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Beatriz Ezquerra, codirectora del yacimiento –en primer término– y Sara Azuara, trabajando en el material hallado en lo que podría ser una despensa del 70 a. C. MA

La Caridad de Caminreal sigue arrojando luz sobre la presencia romana en Hispania

Ocho investigadores trabajan este verano en una vivienda y en un canal de evacuación de agua

Seguir arrojando luz sobre las formas de vida de la población romana y celtibérica en la actual provincia de Teruel en el II a. C., así como conocer las infraestructuras y el urbanismo que la república trajo a la península ibérica, son los objetivos de la excavación del yacimiento arqueológico de la Caridad de Caminreal, que se desarrollan desde 1984 en el  gran asentamiento construido por los romanos en el siglo II a. C. donde convivieron latinos, celtíberos e íberos.

Este verano, durante la campaña no consecutiva número 36, se quiere terminar la excavación de una casa adosada a la muralla oeste cuyas labores comenzaron hace varios años. Además se está trabajando en la esquina noroeste del asentamiento, para estudiar el punto en el que la muralla conectaba con un gran torreón defensivo que ya se conocía y por debajo del cual pasaba un canal de evacuación de aguas. “Habíamos detectado esa infraestructura hidráulica hace varios años y ahora la hemos excavado para conocerla en profundidad”, explica el codirector del yacimiento, Jaime Vicente Redón, que junto a Beatriz Ezquerra dirige los trabajos. Todavía no se han descubierto infraestructuras de abastecimiento de aguas, pero sí de evacuación, tanto de aguas residuales, a través de pequeños canales interiores que en su día, hace algo más de 2.000 años, pudieron están recubiertos de tablones, como de ese otro canal que se acaba de sacar a la luz, más ancho y profundo y que parece destinado a evacuar fuera del recinto amurallado las aguas fluviales procedentes de tormentas o avenidas. “Para nosotros es muy importante la arquitectura doméstica, pero también las infraestructuras, los programas técnicos, que sirven para explicarnos como estaban diseñadas las ciudades”.

Beatriz Ezquerra teme que este año, cuya campaña de excavación arrancó el 8 de agosto y concluye el 15 de septiembre, no se pueda terminar de excavar esa casa adosada a la muralla norte, dada la enorme cantidad de restos que se están encontrado y el mimo que se pone tanto en la retirada de la tierra como en la clasificación y en la escrupulosa ubicación sobre el mapa, que realiza Sara Azuara gracias a una cuadrícula que divide los 8000 metros cuadrados excavados en pequeños recuadros de 2x2 metros. 

El equipo de ocho personas que está trabajando bajo un sol que aploma, entre arqueólogos, conservadores y personal auxiliar, está ahora mismo sacando a la luz lo que parece una despensa o habitación destinada a conservar alimentos, grano, vino, aceite o líquidos en vasijas cerámicas de diferente tamaño, comunicada con el resto de estancias por una puerta de madera cuyos herrajes metálicos se han hallado, y en la que también se han encontrado elementos de vajilla de servicio y otros utensilios metálicos, como piezas de maquinaria, unas tijeras de esquilar, una herramienta semejante a un gran tenedor de una sola punta cuya función exacta se desconoce –aunque ya han sido encontrados varios iguales– e incluso una concha de un bivalvo que quizá comió el habitante del inmueble y con el que, también quizá, pensaba hacer un collar o abalorio. “Los celtíberos solían perforar estas conchas para utilizarlas como adorno, aunque en este caso no hay perforación”, explica Ezquerra señalando la concha. También pueden verse entre los restos de cerámica algunos que corresponden a piezas de barniz negro –denominada cerámica campaniense–, importada probablemente desde Italia.

Un filón de conocimiento 

Estos elementos de uso común y cotidiano, de los que La Caridad es un auténtico filón, son una mina de conocimiento para los arqueólogos e historiadores de incalculable valor. “La percepción de la sociedad a través de los medios de comunicación y lo que nos interesa a los historiadores muchas veces es opuesta”, explica Vicente Redón. “Parece mucho más emocionante lo que sea más; más grande, más antiguo, más extraño… lo excepcional. Sin embargo a nosotros nos interesa lo que persiste, lo que se repite, porque es lo que nos da pautas de cómo es la vida cotidiana en determinada época. Por supuesto también es interesante encontrar cosas excepcionales, aquí lo hemos hecho y es muy agradable. Pero lo que se repite, el análisis de la cotidianeidad, nos sirve para conocer cómo vivía la gente corriente hace más de 2.000 años”.

En Caminreal también se han encontrado restos únicos, como la tésera de hospitalidad metálica que representa un caballo, única que existe de su clase encontrada en un yacimiento, o el lanzaproyectiles romano de torsión tipo escorpión, que fue hallada desmontada en un dormitorio y que es la mejor conservada que se conoce. 

Este año también se ha hecho un descubrimiento que podría ser excepcional y arrojar luz sobre la historia de esta ciudad, que construyeron los romanos a finales del siglo II a. C. y que habitaron sobre todo celtíberos –aunque también colonos latinos o íberos, procedentes del Bajo Aragón– durante un corto periodo de tiempo, apenas dos generaciones, hasta que fue destruida en el contexto de las guerras civiles Sertorianas, en torno al año 70 a. C. En la muralla norte se ha hallado una piedra esférica que podría ser un proyectil de catapulta. “Eso está todavía por determinar a través del análisis e investigación que haremos posteriormente, pero si al final se demostrara que es un proyectil –la investigación no solo puede hacerlo, sino que, en caso afirmativo, incluso puede llegar a aproximar la distancia desde la que fue lanzado, en su caso, a través de las lascas y marcas encontradas en él–, sería un indicio importante de que la ciudad fue asaltada o atacada en los instantes previos a su abandono”. 

