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Imagen de la actriz turolense Raquel Vicente

Raquel Vicente, actriz turolense: “Este oficio tiene algo poderoso; no alimentas solo el bolsillo, sino también una pulsión vital”

La turolense participó en largometrajes como ‘Ojos negros’ o ‘García y García’ y recientemente estrenó en Teruel su montaje ‘Lorca suena’

Las Bodas de Isabel 2011 condujeron a la turolense Raquel Vicente por la senda vital de la interpretación y ahora, desde Madrid donde estudió interpretación, se bate el cobre cada día para mantener vivo el sueño. Su optimismo contagia y su sensibilidad quedó de manifiesto recientemente en Lorca Suena, uno de sus últimos trabajos creados por ella misma, que entre otras cosas es una metáfora de lo que el teatro, todavía más ahora, puede hacer por nosotros.

-¿Es cierto que el parón del confinamiento y la incertidumbre están haciendo que actualmente se rueden más producciones de lo que era habitual?

-Así es. El miedo a una restricción que impidiera rodar propicia que actualmente se acelere esa parte de los proyectos. La posproducción se podría llevar a cabo con un confinamiento más estricto, así que cuanto más material tengas rodado, más aseguramos después la oferta, porque además la demanda sería enorme si volviéramos a una situación parecida a la que vivimos en el estado de alarma. 

-¿Hasta qué punto complica la pandemia el trabajo artístico en un rodaje o en el teatro, con las mascarillas y las distancias de seguridad?

-Se complica mucho pero a diario demostramos que se puede, que es seguro.  Todas las producciones han incorporado un departamento especial Covid, atendiendo a los protocolos de seguridad dictados por el Gobierno. Supone mucho más trabajo y coste para la producción, cambios de guiones, menos personajes, más exteriores, personal sanitario en set,  pruebas Covid todos los días, mascarillas diarias, toma de temperatura, desinfección de todo el material… Podéis imaginar el trabajo extra que supone. Al mantra “Motor, sonido, cámara graba, acción” se ha añadido el “mascarillas” que indica que es el único momento en que actrices, actores y figuración, se la retiran mientras dure el plano para colocarla de nuevo tras el “cortamos”. 

-Dejando de lado, ‘Lorca Suena’, del que hablaremos enseguida, ¿cuáles han sido sus últimos trabajos?

-Acabo de rodar un reparto para una serie de Netflix, aunque de momento es confidencial. Es un personaje pequeño, pero es un lujo poder rodar con todo lo que nos rodea actualmente. Participé en la película García y García y estoy en dos proyectos de teatro. Para uno de ellos, tenemos una residencia artística concedida, que tuvo que ser aplazada por las restricciones de movilidad en Aragón. Estamos a la espera de poder llevarla a cabo. Crear ahora mismo es muy complicado ya que el teatro necesita otros tiempos. Una residencia provoca un espacio, tiempo y un silencio que se hacen obligatorios, al menos en mi manera de hacer las creaciones propias. 

-¿Qué significó para usted estrenar en tu casa ‘Lorca Suena’, un proyecto tan personal, tan íntimo y tan pegado a esta pandemia que ha puesto el mundo patas arriba?

-Fue muy especial por diferentes realidades. Para empezar trabajar en Teruel siempre es un verdadero disfrute. Rodeada de familia y amistad, no se puede recibir más calor desde el patio de butacas. El espectáculo lo imaginé en marzo, durante el confinamiento. Lorca es desgarrador, tiene una sensibilidad hacia los conflictos humanos que siempre me ha seducido y cautivado. Son textos que comprometen mucho, exigen partir de un lugar muy sincero cuando llega el momento de bucear en ellos. Trabajar con Carol (Ferrer) y Jesús (Bellosta), suponía además de auténtico placer, un reto. La propuesta aúna lecturas dramatizadas (a las que no estamos muy acostumbrados, baila entre la lectura y el teatro y necesita una precisión muy concreta para que funcione), poemas cantados y la guitarra. Trabajamos en encontrar un lenguaje común, para ir dando forma a todo. Una vez que el trabajo está hecho y ves que funciona, puede parecer que es sencillo. Pero el proceso creativo está lleno de decisiones, apuestas, descartes… E intuición. Mucha intuición. El público reacciona a lo que siente, no a lo que entiende. Se crea una convención y en Lorca Suena, la sugerencia y la estimulación de la imaginación fue nuestra apuesta. 

