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Nacho Civera, el turolense que persigue el sueño de ser trompeta en una gran sinfónica Nacho Civera, el turolense que persigue el sueño de ser trompeta en una gran sinfónica
Nacho Civera Chulbi comenzó en la Escuela de Música de Teruel, y completó su formación en los conservatorios de Teruel y de Alicante

Nacho Civera, el turolense que persigue el sueño de ser trompeta en una gran sinfónica

El músico debutó en noviembre en el Liceu de Barcelona y en junio tocará en la Ópera de París
Nacho Civera Chulbi (Teruel, 2000) es un joven trompetista que se está abriendo camino en el mundo de la música sinfónica. A finales del pasado año debutó con la Orquesta del Liceu de Barcelona con dos programas diferentes, en mayo regresará al templo barcelonés de la música para hacer Parsifal de Wagner y en junio tiene previsto tocar una ópera de Bela Bartok en el Teatro de la Ópera de París. Acabó el Grado Superior de Trompeta en junio pasado y toda esa actividad la simultanea con la orquesta de la Brass Academy de Alicante, el ensemble So Brass Go On que ha formado con varios compañeros, varios conciertos que le han salido con la Orquesta Reino de Aragón, la Orquesta de la Universidad de Alicante y la Joven Sinfónica de Alicante, y pruebas de acceso a Orquestas Sinfónicas como la de Malmo (Suecia), Helsinki (Finlandia) o Munich (Alemania). Todo para cumplir el que es su gran sueño, ser trompetista titular en una gran filarmónica europea.

Civera procede del semillero de la Escuela Municipal de Música de Teruel (EMT), donde paradójicamente comenzó como percusionista. Fue de las primeras generaciones que comenzaron desde los cuatro años haciendo Música y Movimiento, una formación que pone en contacto al niño con la música desde el juego, y que está comenzando a manifestar sus frutos. “Creo que es fundamental para el desarrollo posterior”, explica Civera. “Te familiarizas con el lenguaje de la música antes de coger un instrumento y eso te acompaña toda la vida. Tengo compañeros de estudios del Conservatorio Superior que son muy buenos, pero a quienes se les echa de menos esa estimulación temprana a base de jugar con la música”.

A partir de ahí hizo terminó su formación en trompeta en la EMT, cursó los seis años del Grado Profesional en el Conservatorio de Teruel -mientras hacía el Bachillerato de Ciencias Sociales-, y de ahí marchó a Alicante, donde actualmente está afincado, a cursar los cuatro años del Grado Superior, que terminó en junio de 2022. Aunque su primera opción fue Musikene, el Centro Superior de Música del País Vasco, en San Sebastián, no logró una de las dos plazas que había vacantes. “Al final fue una suerte matricularme en el Conservatorio de Alicante”, explica, porque allí puedo dar clases en la Brass Academy”, que es una de las academias internacionales más prestigiosas que existen en viento-metal “y que ha influido decisivamente en mi formación”. Entre sus profesores están Rudi Korp, que fue trompeta solista en la Ópera de Viena durante cuatro décadas, o Martin Angerer, actual solista de la Orquesta de Radio Baviera (Munich).

Desde el año pasado ha comenzado a hacer pruebas para una plaza de trompetista en diferentes orquestas europeas, como Malmo (Suecia), la Tampere Philarmonic y la de Helsinki (Finlandia), la de Munich, la de la Orquesta de la Radio Noruega en Oslo, y también la de la Ópera del Liceu en Barcelona.

Pese a su juventud ha conseguido llegar a tres finales; en Malmo, Tampere y el Liceu, aunque en los dos primeros casos la plaza se declaró desierta porque se buscaba al trompeta solista y el nivel era estratosférico. “Si la plaza es para trompeta tutti (segundo o tercero) suele ser más sencillo, pero al primer trompeta se le exige la perfección”.

Todavía no ha conseguido una plaza en esa élite musical aunque las pruebas, en las que suele realizarse un previo por videoconferencia, y las rondas finales se deciden tocando en directo in situ con otros 15 o 20 aspirantes, son las que le están dando currículo y, al entrar en bolsas de trabajo, la ocasión de debutar el pasado nombre en el Liceu de Barcelona. “Fue impresionante”, recuerda el joven músico. “El Liceu es precioso y además siempre se llena, en cada representación, y es absolutamente impresionante tocar allí”.

