejanas como la Universidad de Michigan, han nutrido los archivos de la asociación. Jaraba hizo un llamamiento a historiadores y etnógrafos a echar una mano para bucear de forma más profesional e intensa por los archivos con la intención de encontrar nuevas pistas que acerquen al origen del guiñote.

“Con el tiempo puede surgir documentación en pueblos respecto a conflictos a raíz del juego”, animó el encargado de documentación y archivos de Guiñarte, que sospecha de que el guiñote es una variante de la brisca. “El primer manual de la brisca está escrito en 1718. Podemos pensar que el guiñote, tal como lo define el diccionario aragonés-castellano, puede ser contemporáneo y ser un híbrido entre el tute y la brisca, y proceder de Francia o Italia”, lanzó Jaraba como hipótesis. En cualquier caso, la asociación piensa que el juego se remonta a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII, coincidiendo con el final del Reino de Aragón, “pero esto son suposiciones”, aclaró  el estudioso.

Guiñarte aspira a que el juego sea considerado Bien de Interés Cultural

La mayor aspiración que tiene Guiñarte es conseguir que el Gobierno de Aragón considere el guiñote como Bien de Interés Cultural Inmaterial por su arraigo cultural y social.

“Con el trabajo de campo que se ha hecho sobre las citas documentales de la web se han extraído las costumbres y lo que representa el guiñote para la sociedad aragonesa”, defendió Jaraba.

El documentalista de la asociación aseguró que, gracias a la app GuiñotePro que permite el juego online, se ha ido de un plumazo “el temor a que los jóvenes pudieran dejar de jugar” ante el auge de las nuevas tecnologías. “Ahora mismo tenemos una plataforma muy potente”, con 10.000 usuarios diarios, que ha supuesto “un revulsivo”, más en tiempos de pandemia en los que está prohibido jugar en los bares por cuestiones higiénico sanitarias.

Antes de que existiera la app, el 23 de abril de 2017 Guiñarte pidió al Gobierno de Aragón que incluyera el juego “en alguna de las categorías de protección de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés” por constituir un “nexo de unión” entre los aragoneses y conservar los “signos de identidad” de la población, como son “la fanfarronería, la terquedad, la nobleza, la alegría o la sociabilidad”.

Es en los pueblos donde alcanza “su máxima expresión”, si bien en las ciudades “sigue estando presente”, proseguía la asociación. Se disfruta por doquier “en la taberna, en el bar, en la piscina, en fiestas patronales o en las pellas de las aburridas clases y en las reuniones familiares”. Además, al lenguaje coloquial se han incorporado muchos de sus dichos.

Pedían al Ejecutivo autonómico que se preocupara de conservar, proteger, promover o difundir el guiñote, prestando “la seriedad que merece un uso tan tradicional, social y popular como es este juego”.

Sin embargo, el Gobierno de Aragón desestimó la petición porque, aunque reconocía que el arraigo social del guiñote “es innegable”, los valores sociales e identitarios alegados “no justifican por sí solos su reconocimiento como parte del patrimonio cultural aragonés”, ya que “no es una práctica exclusivamente aragonesa ni se remonta a los usos propios de la sociedad preindustrial”, como sí lo son el tiro de barra, las carreras pedestres o la pelota aragonesa.

El guiñote “no está en riesgo de desaparición, sino que más bien presenta una potente vitalidad expresada en las sucesivas iniciativas populares de asociaciones como Guiñarte, que se esfuerzan en su práctica y difusión, para su mejor conocimiento y promoción en las nuevas generaciones”, concluía el Gobierno de Aragón.

“No estará documentado, pero Aragón es el epicentro del guiñote, si bien nos es grato reconocer que de antaño se ha jugado alrededor de Aragón, y donde se juega muchísimo por ejemplo es en Castellón, donde se han hecho grandes torneos de más de cien parejas”, admitió Jaraba, que reconoció que hay que tener “más atada” la candidatura con un estudio histórico y etnográfico.