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Nacho Escuín, escritor: Nacho Escuín, escritor:
Nacho Escuín.Carlos Gurpegui

Nacho Escuín, escritor: "El lector debe decidir en qué orden lee el libro y cuánto quiere poner de sí mismo"

La primera novela del turolense, Los papeles de Bruselas, es un viaje interior abierto a la sorpresa

mpresionista literario, Eduard Von Keyserling decía que la intimidad fugaz de una carta se confiaba a la lealtad de quien la recibía. Algo parecido hace Nacho Escuín con los lectores de su nuevo libro, una travesía cómplice por la textualidad de destacables vidas cruzadas recogidas en carpetas, redes y cuarentena. “Tras un recorrido extenso por la senda de la poesía y alguna incursión en el ensayo, llega la primera novela. Un viaje que no es solo en esencia eso, es una mutación, un híbrido entre la escritura poética y la narrativa más acelerada y frenética”. 
Filólogo, teórico de la literatura, gestor, editor, crítico y ahora novelista, Los papeles de Bruselas (Bala Perdida Editorial) es una magnífica crónica delante del espejo marcada por la sinceridad, la distancia y su juego, buscando despertar a quien lo lee a través de un estilo limpio, vivo y elegantemente mordaz, así como un empático retrato sobre la generación mejor preparada ante sus circunstancias más confusas, un empeño en busca de la felicidad. O como el propio autor acusa, “la nueva y loca aventura de alguien que no puede ni quiere parar… ni en tiempos de pandemia”.
-Enhorabuena. Le ha salido un libro tan adulto como millennial, generacional para todos los públicos, vamos, que no es poco. Íntimo, divertido y muy sereno.
-Muchas gracias. La verdad es que quería llegar a cualquier lector, sin etiquetas de ningún tipo mediante, así que es muy agradable escuchar eso. Me gusta la idea de que no haya un lector tipo, que sea un libro que conviva con el resto y se haga valer.
-Eterno poeta, en este texto usted ya opta por otra forma de contar. ¿Por qué?
-Creo que cada historia necesita una forma de ser contada y quizá esta requería el pulso de la prosa y además una aceleración que la poesía no podía darme. Esto no significa que la poesía no siga ahí, pero es cierto que quizá ahora el tiempo y el momento pedían otra cosa.
-En estos tiempos de apariencia y ‘fakes’, curiosamente lo que más pone y engancha es la verdad sobre la verdad, realidad que no siempre es posible como decía Borges, ¿no cree?
-Necesitamos la verdad para poder sobrevivir a todo lo que acontece o nos dicen que sucede. La verdad no es en realidad siempre la verdad, en ocasiones llamamos verdad a algo que es susceptible de ser creído como tal, sea o no sea cierto.
-Ya lo dice usted y es lo que se respira al oler sus páginas: Un bala perdida llena sus historias de las vidas que encuentra a su paso.
-Somos eso, como individuos y por supuesto también como escritores. Somos lo que vemos, lo que sentimos, lo que imaginamos, lo que creamos. Todo lo que nos rodea configura nuestro imaginario y desde ahí, precisamente, proyectamos la ficción.
-Y es además un canto a la sinceridad. Truman Capote ya escribía sobre hechos reales. ¿Lo hace usted también?
-Algunos lo son y la mayor parte no. Me gusta la ficción realista. Me atrae contar historias que puedan comprenderse desde diferentes puntos de vista, me divierte que el lector construya su propia historia a través de las del libro.
-Escribe sobre anécdotas que son vidas, y al revés también. 
-Creo que es importante saber reírse de todo lo que nos sucede. También hay que saber reírse de uno mismo. Solo eso da la posibilidad de sobrevivirse. Me gustan los escritores que saben reírse y hacer reír. Me gusta Mendoza, me gusta Marsé, me gustan aquellos que saben que son narradores de historias mínimas y también inmensas.
-‘Los papeles de Bruselas’ es verse a sí, recorrerse a sí y dejar notación de lo curiosamente vivido en el cotidiano.