El debut fue un concierto sinfónico, mejor para el músico porque se toca sobre el escenario, y no en el foso como cuando se representa una ópera. Se interpretaron fragmentos operísticos de obras de Strauss como Electra o de Wagner como Tristan e Isolda. Acompañaron a tres de las sopranos de referencia en la actualidad: Waltraud Meier, que se retiró en ese concierto tras una carrera cuajada de éxitos, Iréne Theorin, que había debutado hace diez años en ese mismo escenario, y Lise Davidsen. “Cuando terminó el concierto hubo 30 minutos ininterrumpidos de ovación”.

Nacho Civera (segundo por la derecha), junto a sus compañeros del quinteto alicantino de vientos metales ‘So Brass Go On’.  Nacho Civera

Nacho Civera se quitó en ese concierto la espinita que tenía clavada con la Orquesta del Liceu de Barcelona, ya que debería haber debutado con ella el 19 de marzo de 2020. Iba a tocar en Lohengrin, de Wagner, dirigida por Josep Pons y producida por Katharina Wagner, bisnieta del compositor -y tataranieta de Franz Listz-. El concierto había generado muchísima expectación en toda Europa, pero durante los últimos ensayos, una semana antes del estreno, estalló la pandemia de covid-19 y se cancelaron las siete representaciones previstas. Nacho Civera tuvo que regresar atropelladamente a Teruel, donde pasó el confinamiento con su familia.

Pero la paciencia y la constancia son las mejores aliadas de un músico. Finalmente el debut en el Liceu llegó con ese concierto en noviembre, y al mes siguiente volvieron a llamarle para hacer diez funciones de Il Trittico, de Puccini. A mediados de 2023 tiene previstos otros dos programas con la Orquesta del Liceu. En mayo hará Parsifal de Wagner, y en junio El Castillo de Barbazul del húngaro Bela Bartok, que no se interpretará en Barcelona sino en la Ópera de París.

Además, estas Navidades pasadas también tocó en dos ocasiones con la Orquesta Ciudad de Zaragoza. Fue el 26 de diciembre en el Concierto de Fin de Año -retransmitido por Aragón TV- y el 8 de enero con la apertura de la programación del Auditorio de Zaragoza, con valses y polkas de Strauss.

Entre los planes para el futuro de Civera, además de tocar con la Orquesta del Liceu en Barcelona y París, entra una nueva prueba de acceso, en esta ocasión en OBC de Barcelona, y dos programas con la Joven Sinfónica de Alicante, con quienes hizo hace unos meses Carmina Burana y en breve repasarán la música de West Side Story.

Formación continua

Aunque Nacho Civera no descarta que la actividad educativa forme parte de su vida -de hecho ya ha empezado a dar clases en la Brass Academy de Alicante-, su vocación es ser músico en alguna orquesta sinfónica. “Es un trabajo como cualquier otro, aunque se parece un poco al deporte profesional”, explica Civera, “en el sentido de que tienes que entrenar, tienes tus partidos los fines de semana y, a parte, tienes que mantenerte en plena forma”.

En su caso esto tiene una importancia capital. Por su naturaleza la trompeta se parece más a una parte, la amplificadora, de un instrumento que tiene su centro en los pulmones y la boca del trompetista, que a un instrumento en sí. Dicho de otro modo, un trompetista se parece más a un cantante que a un pianista. “Hay instrumentos mecánicos que requieren mucha técnica, pero este es muy físico”, explica Civera. “Un violinista puede practicar durante horas un pasaje, pero un trompetista no porque llega un momento en el que estás físicamente molido. Tu puedes levantar una pesa de 50 kg cuatro veces, pero no veinte”. De hecho distribuir los descansos y optimizarlos para recuperar lo máximo posible en el menor tiempo -exactamente igual que los atletas de élite- forma parte del ABC de la rutina diaria de un trompetista, en la búsqueda de modelos que le permitan prolongar todo lo posible sus tiempos de ensayo.

El factor físico no solo es un elemento cuantitativo, sino, y sobre todo, cualitativo. El flujo de aire a través de los instrumentos de viento, a una presión y flujo continuo, es fundamental para que las notas suenen firmes, sin vibraciones ni oscilaciones. Así que los nervios o la falta de relajación pueden dar al traste con una interpretación, por más técnica y conocimientos que se tengan. “Hay muchos trompetistas virtuosos que no pueden tocar en directo en una orquesta de cierto nivel porque no consiguen dominar ese temblor, de forma que tienen que dedicarse a la docencia”.

