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“Seguimos cayendo en el error de identificar el mundo clásico con el arte más conservador” “Seguimos cayendo en el error de identificar el mundo clásico con el arte más conservador”
Jorge Egea durante la creación de uno de los dibujos que forman parte de la exposición. Ayo Cabrera

“Seguimos cayendo en el error de identificar el mundo clásico con el arte más conservador”

El MEAM de Barcelona clausura esta semana la muestra del turolense sobre ‘Dionisio’, de Rafael Amargo

El bailarín Rafael Amargo estrenó a finales de 2018 el espectáculo de danza Dionisio, uno de los grandes montajes del Festival de Teatro Clásico de Mérida al año siguiente. Inspirado en él y trabajando codo con codo con el granadino y la fotógrafa Consuelo Peris, el escultor alcañizano Jorge Egea ha creado una serie de dibujos y esculturas que se han expuesto en el Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) de Barcelona. Egea, vinculado con proyecto creativos genuinamente turolenses como el Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro del Bajo Martín, reivindica el arte contemporáneo figurativo, y defiende el canon clásico como algo todavía vigente y, aún hoy, revolucionario.

-Este proyecto surgió prácticamente desde las butacas de un teatro, ¿no es así?

-Una de las últimas actuaciones de Amargo con Dionisio fue en el Principal de Zaragoza a principios de 2020, pero donde tuvo mayor esplendor escénico fue en el Teatro de Mérida, un entorno realmente incomparable. Esa atmósfera tan especial me llevó a pensar que desde la riqueza visual de la coreografía se podía realizar toda una exposición basada en este montaje. Inicialmente pensé en algo menos ambicioso, pero trabajar in situ en el Teatro de Mérida y compartir la energía de Rafael Amargo y de toda la compañía me llevó a embarcarme en esta aventura.

-¿En qué se ha manifestado finalmente?

-La danza de Dionisio es una colección de fotografías de Consuelo Peris, la fotógrafa que ha seguido la gira de Amargo y mi principal nexo con el bailarín para comenzar el proyecto, además de 37 dibujos y 25 esculturas, junto a algunos de los trajes que usaron bailarines y actores. Las obras se han realizado en un periodo de dos años y algunos meses más de pandemia, durante los cuales reflexioné mucho sobre la museografía de la exposición para que el espectador entendiera los dos grandes conceptos que hay en la obra.

-¿Cuáles son?

-Son dos conceptos que nacen en el siglo XIX con los textos sobre la tragedia de Nietzsche: lo apolíneo y lo dionisíaco. He planteado la exposición como un diálogo entre un espacio dedicado a la figura de Apolo (Ángel Güell) y otro dedicado a la figura de Dionisio (Rafael Amargo). Es mi interpretación gráfica de lo que en el espectáculo se manifiesta como un collage entre el ballet clásico/contemporáneo que acompaña a la figura de Apolo y el baile flamenco que acompaña a la de Dionisio. Este diálogo antagónico, muy propio de la tragedia griega y de la propia filosofía clásica, hace que se contrasten las poses y las formas entre unas salas y otras.

De todos modos, he intentado que el carácter dionisíaco invada a toda la exposición. Es mi manera de traducir de forma plástica un mensaje de las artes escénicas, con piezas muy abocetadas, intentado que esa idea del trazo de la textura y de lo inacabado, de la vibración del baile, se transmita en la vibración de la línea o de la materia abrupta en la obra plástica.

-¿Qué técnicas y materiales ha trabajado?

-La mayor parte de las esculturas son terracotas realizadas en barro refractario, de pequeño formato, que reflejan diferentes momentos o poses de los bailarines, y que están acabadas con esmalte a alta temperatura que he fabricado yo mismo. Ofrecen un acabado muy parecido al bronce, pero con la particularidad del plasma en interior del horno: la magia de los esmaltes que producen de manera aleatoria preciosas cristalizaciones, en este caso de reflejos dorados. También hay terracotas de mediano y gran formato, que han sido cocidas y patinadas en frío, y algunos bronces y piezas en resina. En el ámbito de los dibujos nos encontramos con imágenes muy abocetadas, la mayoría realizadas in situ y, a veces, retocados u oscurecidos en el estudio; y una serie de dibujos de gran formato realizados en carboncillo sobre madera. Me interesa muchísimo el dibujo o la pintura sobre madera porque, con mi perspectiva de escultor, la madera me ofrece un aspecto de materialidad muy diferente a la que me da el papel.

-¿Cómo ha sido trabajar con Rafael Amargo? ¿Se conocían previamente?

