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Imagen de la sala donde se exponen las obras de la colección municipal de pintura de Puertomingalvo. M. A.

Puertomingalvo: un pueblo de 100 habitantes y una apuesta decidida por la cultura

La Casa de la Villa expone parte de la obra de Rafael Armengol

Tras Enrique Larroy, Marco Molins, Rosa Torres, Steve Gibson, Alejandro Monge, José Luis Lasala, Victor Solana, Ureña, Lina Valero, Salvador Victoria o Santiago Lagunas, el artista Rafael Armengol protagoniza la undécima edición de la exposición estival de Puertomingalvo, una iniciativa atípica y brillante en un pueblo de algo más de 100 habitantes, que lleva más de una década apostando por promocionar la pintura contemporánea española entre sus vecinos y visitantes. 

El ciclo, ya consolidado, comenzó en 2000 con el comisariado de Ricardo García Prats y Manuel Zafón, alcalde desde 1995 hasta la actualidad: “Desde que se restauró el salón de la Casa de la Villa tuvimos claro que tenía que tener un uso, y gracias a Ibercaja y a Ricardo García comenzamos a hacer las exposiciones. Ha sido un trabajo que está empezando a dar sus frutos, porque se ha consolidado y pasan todos los años más de 1.200 personas en agosto”. 

A partir de ahora además la exposición temporal de agosto se convertirá en una muestra permanente de pintura, gracias a la importante donación de obras de José Luis Lasala, que expuso ya en Puertomingalvo en 2014, y la colección de arte del Ayuntamiento, que cada año compra uno de los cuadros que se exponen en verano. “Para el Ayuntamiento no supone un gran esfuerzo porque los artistas nos hacen precios muy interesantes e incluso alguno de ellos han donado sus obras”, explica Zafón, para quien “todo el mundo tiene que tener su rincón. Los aficionados a los toros tienen que tener su toro embolado, los aficionados a las orquestas tienen que tener su baile, y los aficionados al arte, que son muchos tal y como se refleja todos los año en las cifras de visitantes a la sala, tienen que tener exposiciones de calidad. Y no es algo que no podamos hacer, porque con lo que cuesta un toro embolado que dura 45 minutos tienes una exposición durante un mes”.

Durante todo lo que queda de agosto y hasta el 6 septiembre la sala gótica de la Casa de la Villa de Puertomingalvo expondrá una buena muestra de pintura de Rafael Armegol (Benimodo, 1940), un nombre destacado de la pintura contemporánea española que a lo largo de su fructífera trayectoria ha reunido influencias tan heterogéneas como el popart de Andy Warhol o clásicos como Boticelli o Paolo San Leocadio bajo el prisma de Isaac Newton. Lo del prisma va con segundas, ya que la producción pictórica de Armengol durante las dos últimas décadas representan un brillante estudio sobre la síntesis aditiva del color a través de la descomposición de la luz blanca. De ella hay una extensa muestra en la exposición de Puertomingalvo, organizada por el Ayuntamiento y comisariada como cada verano por Ricardo García Prats. 

En la sala puede verse una colección de Rafael Armengol basada en las reinterpretaciones de la pintura clásica y renacentista de obras como los ángeles pintados por Paolo de San Leocadio de la Catedral de Valencia, en las que pueden verse en el Palacio Ducal de Mantua de Andrea Mantegna, una de las cuales, la espectacular La Cort, domina la pared oeste de la sala gótica, y otras más recientes, de 2018, basadas en Tiépolo y su obra en el Palacio Real de Madrid, además de algunas de sus primeras obras pertenecientes a la etapa de la introducción del popart en España, como Honors a la guerra (1971), el autorretrato que se hizo junto al Laocoonte en 1968 o el retrato de su esposa Marisa, también de clara influencia clásica, en el mismo año. 

La luz y el color

La mayor particularidad de la pintura de Rafael Armengol, al menos en su producción de los últimos años, es que adapta pinturas clásicas a lo que al final es un excepcional estudio sobre la síntesis aditiva de la luz, teorías descubiertas por Newton y perfeccionadas por Thomas Young, que es la que hace que los monitores y televisiones reproduzcan todos los colores a partir de puntos de luz verdes, rojos y azules. 

Si bien durante sus primeras etapas destacó por ser uno de los introductores del popart en España junto a otros artistas valencianos como Manuel Boix o Artur Heras, poco a poco va interesándose por la formación del color a partir de la luz que percibimos y sus obras se convierten en experimentos que en ocasiones tienen que ver con la física o la óptica tanto como con el arte. 

