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La cultura en Teruel: de salvadora en el confinamiento a gran damnificada por culpa del coronavirus La cultura en Teruel: de salvadora en el confinamiento a gran damnificada por culpa del coronavirus
Una de las últimas actuaciones de Carbonell fue en el Teruel Online Festival. El cantautor de Alloza falleció de covid el año pasado

La cultura en Teruel: de salvadora en el confinamiento a gran damnificada por culpa del coronavirus

ha sufrido una sacudida durante el año cuyos efectos se dejarán sentir mucho tiempo

Imagina tres cosas imposibles. Superar la velocidad de la luz si uno no es un neutrino, lamerse el codo y no celebrar las Fiestas de la Vaquilla. O que no resuenen los bombos en la Semana Santa bajoaragonesa. O que a treinta de abril cumplido, el mayo no haya venido. Al menos como es debido. 

Como en todos los órdenes de la vida, el paso del SARS-CoV-2 ha arrasado durante los últimos doce meses el panorama cultural de la provincia, cancelando citas inamovibles en el calendario, obligando a que otras se reinventaran y llevándose por delante proyectos empresariales y personales para quienes el ocio derivado de la cultura y el espectáculo es, y en algunos casos era, una forma de vida. 

La pandemia a afectado a los actos culturales  presenciales –el adjetivo hubiera resultado ridículo hace doce meses y hoy es moneda frecuente– de tres modos bien diferenciados; directamente llevándosela por delante en forma de cancelación, obligando a su adaptación y también creando nuevas formas de espectáculo que antes no existían en nuestra provincia.

El término cancelación y su eufemismo aplazamiento se dejaron sentir desde el inicio de la crisis, hace ya un año. El salón de diseño y moda sostenible Dister 2020 de Teruel, en su ecuador cuando se decretó el confinamiento, fue la primera actividad que saltó por los aires, seguida por la Semana Santa y las actividades de la Ruta del Tambor y el Bombo, que cogieron a toda España aplaudiendo desde sus balcones. Fue el inicio de un largo y penoso goteo, en el que las grandes citas de primavera de la provincia se debatían, en un horizonte de absoluto desconocimiento de lo que el futuro iba a deparar, entre el catastrofismo de suspender y la irresponsabilidad de no hacerlo.  

Poborina Folk es el festival que desde hace 21 años marca el inicio de la diversión, pero este año le tocó abrir la senda de las suspensiones. Sergio Zaera la anunció el lunes 12 de abril. Poborina se celebra el 23 de junio, y a esas alturas todavía había fe en que las citas de septiembre e incluso las de finales de agosto pudieran celebrarse. El mismo Poborina optó por no aplazar para entonces para no interferir en el resto de festivales y citas previstas para entonces. ¡Cuánto nos quedaba por aprender de la covid!

Cancelaciones

Pronto le siguió Tamborile, el día 18, y fue tomando cuerpo lo que ningún turolense quería oir; el 23 de abril, el mismo infame 23 de abril en el que los libros y las rosas fueron virtuales, el Ayuntamiento de Teruel, Interpeñas y la Soga y la Baga decidían, por unanimidad, aplazar la celebración de las Fiestas del Ángel 2020, por entender que era imposible celebrar, sin riesgo extremo de propagación del virus, nada que se pareciera remotamente a la Vaquilla. La última vez que se había dejado de celebrar fue en 1941, tras una guerra civil y dos años de durísima posguerra. 

Alcorock, Festival de Cine de Calanda, Aragón Sonoro de Alcañiz, Ciclo Teatral La Huella, los Festivales de los Castillos, el Puerta al Mediterráneo, Festifalk, Desafío Buñuel, Mil Festival, Gaire, Festival Aragón Negro –que pudo realizarse en algunas localidades y en otras no–... y así hasta más de una treintena de citas por toda la provincia, por no mencionar recreaciones históricas, ciclos escénicos, semanas culturales, bolos musicales –algunas bandas vieron cancelados por fuerza mayor más de 20 contratos– y las fiestas patronales de todos y cada uno de los pueblos turolenses, que acabaron corriendo la misma suerte que La Vaquilla de Teruel. 

Adaptación

Más allá de que algunas de las citas suspendidas realizara algún acto testimonial a través de internet, también las hubo que, ante la alternativa de suspender y con más tiempo para reaccionar, optaron por adaptar sus formatos a la nueva realidad. 