-Teruel y otras ciudades pequeñas están empezando a ser muy demandadas como localizaciones de rodaje. ¿Es una vía en la que merece la pena insistir?

-Sí, por supuesto. Teruel es una cuidad perfecta para rodar. Tenemos todos los escenarios posibles para contar cualquier historia. Menos los futuristas, esos se los dejamos a nuestros colegas valencianos. La riqueza es inmensa y variada, además de muy accesible. En muy poco tiempo trasladas de una localización a otra y en el cine el tiempo es oro. Y por si fuera poco, hay gente trabajando en la profesionalización cinematográfica de Teruel fortaleciendo esta estructura que era, desde mi punto de vista, una asignatura pendiente. Carlos (Alonso) y Fran (Muñoz) desde Imago, Diputación, Pimpi (López) y el Desafío Buñuel… Es un caldo de cultivo muy importante. 

-Aquí fue Isabel de Segura en 2011 y en 2017 logró el premio a la Mejor Actriz por Bronce en el Desafió Buñuel… ¿cómo recuerda aquellas dos experiencias?

-La participación en Las Bodas plantó en mí el deseo de hacer de esto mi oficio. Fue una gran convulsión que cambió mi vida. La experiencia en sí, la recuerdo con mucho cariño. Fue un regalo para mí y toda mi gente. Y en cuanto a Desafío Buñuel es como parte de mí. Recibir ese premio supuso una alegría inenarrable, además de gasolina para continuar. 

-Teme que, con el parón obligado de este año por la pandemia, el rally cinematográfico turolense pudiera llegar a desaparecer?

-En absoluto. Si algo caracteriza al Desafío Buñuel es su profesionalidad y determinación. Como todo, supone muchísimo trabajo para Pimpi, La Fundación Amantes y todo el equipo humano que dedica su tiempo y energía a mantener vivo el proyecto. Son puro rock & roll y eso no lo para una pandemia. Eso y las instituciones y patrocinadores privados que apoyan Desafío Buñuel, a los cuales hay infinito que agradecer. Pero siguen quedando  hombros en los que apoyarse supondría algo más de sosiego y tranquilidad. ¡Ojalá se sumen!

-Pudimos verla también en Ojos Negros, película rodada en ese pueblo de Teruel y que fue todo un fenómeno el año pasado. ¿Cómo recuerda esa producción?

-Ojos Negros es una delicia. Llevar a cabo un largometraje supone muchísimo trabajo, y más si es un proyecto de bajo presupuesto, como es el caso. Hay que rodar mucho para obtener 70 minutos de peli. Otra vez, el esfuerzo titánico de todo el equipo, lo hizo posible. Hubo numerosos cambios de guion, casting, secuencias… Estuvimos cuatro años inmersos en la producción; Julia, la niña protagonista iba creciendo y casi era tan alta como yo, que interpretaba a su madre, lo que provocaba inquietud con el racord, la continuidad entre los diferentes plantos. Marta e Ivet, las directoras, tienen muchísima sensibilidad y fueron conduciendo el barco a pesar de todos los obstáculos, pero es que hacer cine, también es eso.  

-Tampoco quiero olvidarme de Victoria Díez, a quien interpretó en el Marín hace dos años. Fue un personaje evocador, fascinante y contradictorio, conservadora en lo ideológico al tiempo que muy progresista y avanzada en el ámbito educativo. ¿En qué se parece a Victoria?

-Posiblemente en su tenacidad, en seguir tus propias reglas internas a pesar de los contextos que nos rodean. Trabajar con Diego Collados fue un deleite y  muy enriquecedor como actriz. Tiene una sensibilidad titánica. Estar una hora en escena tú sola no es nada fácil. Estar arropada por un buen equipo humano y profesional para mí es imprescindible, pero gracias a Diego, Mariela y Luis, ahí lo estuve y mucho. 

-Ademas usted ha ejercido como juez en el I Cortometraje Film Fest de Alcañiz... ¿Qué opina del cortometraje como género? ¿Por qué es imposible ver cortos en la televisión o en las salas de cine?

-La única diferencia entre un largo y un corto es la duración. Ambos son cine. Los cortometrajes son más accesibles a la pulsión de rodar porque el coste de la producción es menor. Pero hay una dificultad añadida que responde a condensar la historia y atrapar al espectador en menos tiempo. Contrariamente a lo que se piensa, no necesariamente es un trampolín hacia el largo. Es en sí, un concepto. Muestra de esto es que directoras y directores con una trayectoria muy sólida en largometrajes ruedan cortos. Hay historias que son de corto, que se cuentan en ese formato porque tiene que ser así, no porque no tengas presupuesto para un largo.  

