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El poeta de Ariño Salvador Peguero edita su segundo libro, El poeta de Ariño Salvador Peguero edita su segundo libro,
Salvador Peguero, durante la presentación de "Miradas y sensaciones". J. A. P.

El poeta de Ariño Salvador Peguero edita su segundo libro, "Miradas y sensaciones"

El Centro de Estudios Locales de Andorra ha publicado la obra dentro de su colección de poesía

Amor, desamor, preguntas sin respuesta, respuestas que nadie ha pedido, deseos frustados, largas esperas y soledad, a veces buscada y siempre encontrada. Son los temas que se recrean en Miradas y sensaciones, segundo poemario publicado por Salvador Peguero, que fue presentado la pasada semana en el Ayuntamiento de Ariño, localidad del autor. 

Se trata del segundo libro de Peguero, tras Tempus Vitae, y el tercero de la serie sobre poesía que edita el Centro de Estudios Locales de Andorra (Celan), después de Las cuatro estaciones y un soneto a modo de prólogo (2007), de Albino Cañada, y Voces en el silencio (2015) de Mariano Martínez Luque. 

El libro está formado por 29 poemas escritos en Ariño, localidad natal de Peguero, entre 2012 y 2017, la mayor parte de ellos de verso libre, e ilustrados por el artista Joaquín Macipe.

Al contrario que Tempus Vitae, cuyo planteamiento era mucho más general y heterodoxo, Miradas y sensaciones se estructura en torno a un hilo conductor que tiene que ver con “el concepto de ella teórico, que a veces es ella, la amada, pero otras veces no”, según el autor.

Nacido en Ariño, Salvador Peguero pasó en Barcelona gran parte de su vida como profesor de Educación Secundaria. En 2011 se trasladó al IES Pablo Serrano de Andorra y pudo cumplir su sueño de fijar su residencia en Ariño, donde permanece una vez jubilado. Peguero viaja por la vida acompañado siempre de una libreta en la que anota lo que después suele convertirse en germen de sus poemas. Aunque en Barcelona ha publicado algunas obras de carácter profesional relacionadas con la docencia, los largos paseos por Ariño y las reflexiones en silencio por los parajes de su niñez han sido los que han desbocado su creatividad en los últimos tiempos, los más prolijos líricamente hablando para Peguero, para quien escribir es casi una necesidad vital. 

De unos cuarenta poemas seleccionados, escritos a partir de 2012 en esta localidad de la Comarca Andorra Sierra de Arcos, el poeta seleccionó treinta que finalmente se han quedado en 29. Todos ellos destilan cierto regusto “melancólico”, según Peguero. “Por aquella nostalgia y carga sentimental que suele tener la necesidad de ser amado, y que surge cuando tratas de convertir y compartir a través de la palabra las caricias y los sentimientos que te despiertan la presencia o la ausencia”. 

Formalmente los poemas de Salvador Peguero no responden a ismos o a escuelas sino a su natural necesidad de expresión; a lo que en cada momento le pide un concepto, una imagen o una idea que quiere trascenderse hasta el papel. “Hay de todo”, explica Peguero. “El poemario tiene incluso algún soneto, aunque fundamentalmente es verso libre”. Libre que no caótico, ya que el de Ariño rumia y mastica cada término y cada símbolo hasta esculpirlo con el lápiz, dotando a su poesía de un ritmo y de una musicalidad que va mas allá de las estrecheces de los endecasílabos con rima consonante. “A veces necesito estructuras poéticas fijas con rimas clásicas, pero en ocasiones me coartan bastante”, ya que exige remoler la palabra y el texto y “destrozarlo”, para que quepa en un contenedor que no siempre es el apropiado. 

Peguero prefiere que el verso fluya más libre que otra cosa, aunque eso no significa que el proceso creativo sea rápido o se fie a la improvisación. La nota de ortodoxia se la permite el poeta en la simetría entre los versos y sobre todo en el ritmo, auténtico ADN de la poesía, pero en todo lo demás no tiene el de Ariño maneras predilectas. 

Poemas ilustrados

El libro viene ilustrado con sencillez pero soberbia belleza por Joaquín Macipe. “Apenas le dije que hiciera dos o tres ilustraciones y desarrolló una idea que me parece fantástica y que va hilando todos los poemas entre sí, captando con gran claridad su esencia”. 

Con un dibujo sencillo y lineal, un mismo trazo une todas las páginas del libro, enraizándose en filigranas que forman las ilustraciones junto a cada poema, habitualmente con formas femeninas. Forma una especie de plano secuencia que hila la obra de principio a fin, completando su cohesión interna. 

Durante la presentación, que tuvo lugar el 10 de febrero en el Ayuntamiento de Ariño, participaron Rosa Pérez, del Celan, el alcalde Joaquín Noé y los dos autores, Salvador Peguero y Joaquín Macipe. 

Sobre las ilustraciones de este escultor, también de Ariño y ganador de una mención de honor en la última edición de la Bienal de Arte de Andorra, Rosa Pérez destacó el concepto de “ir desgranando un ovillo de línea que, partiendo de nuestra mirada, se pasea por los poemas, deteniéndose en cada uno y a la vez uniéndose con el siguiente”, y el  elemento femenino que transmite “fuerza, movimiento, sentimientos”. “Me gusta que estén desnudas, que se presenten sin artificios”, explicó Pérez. 

Algunas de las ilustraciones que acompañan al libro se han puesto a la venta en forma de aguafuertes, con cuyos ingresos se sufragará la segunda edición del poemario. 

Sobre los versos de Peguero, Rosa Pérez mencionó que no solo él es el trovador de cada celebración o reunión que tiene lugar en Ariño, sino que “si Tempus Vitae fue impresionante en muchos sentidos, Miradas y sensaciones nos dice lo mucho que tiene que ofrecernos como juglar de las palabras”. Rosa Pérez aprovechó para realizar un alegato a favor de la poesía, nutritivo alimento en los tiempos de actual carestía espiritual, y animó al público para buscar un tiempo y un espacio apropiados para disfrutar de “esta pequeña joya”, en referencia a la obra de Peguero y Macipe. 

Durante la presentación, oficiada por el alcalde de Ariño, Joaquín Noé, se leyeron algunos de los poemas del libro en voz de su autor, y con música especialmente preparada para la ocasión por Macario Alquézar. Anecdóticamente, durante un rato se fue la luz del salón de actos del Consistorio, lo que obligó a leer algunos de los poemas con luz tenue de algún teléfono móvil. Lo que parecía un contratiempo se convirtió en una bonita y sugerente puesta en escena.