Las pinturas de Armengol que podrán verse hasta el 6 de septiembre en la Casa de la Villa de Puertomingalvo reproducen las impresiones en tricromía con patrones de pixeles o líneas de gran tamaño, y con la particularidad de que en lugar de utilizar la síntesis sustractiva, la que mediante el cian, el magenta y el amarillo se utiliza en impresión sobre papel, utiliza la aditiva, la que a través de luz roja, verde y amarilla permite trabajar a las pantallas luminosas. 

De hecho una de las obras expuestas en Puertomingalvo está realizada con fines didácticos para explicar su proceso de creación. Sobre un lienzo pintado en un tono neutro de amarillo pinta en tres capas otras tantas capas de puntos de color, rojos, azules y verdes. Cada capa la realiza el óleo con ayuda de  una rejilla perforada con un patrón de puntos, de forma que mueve ligeramente la plancha en cada una de las tres capas, hasta cubrir por completo el lienzo de pintura. En función de la intensidad y luminosidad del color de la pintura obtiene un tono mezcla u otro, exactamente igual que las pantallas. El tamaño de los puntos o píxeles que forman la imagen se advierte con claridad a poca distancia, pero deja de percibirse a pocos metros. 

Rafael Armengol repite esta técnica no solo con puntos, sino también con patrones de líneas y otras figuras geométricas, y en una esquina de la sala también puede verse un par de  pinturas en las que Armengol experimenta con el concepto de anaglifo, imagen de la que se obtiene una impresión diferente según la observemos a través de una lente roja o azul. 

Devoción por lo clásico

Otra de las vertientes interesantes de Armengol, que queda patente en Puertomingalvo, es la devoción que siente por el arte clásico del renacimiento, a pesar de que él es fundamentalmente un pintor rupturista, que experimenta y busca nuevos lenguajes. “Armengol no procede de una familia de artistas sino que sus padres tenían una tienda de tejidos”, explica García Prats. “El tenía una gran aptitud para el dibujo y sus padres lograron que estudiara Bellas Artes en San Carlos de Valencia, aunque ellos, con buena fe, siempre intentaron que el arte fuera para él una afición, pero que se ganara la vida con la tienda”. Su sólida formación y su enorme capacidad para el dibujo explican que siempre haya considerado el arte clásico como el sumun, y de hecho le rinde tributo al tomarlo como la base perfecta para construir su visión rupturista. “El crítico valenciano Román de la Calle compara el trabajo de Armengol con el palimpsesto”, que es la reutilización de un pergamino o un lienzo usado para escribir o pintar otra obra, de forma que siglos después se revelan restos de las dos, “porque de una obra clásica hace otra obra clásica. Toma prestada una obra pero al final la que tiene valor es la suya”, afirma García Prats. 

Arte rupturista

Llama la atención que un pintor como Armengol, con una gran habilidad para el dibujo, optara por la vertiente rupturista y hasta cierto punto contestataria durante los últimos años del franquismo. 

Hay precedentes como el grupo Pórtico de Zaragoza, en el que estaba Santiago Lagunas o Eloy Laguardia, a quienes el régimen arrinconó hasta obligarles a abandonar la actividad artística. “No es que el franquismo prohibiera pintar lo que uno quisiera”, explica García Prats, “pero indirectamente la crítica y las pocas galerías que había boicoteaban lo que se salía de lo considerado correcto”. En este sentido este tipo de arte representó una actitud de reacción frente a la dictadura. “La figuración del popart de estos pintores valencianos, tanto Armengol como el equipo Crónica, tiene un componente crítico obvio”. Entre los cuadros mostrados en Puertomingalvo se ve muy claramente esa crítica en Honors a la guerra o en un grabado que representa a un ángel sosteniendo una corona que ha sido sustituida por un pimiento rojo. 

Con todo muchas de esas influencias modernizadoras que trataban de importarse a España tuvieron que tamizarse y adaptarse a la realidad patria. Como recuerda el comisario García Prats, “esas influencias de Andy Warhol, Roy Lichtenstein o Richard Hamilton, que fuera de España se relacionaban con la sociedad de consumo, aquí tuvieron que ver con la crítica social, aunque también se relacionaron con la publicidad”.

Un pueblo de 100 habitantes y una apuesta decidida por la cultura