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Ignacio Alonso y Raquel Flores, los artistas detrás del gran mural de la Javalambre Ignacio Alonso y Raquel Flores, los artistas detrás del gran mural de la Javalambre
Ignacio Alonso y Raquel Flores son @bikoteca.f.a.

Ignacio Alonso y Raquel Flores, los artistas detrás del gran mural de la Javalambre

En el segundo semestre del año podría terminarse la obra gráfica pública de 200 metros
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Desde hace un par de años el tapial de la Residencia Javalambre de Teruel, el que da a la calle Juan Sebastián, se está convirtiendo en una enorme pintura mural, casi un cómic de enormes dimensiones, que poco a poco va creciendo y completando su discurso narrativo sobre el transcurso del tiempo, la vida y la memoria.

Detrás de esa obra hay dos artistas visuales afincados en Bilbao, el turolense Ignacio Alonso Pallarés y Raquel Flores Soldevilla, natural de Durango. El primero estudió interiorismo y arquitectura y trabaja como diseñador y montador de espacios, y la segunda es una graduada en Bellas Artes.

Entre los dos -@bikoteka.f.a en Instagram- han firmado varias pinturas murales en el País Vasco y también en Teruel. Su obra más relevante es ese mural de la Javalambre, pero también han pintado para el centro Atadi en Teruel, un gran mural sobre la minería en la localidad de Escucha o el interior del nuevo establecimiento que Le Tour abrió recientemente entre la plaza de la Cultura y la avenida Europa. Además está previsto que en poco tiempo salga adelante un nuevo proyecto para un pueblo de la provincia.

El mural de Javalambre fue un encargo de la directiva de la residencia del IASS que surgió después de que Alonso y Flores realizaran un mural para Atadi Teruel. “Les gustó el trabajo y nos explicaron que tenían un mural enorme. Nos reunimos, les explicamos cómo trabajamos, y como al ser un mural tan grande saldría muy caro hacerlo de una sola vez, decidimos ir completándolo por fases”, explica Ignacio Alonso. Lo cierto es que solo el tapial norte de la residencia, el que da a la calle Juan Salvador, tiene más de 200 metros, de los que ya hay pintados más de tres cuartos.

La primera fase comenzó en 2022, desde la esquina de la carretera de Castralvo con Juan Salvador en sentido hacia calle Pedro IV. “Los primeros murales son algo más abstractos y tienen un concepto diferente al resto”, cuenta el artista. “Como eran los primeros intentamos que fueran algo más sencillos, con colores llamativos y cuadros separados pero  unidos por un concepto, desde el universo al árbol de la vida”.

A partir de ahí y a lo largo de diferentes fases se ha desarrollado una obra con una estética figurativa pero plagada de símbolos y metáforas, y muy coherente desde el punto de vista estético pese a que cada uno de los fotogramas o viñetas que lo forman utilizan recursos estéticos e incluso paletas de colores diferentes, aunque unos toman elementos de otros e incluso se entremezclan, con elementos que sobrepasan los límites de unos cuadros para introducirse en otros, o que se repiten de forma recurrente creando una especie de juego con el espectador. .

“Conforme avanzan poco a poco las diapositivas o cuadros van siendo más realistas y menos abstractos, manteniendo la coherencia y esa estética de cómic”, afirma Alonso. A nivel estético reúne varias técnicas y estilos que responden al lugar donde se encuentra ubicado: “Ese mural está concebido para que pueda verse desde lejos, porque es una calle muy ancha que se puede mirar incluso desde los pisos que están enfrente, como si fueran un collage de colores”. Pero también puedes verlo a pocos metros, cuando circulas en automovil o bicicleta por la calzada, e incluso a pocos centímetros si caminas por la acera de la calle. “Así que también está pintado para que puedas pararte y observar todos los detalles, incluso leer la gran cantidad de textos que incorpora”.

Nuestros mayores

A nivel conceptual, en encargo de la Javalambre pasaba porque el discurso narrativo tenía que versar sobre el transcurso del tiempo y las personas mayores, usuarios de la residencia.

Alonso admite que es imposible concebir por completo un mural tan grande antes de tener la completa seguridad de que terminará plasmado en la pared, por lo que partieron de una serie de ideas generales que, a medida que avanza la obra, se van interconectando unas con otras.

“Antes de empezar hicimos un trabajo de investigación preguntando a nuestros familiares, a residentes e incluso a personas mayores que pasaban por ahí y nos comentaban ideas”, explica Ignacio Alonso. “Hay que tener en cuenta que nosotros nacimos en los 90 y no hemos jugado a las canicas o a churro va, que son elementos que queríamos incorporar”.

Así, hay referencias tan sugerentes como una vieja máquina de escribir “que la copiamos de una que tiene Raquel”, un viejo gramófono o un proyecto de cine que parecen dar paso al resto de imágenes, la clásica máquina de coser Singer o referencias a varios oficios, a la música jazz, a la celebérrima fotografía de los Beatles cruzando el paso de cebra de Abbey Road o a clásicos del cine como Bailando bajo la lluvia.