Nacho Civera (segundo por la izda), en el Summer Brass Festival de Alicante, con su profesor Rudi Korp (3º por la izda.)

Eso para Nacho Civera fue un problema grave hasta hace poco. “En los conciertos y audiciones me ponía muy nervioso, estaba al 60% de mis posibilidades, y ese estado se nota en la vibración del sonido”, explica. “Si es un concierto poco importante pues bueno... pero si es una prueba para una orquesta te van a tirar seguro, porque allí buscan la perfección”.

Desde hace dos años practica ejercicios de respiración especiales, apneas, duchas frías y baños de hielo. “Hice mi trabajo de fin de carrera precisamente sobre este tema, y me ha ayudado muchísimo a mejorar mi respiración y a afrontar los conciertos sin nervios”. El músico insiste que el problema no es que los nervios hagan que se te olvide un pasaje, sino que altere tu respiración “y haga que tu sonido no sea lo estable que tiene que ser”.

La trompeta de pistones, más brillante que la alemana que suena a Wagner

Nacho Civera ya ha visitado varios países escandinavos haciendo pruebas para orquestas, y aunque le gustaría poder quedarse en España, sabe que es probable que acabe mudándose más allá del paralelo 55º. Una razón es que en esos países la música sinfónica goza de gran tradición y no deja de expandirse, y la otra es que utilizan la trompeta de pistones, o trompeta americana, que es la misma que se utiliza en España. “En centroeuropa, Alemania o Austria, es seguramente donde más trabajo hay para un músico de orquesta sinfónica, pero allí tocan la trompeta alemana, la trompeta de palas, y es muy diferente a la nuestra”.

No solo por sonoridad; más brillante la española y más oscura, más wagneriana la alemana, sino porque “técnicamente son muy diferentes”. Civera hizo una prueba en Munich con esas trompetas, y es la que tenía previsto utilizar en el Liceo para interpretar a Wagner en la ópera que se canceló en 2020 por la pandemia. “Estudiando a fondo es una puerta que puedo abrirme, pero alcanzar el nivel necesario para tocar ese instrumento en una orquesta alemana o austriaca es algo bastante complejo”, asegura.

“Me gusta toda la música, pero es una pena que la comercial mueva tanto dinero”

Buena parte de la música que suele escuchar Nacho Civera, aunque solo sea por preparar los programas, pruebas y conciertos, es de corte sinfónico u operístico. Sin embargo el turolense, que en agosto cumple 23 años, explica que le gusta todo tipo de música: “Si vieras mi Spoty te darías cuenta que hay de cualquier género... hay mucha música sinfónica, pero también jazz, latina, y la música comercial tampoco me disgusta”.

Sin embargo tiene un matiz: “Es una pena que la música comercial tenga tanto éxito y mueva tanto dinero, comparándola con la sinfónica, teniendo en cuenta que requiere mucha menos preparación y trabajo... pero yo también la escucho”.

En cuanto a intérprete, se considera un músico clásico. Participó en proyectos como JazzKids y la Joven Orquesta de Jazz Aragonesa, aunque admite que “hace mucho que no toco jazz o música contemporánea”.

En este punto, Antonio Civera, que es director de la Escuela Municipal de Música, trompetista y padre de Nacho Civera, afirma que en toda Europa hay un problema en cuanto a la enseñanza de música. “Los planes de estudio no combinan música clásica y contemporánea, como en EE UU”. En España a cierto nivel son dos caminos alternativos y no complementarios. “Hay músicos como David Pastor, que acompaña a grandes artistas cuando hacen giras internacionales y son grandes músicos contemporáneos, pero en España se les cierra las puertas como trompetistas clásicos”. Eso sin contar que la oferta de enseñanza reglada en conservatorios no tenía en cuenta la música contemporánea hasta hace muy poco, y ahora solo en centros muy puntuales. “El trompetista contemporáneo no tiene la técnica de un clásico, seguramente porque no le hace falta, pero los clásicos tenemos problemas para improvisar porque no hemos recibido esa formación. Lo ideal sería formar músicos en las dos vertientes”, asevera Antonio Civera. Esa afirmación encuentra eco en el decano de los chistes de músicos: es tan difícil que un músico contemporáneo toque leyendo una partitura, como que uno clásico toque sin ella.