Abandono violento

Y es que aunque no se conocen las circunstancias exactas, las investigaciones han determinado que los pobladores de la ciudad marcharon a toda prisa, bien porque fue atacada por partidarios de Pompeyo o de Sertorio –los dos contendientes en la primera guerra civil de la república romana–, bien porque el ataque era inminente tras alguna derrota militar. “Eso lo sabemos gracias a que hay muchos restos de la vida cotidiana, enseres, herramientas, elementos que nadie cogería si tuviera que irse a toda prisa. Y sin embargo se han hallado muy pocas monedas, adornos o elementos de joyería”. 

Un manual urbanístico

Otro elemento que hace tremendamente interesante el yacimiento es que la ciudad, que pudo tener de 10 a 12 hectáreas –de las que se han excavado algo menos de una– y que pudo albergar 2.500 almas, fue concebida de forma totalmente planificada y construida de nueva planta por los romanos, con calles anchas de 6 metros articuladas en una retícula perfecta. “Esto es interesante porque refleja los conceptos urbanísticos del final de la república romana, muy regular, con las calles y las casas dispuestas en retículas perfectas, cortándose de forma perpendicular y perfectamente orientadas de norte a sur y de este a oeste. En La Caridad no había asentamientos previos ni dificultades orográficas, sino que es un terreno llano en el que la ciudad pudo construirse aplicando esos conceptos de forma pura, y eso no es fácil de encontrar”. 

Y hay otro elemento, y es que el asentamiento no duró más allá de un par de generaciones, por lo que, aunque hubo modificaciones, como cambios de tabiques o de usos en algunas habitaciones, apenas dio tiempo a que la ciudad se transformara en profundidad, por lo que es una fiel reproducción del urbanismo tardorepublicano tal y como era concebido de origen en su forma más pura. Es un perfecto manual de urbanismo romano en el s. II a. C.

Se especula con el origen de ese asentamiento amurallado. Las pruebas demuestran que fue construido por Roma y poblado mayoritariamente por indígenas celtíberos, así que una de las hipótesis que se barajan es que fuera un asentamiento militar de retaguardia destinado a tropas auxiliares, formadas habitualmente por los pueblos celtíberos aliados de Roma. “También pudieron ocuparlo colonos latinos o íberos, como lo demuestra la gran inscripción encontrada en la casa Likine, pero los restos más abundantes son paleohispánicos, con inscripciones casi todas en lengua celtibérica”. 

De las entre 10 o 12 hectáreas de terreno que ocupaba el asentamiento apenas se han excavado un 8%, el correspondiente a la esquina noroccidental, aunque la Diputación Provincial de Teruel se ha comprometido a comprar las fincas agrícolas vecinas para seguir adelante con los trabajos. Cuando terminen los trabajos actuales y se excave en próximas campañas una ínsula –manzana de casas– cercana, la número siete, muy interesante por los restos que se han encontrado, se tendrá una foto fija muy rica en cuanto a arquitectura doméstica, “de las más completas en el contexto mediterráneo”, asegura Jaime Vicente, “y quizá sea el momento de empezar otros proyectos dentro de la Caridad, como buscar edificios públicos, o excavar en las zonas centrales del asentamiento”. Otro de los objetivos a corto plazo es musealizar la zona, ya que hay elementos más que suficientes para convertirlo en un atractivo turístico y cultural. Para ello habrá que dotarlo de cartelería que permitan la visita, conservar y consolidar los restos para evitar su deterioro por la intemperie. “Un proceso que va a ponerse en marcha pronto, pero que se prolongará durante varios años”.

La Diputación mantiene el proyecto de investigación y de conservación

La Diputación Provincial de Teruel financia la excavación y la conservación no solo del yacimiento de La Caridad de Caminreal, sino también en el Cabezo de San Pedro y en El Palomar, ambos en Oliete, Alto Chacón en Teruel y La Loma del Regadío en Urrea de Gaén. “Hay que reconocer el mérito que tiene”, explica Jaime Vicente Redón, “porque en este momento es la única administración aragonesa que se ocupa y preocupa por el patrimonio arqueológico, apoyando investigaciones y también conservándolo y manteniéndolo en condiciones durante todo el año, no solo durante el tiempo que duran las excavaciones. No hay otro caso en Aragón donde una administración pública tenga una labor continuada en este sentido”. 

Cuando el Gobierno de Aragón tenía programas de financiación para la investigación del patrimonio arqueológico, hace ya nueve años, o cuando intervenían las comarcas o el INAEM contratando personal técnicos, excavaciones como la de La Caridad llegaron a contar con 35 personas en una sola campaña, y este año son ocho, cinco arqueólogos y tres conservadores. “Si hubiera más recursos lógicamente avanzaríamos más rápido, pero creo que el papel de la Diputación Provincial en este sentido es modélico, porque no es habitual que se ocupe de estas cosas, sobre todo cuando el Gobierno de Aragón, que es quien tiene las competencias, no dedica presupuesto desde hace años”.