Fue el caso de Teruel Punto Photo, que se reinventó con exposiciones en plena calle durante el mes de agosto, o la actividad cultural veraniega de algunas localidades. En Teruel, ante los cambiantes protocolos sanitarios y el temor a celebrar cualquier tipo de actividad bajo techo, el Ayuntamiento decidió remozar el viejo Auditorio del parque de Los Fueros y habilitarlo como escenario único para varios conciertos y el cine de verano. El más sonado fue el de Pablo López el 25 de julio ante 700 espectadores, el 50% del aforo completo, que generó alguna concentración más grande de lo deseable en las inmediaciones del auditorio. 

Otro caso de adaptación exitosa fue la de La Partida de Diego y las Bodas de Isabel, recreaciones organizadas por la Fundación Bodas de Isabel.  Los actores y actrices turolenses habían ensayado su migración de los escenarios a las cámaras durante el Homenaje a Mont-Rodón de Mozón, a finales de mayo, y a partir de entonces comenzaron a pergeñar que la recreación histórica más populosa de la provincia y su precuela adoptaran el formato cinematográfico, en lo que Raquel Esteban denominó teatro confitado, por evitar el puñetero y manido tetrasílabo. Gracias al trabajo de actores, directores y técnicos turolenses talentosos como Alberto Moretón, Fran Muñoz, Carlos Alonso, Olga Blasco, David Sánchez o Clara GG la adaptación fue todo un éxito, aunque la experiencia no fuera la misma para Ana Esteban y Juan Esteban, los Isabel y Diego del año de la pandemia, ni para los hosteleros de la ciudad.  

En la misma estela se situó la recreación histórica de la Concordia de Alcañiz, virtualizada después de que en febrero de 2019 hubiera sido una de las últimas celebraciones en tener lugar de forma presencial en toda España. 

También cabe destacar como ejemplo exitoso de adaptación el caso de la Feria del Libro de Teruel, que tras aplazar su fecha original se optó por celebrarse el 16 al 18 de octubre. En un principio iba a tener lugar con sus casetas y firmas de libros tradicionales, pero el miércoles 14, dos días antes de comenzar, se confirmó que eso no iba a ser posible tras el regreso de Teruel a la Fase 2 de la desescalada por culpa de la segunda oleada. Afortunadamente la organización había previsto un Plan B que pudo ser activado. Ana Alcolea ofreció un emotivo pregón desde su casa, a través de videoconferencia, dando paso a un fin de semana de presentaciones y charlas con autores como Javier Sierra, José Luis Corral, Gonzalo Giner, Carlos Azagra, Fermín Bocos o la propia Ana Alcolea, además de un buen número de autores turolenses que presentaron sus novedades editoriales. 

Hijos de la pandemia

La pandemia también ha dejado algún hijo en el ámbito cultural, alguna creación ad hoc producto de la irrupción de la covid. Numerosísimas bandas, cantantes, actores, pedagogos, magos, cuentacuentos y artistas de todo tipo y pelaje de la provincia se lanzaron a las redes sociales, durante lo más duro del confinamiento, para salvar a la sociedad –porque no solo de rollos de papel higiénico ni de aplaudir en los balcones vive el hombre–. Nunca se agradecerá lo suficiente la movilización generalizada que surgió, espontáneamente, por parte de un sector que después, como otros, ha sido maltratado por las circunstancias. 

La Diputación Provincial de Teruel recogió el testigo de todos ellos y se inventó el Teruel On Line Festival, una cita histórica en la que participaron más de 60 turolenses el 11 y el 12 de abril, con un total de más de 24 horas de actuaciones para todos los gustos que todavía puede disfrutarse en el canal de Youtube de la DPT, y que, por sí sola, es un espléndido catálogo y una radiografía –casi, casi exhaustiva– del presente escénico de la provincia.

Fue además una de las últimas actuaciones de uno de los grandes, Joaquín Carbonell, que dos meses más tarde ingresaría con síntomas de covid falleciendo el 12 de septiembre. La pandemia también se llevó por delante a otro creador turolense, el escritor del Jiloca Jon Lauko, fallecido a finales de agosto, o a Nonito Vicente, referencia vaquillera, a mediados de febrero. En 2020 también nos dejó el guionista Jean-Claude Carrière, el pintor calandino José Lamiel, el jotero de Monreal Marcelino Plumed, la arqueóloga Purificación Atrián o el cineasta José Miguel Iranzo, y aunque el de Villarquemado no falleció de covid, la pandemia está obligando a posponer, como en el caso de los anteriormente citados, un merecido homenaje que rinda tributo a su memoria. 