Ignacio Alonso reflexiona y admite, no sin cierta amargura, que “lo más complicado ha sido evitar referencias a la muerte. Excepto el viaje a la Luna y cuatro cosas más, la mayor parte de lo que nos ha traído el siglo XX han sido guerras, destrucción y cosas negativas”. Por eso descartaron que el mural estuviera dedicado a la historia del mundo como tal, y decidieron que sugiriese más bien la historia particular y anónima de las personas. “La música y el cine son elementos que describen el viaje por la vida, una especie de recopilatorio de los momentos especiales que cualquier persona ha podido vivir”, subraya el artista mural.
 

Imagen del mural que Ignacio Alonso y Raquel Flores están realizando desde hace dos años en la calle Juan Salvador, en Teruel. La calle es recta, la deformación es producto de la perspectiva. M.A.



En las últimas fases del tapial -restan cuatro lienzos de muro hasta la esquina-  está previsto que reaparezca el elemento de la cámara de cine y que entronque con algunos de los personajes que pueden verse, de forma que todo el metraje del mural sea algo así como la proyección de una película. Aunque todavía no hay fecha prevista para la conclusión de la obra, en principio no será antes de la segunda mitad de año.

Trabajo rápido y eficaz

Después de tanto tiempo trabajando juntos Ignacio Alonso y Raquel Flores podrían pintar a oscuras. “Pero una cosa es hacer eso y otra explicarle al cliente lo que le propones antes de que tenga la pared pintada”. En lo que más tiempo invierte la pareja de artistas es en el diseño, ya que diseñar un solo lienzo de tapia puede llevar tranquilamente un mes. Después crean un boceto para que el cliente lo apruebe, “y te aseguro que hacer un boceto en una tablet que se parezca a lo que el cliente verá después sobre la pared es muy difícil”.

Cuando llega el momento de ejecutar la pintura -algo que Alonso y Flores tienen que coordinar con sus respectivos trabajos- es visto y no visto. “Una vez en la pared ya está casi todo el trabajo hecho”, bromea Alonso. “En diez días podemos hacer tranquilamente cuatro muros, en jornadas de 10 o 12 horas”.

Los artistas comparan ese momento con el rodaje de una película, en el que todo está tan previsto y tan preparado que solo hay que cumplir con el plan, minuciosamente preconcebido, y estar preparado para solventar los imprevistos. “Nos repartimos el trabajo según lo que mejor se nos da a cada uno, llevamos focos potentes con placas solares para trabajar cuando se va la luz, sobre todo en invierno, y durante el día preparamos todo para que cuando está oscuro puedas pintar sin que importe demasiado la luz”.

La intemperie es quizá el peor handicap, ya que les obliga a trabajar con calor extremo en verano y con temperaturas bajo cero en invierno, aunque son cosas por las que un muralista ha pasado en numerosas ocasiones. También tienen que dar explicaciones a la policía cada vez que emprenden una nueva fase. “Les explicamos que llevamos ya dos años con este proyecto y nos dejan trabajar. Yo entiendo que hacen su trabajo, pero siempre aparecen, porque la pintura mural sigue teniendo esa cosa del vandalismo con el que se relaciona el grafitti”.

La curiosidad que generan los artistas cuando están a pie de obra les ha proporcionado no pocas anécdotas: “En el País Vasco a la gente le cuesta más pararse y hablar contigo, pero aquí mucha gente nos pregunta”. Desde un vecino que les regaló una botella de vino hasta grupos de niños a quienes incluso les han dado la oportunidad de pintar algún trazo, pasando por personas que ya forman parte del propio mural: “En una ocasión hablamos con un vecino que vive enfrente, y nos contó que a su hija, que veía desde la ventana todos los días el mural, le gustaba mucho”. Así que decidieron colocar, a modo de huevo de Pascua, su nombre, Noe, en algún punto de la composición. “No es fácil encontrarlo porque está bastante disimulado, pero ella sabe dónde mirar”, afirma Alonso.

Los dos artistas tienen sus propios códigos personales y algunos de ellos se reflejan en el mural. “No hay mensajes ocultos como tal, pero es divertido comprobar como muchos detalles  son reinterpretados por la gente, cada uno a su manera. Hay gente que ha visto en uno de los paisajes que  hay pintados una vista de Teruel, como si estuvieras en el mirador del Cementerio, por ejemplo”.

¿Obra efímera?

Aunque la pintura mural de la calle Juan Salvador no deja de estar a la intemperie, Ignacio Alonso confía en que dure “toda la vida”. Lo que más degrada los tonos de la pintura es la acción del Sol, aunque en este caso apenas tendrá incidencia, porque se trata de un muro expuesto al norte. Las calidades del spray ofrece mucha durabilidad, aunque también depende de la calidad de la pared. En este sentido, Alonso opina “que se degradará más en la primera parte de la pared, porque tiene tierra detrás, pero de vez en cuando iremos repasando y puede durar muchos años”. “Yo pinto murales desde 2006 y muchos de los primeros que hice todavía se conservan muy bien”.