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Sara Salvador, Darío Maya y Esther Oliva (de izda. a dcha.), durante la entrega de premios celebrada este lunes. M. A.

Sara Salvador y Esther Oliva recogen los premios del concurso de la AECC

El certamen nace con el objetivo de superar los tabús que siguen pesando sobre el cáncer

La Junta Provincial de Teruel de la Asociación Española Contra el Cáncer entregó este lunes los premios de la primera edición del concurso de relatos cortos Rompe el tabú: llámalo cáncer, en un sencillo acto que tuvo lugar en su sede de Teruel, y que contó con la presencia de Sara Salvador Mateo, ganadora del primer premio; Esther Oliva Luna, ganadora de un accésit y Darío Maya, vicepresidente de la AECC en Teruel. 

Aunque el acto de entrega estaba previsto para el 23 de abril, día del Libro, la pandemia obligó a aplazarlo, “aunque no queríamos dejar de hacer un sencillo acto para los que habéis participado y ganado”, explicó Maya, en nombre del jurado que evaluó los relatos. En total se recibieron 37, de los que 26 se ajustaban a las bases convocadas. “Creo que un éxito de participación teniendo en cuenta que es la primera vez que se hacía el concurso”, aseguró Maya. Pese a que el certamen se organizó con motivo del 60 aniversario de la AECC en Teruel, no se descarta que el año próximo vuelva a convocarse. 

Sara Salvador, que ya ganó un concurso de relatos hace dos años en Alba, se hizo acreedora de los 100 euros de premio con un relato titulado Encuentros. La turolense empleará el dinero para adquirir ejemplares de Cuento de Grullas, escrito por Pilar Domene, cuyos beneficios se destinan a la AECC. “Me gusta escribir sobre emociones, y no me cuesta hacerlo sobre el cáncer”, explicaba Salvador. “Yo tuve cáncer de ovario, que creo que es un cáncer que se conoce muy poco, y una de las cosas que me movieron a empezar a escribir fue sensibilizar y visibilizar. Me pareció que era una buena oportunidad para darlo a conocer y compartir mis experiencias, desde la serenidad que me da ahora el verlo con un poquito de distancia”. 

El objetivo del concurso es precisamente visibilizar y normalizar el cáncer como una enfermedad a la que hay que llamar por su nombre. “Incluso a los propios pacientes nos cuesta ponerle nombre a la enfermedad”, reflexiona Sara Salvador. “Muchas veces lo ocultamos, pero yo creo que tenemos que normalizarlo y darle visibilidad. No para hacer gala de nada, desde luego, pero si yo estoy enferma y dejo que tú veas mi debilidad en ese momento, es más fácil que me puedas acompañar y comprenderme, y entiendas que salgo menos, que llamo menos, que estoy menos comunicativa... La visibilización nos ayuda mucho a nosotras mismas”. 

Por su parte la zaragozana Esther Oliva, ganadora del primer accésit, ya publicó en 2016 un libro sobre su experiencia con el cáncer, Sonrisas en el camino. Oliva, que regaló un ejemplar de esa obra a la AECC Teruel y aprovechó la entrega del premio para visitar junto a su familia la ciudad mudéjar, narra en el relato  My trusty fierce su propia experiencia con el cáncer, que veinte años después de superarlo, con solo 9, acabó con la vida de uno de sus mejores amigos. “No me da miedo escribir sobre eso porque la muerte también puede formar parte del cáncer. Puede ocurrir que cuando ya crees que lo tienes superado regresa a tu vida con la muerte de alguien cercano, y descubres que no lo tenías superado”. 

 Pese a la dureza del relato, Oliva se obstina en que cualquier experiencia, por dura que parezca, puede impulsar el crecimiento de la persona. “Yo tuve cáncer con 9 años y se me juntó la enfermedad, la discapacidad que me provocó y la preadolescencia. Me sentía perdida y no encajaba en ningún sitio. Pero a causa del cáncer entré en contacto con personas que tenían discapacidad como yo, y he vivido cosas muy bonitas con ellos. ¿El cáncer ha sido malo para mí? Desde luego, sin ningún tipo de dudas. Pero en el fondo he encontrado cosas muy buenas en el camino”. 

Esther Oliva explicó que lo que le movió a participar en el concurso fue siempre le ha gustado escribir, especialmente relato corto, la buena acogida que tuvo Sonrisas en el camino, que narra su experiencia vital con el cáncer, “y el hecho de que creo que es bueno compartir y dar a conocer experiencias que contribuyan a que se conozca mejor el cáncer”. 

El jurado del concurso concedió además otro accésit, que ganó Margarita del Brezo Gómez por su relato Emociones a flor de piel, aunque en este caso no pudo acudir a la entrega de premios por tener su residencia en las Islas Canarias.