Síguenos
“Las vidas individuales son maravillosas y sirven para explicar grandes cosas” “Las vidas individuales son maravillosas y sirven para explicar grandes cosas”
Fotografía del escritor y biógrafo Agustí Pons. Martí Pons

“Las vidas individuales son maravillosas y sirven para explicar grandes cosas”

El autor presenta en Albalate ‘Bárbara’, sobre la ‘niñona’ turolense que sirvió en su casa familiar

Bárbara (Letra Minúscula) es la última obra del escritor catalán Agustí Pons. Se trata de la biografía novelada de Bárbara Martín, una joven de Albalate del Arzobispo que sirvió en su casa de Barcelona durante la década de los 50. La obra traza la trágica vida de la turolense como una metáfora de la de miles de españoles que tuvieron que emigrar del campo a la ciudad para sobrevivir, y del contraste entre la miseria que se vivió en buena parte de la España rural franquista y las grandes urbes burguesas. La obra, que se puede adquirir en Amazon, se presenta hoy en Albalate del Arzobispo, a partir de las 19 horas, en el Salón Cultural Alfonso Zapater, donde también podrán adquirirse ejemplares. El acto contará con la presencia del historiador José Manuel Pina Piquer y la alcaldesa de la localidad, Isabel Arnas.

- ¿Qué cuenta ‘Bárbara’?

- El libro cuenta tres cosas, fundamentalmente: Por un lado la biografía de Bárbara, que fue una chica que trabajó de criada en mi casa, entre 1951 y 1957, aunque a mi me gusta usar el término que empleábamos en Cataluña, niñona, que vieje a significar niña joven sin ningún significado despectivo, y que después desapareció de nuestra vida. Por otro lado escribo un retrato del Albalate de la República, la guerra y la posguerra, que es una historia terrible y muy dramática, y que conocí a raiz de emprender la búsqueda de Bárbara. Y por otro lado hablo sobre la Barcelona burguesa de aquella época, que era un mundo completamente diferente, y que retrato a través de mis recuerdos y de un minucioso dietario que escribió mi madre desde que se casó en 1940 hasta que murió en 1983, y en la que lo anotaba todo.

-Cuando Bárbara se marchó de su casa usted tenía nueve años... ¿qué recuerda de ella?

-Recuerdo muchas cosas porque la infancia nunca se olvida. En mi casa no es que fuéramos ricos, pero en los años 50 en Barcelona no hacía falta serlo para tener niñona, que cobraba un sueldo y además comía y dormía en casa, donde se encargaba de los niños y de las faenas del hogar. En mi casa mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron, como todo el mundo, pero eran muy estrictos y católicos. Así que en mi casa, donde íbamos los domingos con almidón en el cuello de la camisa, Bárbara era la alegría, la que nos permitía saltarnos las normas de vez en cuando, la que nos compraba caramelos o la que hacía cosas locas. Recuerdo una vez que persiguió a uno de mis hermanos y le lanzó una botella de colonia, rompiendo un gran cristal que teníamos en el salón.

-¿Y por qué se le ocurrió seguirle la pista?

-Yo ya había visitado Albalate una semana cuando tenía 6 años, porque Bárbara nos llevó a una hermana mía y a mi a conocer a su familia. Después la empresa de mi padre, que era lo que ahora llamaríamos un emprendedor, se hundió y Bárbara tuvo que marcharse sin que volviéramos a saber nada de ella. Yo siempre tuve eso dentro, y a lo largo de mi vida estuve varias veces en Albalate aunque no me atreví a preguntar por Bárbara, que tenía como quince años más que yo. Hasta que en 2014, cuando yo tenía 60, me decidí a preguntar por ella en el Ayuntamiento.

-¿Y qué averiguó sobre Bárbara? ¿Seguía viva?

-No puedo desvelarte muchas cosas, porque parte del libro, que está novelado aunque todo lo que aparece es cierto, habla precisamente de esa búsqueda, de esa investigación. Lo que sí puedo contarte es que no me fue muy difícil encontrar su pista y la de su familia, porque soy periodista, pero hay algo que me conmocionó. Y es que averigüé lo durísima que fue la vida de Bárbara y lo cruel que fue la guerra y la posguerra en Albalate. Eso me impresionó. Albalate cambió de manos tres veces en la guerra y muchas familias quedaron partidas. Tres miembros de la familia de la propia Bárbara murieron en los bombardeos franquistas a Figueras mientras huían a Francia, y uno de sus tíos acabó muriendo en Mathausen como apátrida. Fue una vida terrible, y por eso quise escribir el libro y dedicárselo a Bárbara y a todas las Bárbaras que han existido. Ella era aire fresco en mi casa. Lo pasó realmente mal y su vida fue una auténtica tragedia, y a pesar de ello nunca se quejó y siempre se esforzó por ayudar a todo el mundo.

-Al hilo de este libro, ¿le han surgido más proyectos literarios que tengan que ver con Albalate o esa zona?

-En realidad no. Bárbara es un punto y aparte y no tengo previsto nada más en torno al libro. Pero le he cogido muchísimo cariño a ese territorio, y mi mujer y yo tenemos cuatro olivos de Oliete apadrinados. Este libro fue publicado con cierto éxito en catalán, porque yo soy escritor en catalán, pero tenía el empeño de publicarlo traducido al castellano porque no tenía sentido no hacerlo. Mi principal interés es que se hable de Bárbara y de todas las Bárbaras que llegaron a Barcelona desde Teruel, Murcia, Andalucía y el resto de España, porque han sido muy importantes para nuestra historia. Ahora he conseguido publicar el libro en castellano por mi cuenta, y lo voy a presentar en Albalate con el apoyo del Ayuntamiento y de su alcaldesa, así que ese círculo se ha cerrado.

-En su obra literaria hay poesía, hay narrativa, pero sobre todo hay biografías (Pere Calders, Maria Aurelia Capmany, Nestor Luján o Salvador Espriu, entre otros). ‘Bárbara’ está a caballo entre la novela y la biografía... ¿qué tiene este género que le atrae tanto?

-Aunque yo he tenido una formación católica, cuando mis amigos se hacían comunistas yo me afilié a la CNT. Siempre he sido muy individualista y nunca he creído en ese marxismo de pan con tomate de que no cuentan las individualidades, sino las estructuras. Las vidas personales e individuales son maravillosas y explican grandes cosas. Ya se dice que si Napoléon no hubiera tenido almorranas no hubiera perdido en Waterloo y ahora seríamos todos franceses... Esto es una exageración, pero yo siempre he creído en el poder de las individualidades. Como periodista conocí muchos escritores e intelectuales de la generación anterior a la mía, y escribir biografías es una forma de conocer mejor a estas personas y de darlas a conocer.