-Es una novela de alguien que pierde el rumbo y trata de corregir la deriva huyendo hacia adelante. Es también la historia de unos cuantos personajes que viven más en lo virtual que en lo real. Es una historia que nos recuerda que el abismo a veces es perder de vista lo que somos.
-A veces toma y recrea apuntes, a modo de emotivo diario de campo.
-Me gusta la sensación de work in progress, tomar apuntes es una manera de sentir la sensación de escritura permanente. Todo el tiempo escribo versos en papeles suelto y en servilletas en los bares. Los guardo en los bolsillos de mis americanas y casi siempre los pierdo. Cuando me topo con alguno de ellos a veces me siento lejos y otras me sorprendo en el mismo instante.
-Los papeles de Bruselas “no eran más que textos sueltos, desordenados y sin acabar. Literatura fragmentaria”.
-Retales literarios y retales de unas vidas vividas a mil por hora, ficciones generadas desde el formato breve que insinúan y a veces dicen pero que la mayor parte del tiempo hacen que el lector deba completar la historia.
-Vuelvo a Borges, que decía que somos nuestra memoria, ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos.
-Somos lo que leemos, lo que vivimos, lo que vemos, la música que escuchamos. Somos cada conversación, cada día aislados o en compañía de los demás.
-Ligero de equipaje, el volumen cuenta con tres pórticos: postales, retratos y selfi.
-Me gusta la estructura que invita a pensar en géneros fotográficos y me gusta que el lector entienda el cambio de posicionamiento de la cámara en cada una de esas partes.
-De Bruselas al Montmartre pasando por Budapest, qué tiene Europa que cuando es escenario protagonista la cosa se hace más limpia y universal.
-Europa es la esencia de lo que somos, nos identificamos con nuestros vecinos y tratamos también de diferenciarnos de ellos, pero a fin de cuentas somos europeos y cada vez nos alineamos más en esta dirección. Lo que sucede en otros continentes quizá nos está alejando un poco de ellos.
-Y ese ralentí, que usted va enumerando en cada acción, episodios de citas, quehaceres y tiempos muertos que están más que vivos.
-Quizá en los tiempos muertos es cuando el individuo recapitula y proyecta lo que realmente piensa. Yo he utilizado esos tiempos para escribir, para ordenar, si es que eso es posible, esta trama desordenada.
-Y a continuación se adentra con finura pop en describir a sus queridos personajes.
-Me gusta esa estética, me gusta la manera en la que el pop entiende la cultura y se describe en ella. No creo en las élites, y menos en las intelectuales. No creo en la cultura para unos pocos. Me gusta el pop, el indie, me gusta la sensación de llegar a todo el mundo con un mensaje en igualdad de condiciones. 
-Se repiten protagonistas que son siglas, letras con punto entre el anonimato y la ficción. Y realiza un distanciamiento conciliador y hasta tierno de muchos de ellos.
-Me gusta que la mirada del personaje principal sea de respeto a quien le rodea. A veces sabe que ha perdido, que se ha perdido a sí mismo y ha perdido todo lo que le rodea, pero al menos es consciente. Es un irredento pero no un inconsciente.
-Junto a Brenda, Elisa, Mandy… mujeres especialmente presentadas en sus propios cosmos.
-Son mujeres y escenarios. Hay un simbolismo y una similitud en eso. Representan realidad semejantes, ciudades y personas que a veces no dejan nada tras ellas.
-Su literatura ahonda en ricos detalles, y en adjetivos perfectamente colocados. Lo bueno de venir de la poesía es también cómo medir cada palabra.
-Muchas gracias. Creo que escuchar algo así es lo mejor que puede recibir un autor. Como dicen Gamoneda, Iribarren y Saldaña el compromiso es con la palabra. El compromiso para un escritor se debe mostrar en cada proyecto.
-Y de entre los muertos, de entre sus textos destaca una escritura fina y especialmente tranquila.
-Tranquila en un mundo acelerado. Son dos dimensiones que se unen para configurar un cosmos literario. Teruel me da esa paz, esa mirada a través de la ventana viendo un mundo que parece distinto al de otros lugares. Pero es el mismo, el nuestro, y es poderoso.