-¿Cuándo y por qué se afincó en Madrid? ¿Es imprescindible salir de Teruel para tener oportunidades en la profesión?

-Llegué a Madrid para estudiar en la  Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (Resad) y llevo aquí casi 6 años. Soy muy afortunada porque antes de terminar la carrera empecé a trabajar y he ido empalmando proyectos. Eso me ha ayudado mucho a sobrevivir, porque Madrid es una ciudad algo hostil, todo va muy rápido. Crecer en una ciudad pequeña te aporta una manera de relacionarte con el mundo que no cambio por nada. Estar aquí facilita poder asistir a pruebas y esta ciudad tiene una oferta cultural que es imprescindible para seguir empapándote de todo lo que se está cocinando. Al final, no importa dónde vives, si todo va bien viajas bastante. Lo importante es hacer de tu lugar de residencia tu hogar y estar rodeada de gente noble, algo en lo que también soy muy afortunada. 

-Dicen que la televisión da la fama, el cine el dinero y el teatro las tablas… ¿qué genero te atrae más?

-Esta es la gran pregunta. A mí me atraen las historias, cómo las contemos es indiferente. Estás al servicio de otra cosa. Mi trayectoria, hasta el momento, es más teatral. Pero me apasiona el cine, siempre  tengo ganas de rodar.  Cada uno de esos tres géneros tienen mecánicas diferentes, aún no tengo la experiencia suficiente para decantarme por un género, aunque conociéndome es posible que nunca lo haga. 

-¿Y qué le hace más falta ahora mismo? ¿La fama, el dinero o las tablas?

-Este oficio tiene algo muy poderoso, no alimentas solo el bolsillo. No trabajar supone dejar de nutrir una pulsión vital. A veces hay momentos muy duros, como el que atravesamos actualmente que te enfrentan a fantasmas y te planteas cualquier panorama.  Lo más necesario ahora es mantener los fuegos encendidos y resistir al temporal que se está llevando a muchos compañeros de oficio. 

-La gente del mundillo no os cansáis de insistir en que la cultura es segura. ¿Por qué estáis tan convencidos?

.Es una batalla que va más allá de la situación provocada por el Covid. La cultura es para mí lo que queda dentro de ti después de experimentar el contacto con ella. Ese poso tras una peli, una obra de teatro, un libro, un cuadro, una canción… que genera un cambio, un pensamiento crítico hacia algo. Lo peligroso de esta situación es que para según qué sistemas, esto no interesa. Es verdaderamente fácil eliminar el hueco que la cultura tiene, para reducirlo aún más. Mostrar que la cultura es segura, que se puede asistir con tranquilidad a estos lugares además de vital para una sociedad sana, es verdad. 

-Usted participó en Teruel Online Festival y otras propuestas artísticas por streaming. Durante lo más duro del confinamiento fueron esenciales pero, ¿corremos ahora el riesgo de que ocupen el lugar de las actividades presenciales? ¿La pereza o el miedo nos comerá y el sofá sustituirá al teatro?

-Cualquiera que haya asistido a un directo sabe lo que provoca. Esa atmósfera que solo se genera con tu presencia allí. La experiencia es eso, estar. Pienso que hay cosas que han llegado para quedarse y que, como todo, depende de cada persona hacer un buen uso de ellas. Desde un escenario, hagas lo que hagas, todo tu trabajo cobra sentido cuando lo compartes con el público y su presencia es imprescindible. 

-La cultura nos ayudó a olvidar por algunos momentos lo más duro del confinamiento… ¿crée que la Covid ganará finalmente la partida, y será ella quien se encargue de hacernos olvidar que necesitamos la cultura para vivir, además de las reuniones familiares, del turismo, de las mascarillas, el gel y el papel higiénico?

-No, no lo creo. Pero somos seres de costumbres, nos vamos aclimatando a todo. Hemos renunciado a muchos hábitos, a pesar de lo que nos incomode, porque estamos al servicio de algo más importante. Cuidarnos para cuidar. Pero dure lo que dure, no puede hacer olvidar lo que produce que te vibre el corazón. Y eso, estoy segura, es innato en el ser humano y lo provocaremos.