Otra de las citas culturales que adquirieron carta de naturaleza motivadas por la pandemia fue Cultubral, un ciclo escénico de música y teatro que llevó por una decena de localidades turolenses actuaciones al aire libre auspiciadas por la Diputación Provincial, y algunas iniciativas expositivas que encontraron en Youtube, Facebook y el resto de redes sociales su acomodo anticovid, como Píldoras para el alma, una de las primeras grandes exposiciones colectivas virtuales de Teruel, en la que la Comarca Andorra-Sierra de Arcos reunió piezas de 22 artistas vinculados a ese territorio, o la Sociedad Fotográfica Turolense, que convirtió el reto de tomar buenas imágenes sin salir de casa, durante el confinamiento, en una excelente y extensa exposición en la que participaron cerca de 150 fotógrafos de todos los niveles.

Museos y centros culturales

Evidentemente la covid-19 también ha determinado el año de todos los museos, salas de exposiciones, teatros o cines de la provincia. El Museo Provincial de Teruel, el CBC Calanda, el Salvador Victoria o el Juan Cabré, por citar solo a cuatro, han tenido que adaptarse a los estrictos protocolos de aforos, desinfección y trayectos circulares que marcan la normativa sanitaria, y han visto comprometido su calendario de exposiciones temporales y reducido su número de visitas habituales. 

La Facultad de Bellas Artes del campus universitario de Teruel, hervidero constante de exposiciones de arte, ha visto reducida su actividad al mínimo imprescindible y solo durante las últimas semanas se empiezan a convocar las primeras inauguraciones con público. 

Y especialmente dramático es el caso de las salas comerciales de cine de la provincia, la que la empresa Circuit Urgellenc dirige en Alcañiz y la Sala Maravillas de Teruel, abocadas a una situación límite ante los cierres, las limitaciones de aforo, la prohibición de vender comida, la obligación de adaptarse a los protocolos anticovid o la casi total ausencia de estrenos taquilleros. La gran mayoría de blockbuster han optado por posponer sus estrenos, temiendo una escasa afluencia de público, o hacerlos a través de las plataformas de televisión de pago. Una maniobra que, de generalizarse, puede precipitar el principio del fin de todas las salas de exhibición. 

Son parte del colectivo de trabajadores culturales para quienes la pandemia está teniendo no solo consecuencias sanitarias, sino también económicas. Músicos profesionales, actores y compañías de calle o técnicos de sonido e iluminación, entre otros, que llevan un año prácticamente en blanco. Para muchos de ellos la vacuna llega tarde. 

Pese a que han sido tantas las repercusiones que la pandemia ha tenido en el mundo de la cultura, inabarcables en su totalidad en un artículo de estas características, quizá lo más significativo esté todavía por llegar, un año después del comienzo de la crisis. Hace unos meses era arriesgado aventurarlo, pero ahora pocos dudan de que la pandemia dejará un hondo poso en la actividad futura del ser humano, como ha sucedido con otras sacudidas históricas. 

Y ya no se trata de las obras y las manifestaciones artísticas y culturales directamente inspiradas en el coronavirus –una de las primeras películas, si no la primera, basadas en la pandemia y rodadas pocas semanas después del confinamiento, cuando aprendíamos la diferencia entre mascarillas higiénicas, quirúrgicas y FPP2, fue ¡Ni te me acerques!, rodada y ambientada en el Balneario de Ariño por Norberto Ramos del Val–. Se trata de cómo afectará en el futuro a los nuevos formatos que se han creado, a los que han quedado temporalmente en desuso, a la forma de consumir la cultura en el que, por imperativo sanitario, el espacio privado a sustituido el público, e incluso de los referentes estéticos y conceptuales a los que se agarrará la cultura en lo sucesivo. El arte es un reflejo fiel de la sociedad. Falta saber cómo será exactamente y cuánto se parecerá a la que conocíamos la sociedad que surja tras la pandemia de covid-19.