-De manera goyesca lo remata con un “quién no ha ido alguna vez demasiado acelerado en su vida y no ha acabado atentando contra sí sin saberlo”.
-Es el signo de nuestros tiempos. Vamos a mil por hora hacia algún lugar sin saber muy bien a dónde vamos ni si es eso lo que de verdad queremos. Como en una carrera de motos, lo difícil es frenar y tomar la curva con fuerza pero sin salirse de la trazada, ese es el riego, no frenar demasiado, ni demasiado tarde.
-Un equilibro gozoso el de su libro ante lo perturbador que tiene la vida.
-Si se percibe así, entonces es que hemos acertado en la propuesta…
-Reflexión no exenta de guiños y homenajes.
-Somos lo que leemos, hijos de nuestro tiempo y sus influencias. He aprendido a leer con Alfredo Saldaña, aprendía a amar la literatura con Juan Villalba, y ahora me siento en deuda con ellos y con todos los textos que me han acompañado en esta vida… y son unos cuantos. 
-En su episodio dedicado a Manuel Vilas ya profundiza en la ironía y en sus infiernos.
-Me gusta jugar con un personaje creado por otro escritor, me gusta que se entienda ese juego cruzado lleno de literatura. Manuel Vilas dialogaba con su personaje y también con Dios, ahora ese personaje desde otro lugar dialoga con los protagonistas de esta historia.
-Transversal, realiza un retrato cultural de nuestra comunidad: personajes, sueños, pérdidas, caminos…
-No sé si el libro es generacional, pero bebe de una influencia clara de novelas que sí lo son de autores como Easton Ellis, Mañas, Fante, Hornby… es una historia de nuestros días con personajes de nuestros días. La banda sonora del libro me emociona casi tanto como el propio libro, y a través de Spotify crece cada día.
-Entre el destino y el azar, cuando habla de estos sueños se vuelve hasta shakesperiano.
-Y goyesco de nuevo. Los sueños son una ficción como la propia narrativa. Todos los seres sueñan alguna vez y recuerdan esos sueños. Es un camino de la ficción interesante.
-Y muchos momentos café en su texto, que acogen la lectura del peregrino.
-Me gusta el café como hilo argumental y me gusta cómo unifica a las ciudades a través de cadenas que unifican la identidad. Café rápido de cadena universal, como antes lo fue la comida rápida.
-Como buen turolense, la nieve también acontece. Aparece repetida y hasta testamentaria.
-La nieve es también algo que posiciona en el tiempo y permite dejar sus huellas en ella a cada paso.
-Y la pandemia también se muestra en el crisol de ‘Los papeles de Bruselas’.
-La novela está escrita en los tiempos de la pandemia. Desde Teruel y con la mirada hacia el resto del mundo. Teruel fue un lugar extraordinario en el que refugiarse. La casa de mis padres es mi pequeño paraíso. Mi abuelo Pascual ya lo veía así, un lugar en el que refugiarse de todo lo demás. Mis padres han construido con su esfuerzo y su trabajo un lugar que protege del mundo.
-Ahora queda, dice usted, “reconstruir sus vidas o construir nuevas realidades tras las visiones que habían experimentado”.
-Eso es lo que le queda a cada lector ahora, configurar su historia, formar parte del libro si lo desea y seguir adelante. Es algo parecido a aquellas historias de elige tu propia aventura. El lector debe decidir en qué orden lee el libro y cuánto quiere poner de sí mismo.
-Y apunta frases muy bonitas, como “todos intuían cómo funcionaba la nueva vida, pero muy pocos sabían cómo ponerla en marcha”, meridiana cual haiku.
-Creo que todos intuimos muchas cosas pero no siempre somos capaces de entender cómo acometerlas.
-El volumen termina ante los espejos del selfi y sus avatares, “vidas repletas o vacías”.
-Como las Vidas imaginarias de Schwod, vidas como la nuestra pero de ficción. Este es un libro que debe mucho también a Antonio Ansón y José Luis Calvo Carilla, que me mostraron una manera distinta de entender las historias y la biografía de ficción.