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‘Enseña solo amor, pues eso es lo que eres’ es una invitación del Gene Martín a revisar los símbolos religiosos y su significado

El parque escultórico de Cedrillas ya expone su cuarta obra: una cruz que emana amor, obra de Gene Martín

El autor es el impulsor del proyecto

Enseña solo amor, pues eso es lo que eres. Es el título de la cuarta pieza instalada en el parque escultórico de Cedrillas, obra del autor del espacio, el arquitecto y artista Gene Martín. Se trata de un cruz metálica formada por cientos de corazones de color rosa, un diseño que Martín “tenía desde hacía mucho tiempo en el archivo y que finalmente ha tomado esta forma”. No es casual que el misticismo y la religión vuelva a aparecer en el trabajo de Gene Martín, muy interesado en los temas relacionados con la trascendencia y la espiritualidad a través de sus símbolos. Y es casi una obsesión para el turolense, que se define como un “científico” del arte en cuanto investigador de sus referentes estéticos, el indagar y reinterpretar esos símbolos místicos cuyo significado, en muchas ocasiones, se ha devaluado. 

“Se trata de quitarle solidez al símbolo de la cruz, de darle aire y de acercarlo a las personas”, explica Martín. “Estoy convencido de que el único mensaje que pretendió transmitir Jesús era que podemos llegar a comprender que no tenemos que ser prisioneros del cuerpo y somos fundamentalmente amor. Y de hecho podemos amar”.

La crucifixión ya ha protagonizado algunos trabajos del turolense, como la exposición fotográfica Corona de azucenas en la que trabajó junto a Leo Tena, a través de la cual reinterpretó las espinas que Jesucristo llevó sobre la cabeza durante sus últimas horas. En ese trabajo, y también en la Cruz rosa del Parque Escultórico de Cedrillas podría verse cierta provocación antidogmática, pero nada más lejos de la realidad. “Reconozco que me gusta pensar que tengo cierto germen de provocación dentro y suele salirme a menudo, pero este tipo de trabajos no se reducen a eso, sino que parten de una investigación sobre la simbología religiosa que después llevo a la plasmación”. Gene Martín explica que “desde pequeño sentí la importancia de la vía espiritual, pero los mensajes que podrían extraerse de ella no me cuadraban con el cristianismo”. Martín, que también se ha interesado por otras religiones a través del arte, como el sincretismo Cao Dai vietnamita, asegura que en lo personal “descubrí que los símbolos cristianos estaban malinterpretados y no satisfacían mis necesidades. Lo que intento es suavizar esa imagen tétrica de la cruz y acercarnos a esa maravilla que tenemos todos a nuestro alcance, y que hemos perdido por culpa del miedo”. Para Gene Martín el “el miedo en el nombre de Dios es el peor tipo de miedo que puede tenerse. Y es lo que se percibe si nos quedamos en el mensaje de la crucifixión que la tradición nos ha contado. No nos da ninguna libertad, y la función de la religión es proporcionarnos libertad”. 

La suavidad y ternura de la cruz metálica del Parque Escultórico de Cedrillas contrasta con otras imágenes imponentes y casi aterradoras que puede adoptar el mismo volumen, como la que preside el Valle de los Caídos o la que se colocaba sobre la columna del Torico turolense durante la Semana Santa de la posguerra. “Dios y la religión no tienen nada que ver con el miedo o con el pecado, sino con la libertad, el amor y la felicidad. Así que lo que yo hago es exactamente lo contrario que provocar”, deduce finalmente. “Lo que hago es invitar a revisar esos símbolos y reinventar su significado a la luz de la función que deberían cumplir”. 

 Es el objetivo que Gene Martín busca que Enseña solo amor, pues eso es lo que eres cumpla entre los vecinos de Cedrillas y los visitantes que se acerquen a contemplarla o a pasear cerca de ella. “Entender que el auténtico mensaje es una llamada a la tranquilidad, a vivir el amor ahora, en este momento, es tan liberador que pasarlo por alto o ignorarlo es terrible. Es un mensaje muy avanzado, casi del futuro, pero en ese sentido nos hemos quedado atascados sin avanzar”. En ese sentido el turolense presenta la cruz sin la mayestática, sin la gravedad y sin el aplomo. “Una cruz ligera, llena de corazones, algo que no tiene nada que ver con el pecado sino con la inocencia absoluto es una idea que considero preciosa”. 

En lo formal, Enseña solo amor es una pieza de 2.50 metros de alto por 1.40 metros de ancho, realizada en malla metálica cortada con láser a partir del diseño de Gene Martín, que se cortó en los talleres de Rafa Fuertes de Teruel, “un herrero de por aquí con el que siempre que he trabajado lo he hecho muy a gusto”. 

Un parque en crecimiento

La cruz ligera y amable, en el sentido estricto de la palabra, es la cuarta pieza de un Parque Escultórico que Gene Martín comenzó a crear en 2016, en un bancal propiedad de su familia, y que poco a poco va tomando forma como espacio para el esparcimiento y la reflexión que el artista quiere que sea. El autor lo ha bautizado con un nombre tan sugerente como El jardín de la alegría, y ya ha instalado incluso unos bancos para los paseantes. La idea es que cada año una nueva escultura se vaya incorporando a la colección, “al mismo tiempo que otros elementos, como algún sistema para exponer piezas más pequeñas, más bancos, o riego, que le vaya dando más estructura de parque”. 

La concepción de este espacio privado es que sea un lugar público, donde el arte coexista con los paseantes. Un arte entendido además como actividad colaborativa, ya que el resto de piezas que hay instaladas están creadas por otros artistas o en colaboración con ellos. 

La primera pieza que se instaló fue Vacío presente, una gran caja de regalo plasmada únicamente en la cinta roja que la rodea y forma sobre ella un gran lazo. Esa pieza fue creada por Martín junto a María Hernández. Al año siguiente se instaló una gran amazona de unos tres metros de altura titulada Equus, obra comprada al escultor afincado en Teruel Ramón Boter, que a su vez la realizó junto a Joaquím Santaló, y que es su día fue la obra ganadora del Premio Nacional Camel Arte. 

La tercera pieza fue La alegría de ver lo continuo, realizada en colaboración con los alumnos del CRA Palmira Plá de Cedrillas, una espectacular escultura de seis metros de largo en la que docenas de latas pintadas de vivos colores forman la palabra alegría. “Además de lo bonito del mensaje y su colorido, hay que reflexionar además que ese mensaje, alegría, se contempla solo cuando se observa de frente, de forma global, y no si lo miramos de perfil, de lado, como esquivándolo”, dice Martín.

Las esculturas no tienen un hilo conductor en cuanto a su semántica o su estética, “más allá de que son obras que tratan de transmitir ligereza, a pesar de estar realizadas en metal”.

A medio plazo estaba previsto que seis artistas turolenses realizaran un cadáver exquisito escultórico, es decir, una pieza colectiva en el que cada miembro del grupo aportara una parte que se integrara con las del resto. La instalación de esa pieza es posible que se aplace como efecto colateral de la pandemia. “Y también tengo previsto trabajar con Ramón Boter en otra escultura”, la figura de un personaje meditando realizado en malla metálica transparente, una de las técnicas habituales en Boter.