-Trabajar con un artista muy reconocido es un gran privilegio, pero también inspira mucho respeto. Yo conocía la obra de Rafael Amargo pero fue la fotógrafa Consuelo Peris quien nos conectó, ya que yo quería empezar a hacer un dibujo basado en esta coreografía y no quería hacerlo sin su beneplácito. Amargo no solo se alegró de que me pusiera a trabajar en una obra sobre él, sino que me invitó a seguirles y a ver el espectáculo en Mérida. Es a partir de esta generosidad del bailarín que nació una verdadera relación de colaboración y de amistad, creada a través del arte. Para un artista, ser inspiración de otros artistas debe de ser algo muy satisfactorio. Y, para mí, poder representar a un artista vivo de esta categoría supone tener una sensación de humanista del arte, uniendo las artes del tiempo, danza y teatro, con las artes del espacio, dibujo y escultura).

Cuando vi todo el potencial de la coreografía me puse en contacto con el MEAM de Barcelona, ya que tienen obra mía en la colección permanente, para mostrarles una versión previa del proyecto, y debo decir que confiaron en mi concepto sin ver las obras, que todavía no estaban hechas.

-Durante la presentación oficial de la exposición en abril, Rafael Amargo se refirió a su detención por tráfico de drogas el pasado diciembre, y denunció que no había existido presunción de inocencia para él...

-Con todas has dificultades que supone llevar un proyecto cultural como este, en un momento de pandemia, en el que ni siquiera sabíamos cuales serían las restricciones impuestas de una semana a la siguiente, hubo momentos en que sentimos peligrar la exposición. Uno de ellos fue ese, ya que no quería que el tema judicial oscureciera un trabajo realizado con tanta generosidad y desprendimiento por ambas partes. Afortunadamente,la situación de Rafael Amargo ha quedado en trámites judiciales y, en ese sentido, Amargo estuvo dispuesto a responder sin ningún tipo de veto a cualquier pregunta que la prensa le quiso hacer al respecto el día de la inauguración. Hay que decir que en Barcelona se admira mucho su trabajo como bailarín y la prensa fue muy respetuosa, así que se logró el equilibrio entre que él pudiera explicar sus cuestiones personales y que, a pesar de ello, pudiéramos centrarnos en esta colaboración. No es la primera unión artística entre bailarines y escultores, pero cuesta mucho esfuerzo en un país como el nuestro recrear estos conceptos renacentistas del arte que intentan abarcar la música, el teatro, la coreografía y las artes plásticas.

-¿Cómo desarrolló el trabajo práctico durante estos dos años, teniendo en cuenta el ir y venir de una compañía de danza?

-Hacer esto ha sido entrar en el huracán de locura dionisíaca, y me ha exigido invertir toda la energía y el esfuerzo que me quedan tras mi ocupación con la docencia del arte, durante dos años. Trabajé a tres niveles distintos; el primero corresponde a los momentos de las actuaciones, donde hice cientos de bocetos, la mayoría de los cuales acabaron literalmente destruidos. En un segundo plano trabajé con las fotografías de Consuelo Peris, y en tercer lugar he tenido la fortuna de que Rafael Amargo y otros bailarines de la compañía vinieran a mi estudio en Barcelona para trabajar con ellos en directo.

-¿Alguna anécdota con Rafael Amargo?

-Te puedo contar que Rafael Amargo no para ni un minuto quieto, ni siquiera cuando estaba delante mío en el estudio. Y esto me resulta divertido, porque mi objetivo nunca fue sacar una imagen suya mucho más embellecida o favorecedora, sino todo lo contrario, captar esos movimientos, esa gesticulaciones que hace Amargo cuando se transforma en Dionisio. Debo decir que incluso en las poses en mi estudio era la viva representación del Dionisio que vemos en su espectáculo.

-La danza, movimiento puro, tiene fácil traslación a la escultura, estática por naturaleza, o es necesario un profundo ejercicio de abstracción?

-Realmente el movimiento no se puede plasmar de una forma física estática. El movimiento en la quietud es simplemente un efecto óptico, una ilusión retiniana, una manera de hacer que nuestro cerebro interprete que la forma se está moviendo. Yo he intentado captar esa ilusión a través de líneas que fugan, líneas nerviosas que captan la energía del momento, ya que un bailarín no se detiene sobre el escenario para que yo le dibuje. La forma se mantiene en mi memoria y el reto es capturar esa esencia. En la escultura esa vibración se manifiesta en las texturas, en la forma inacabada, en los contornos sinuosos que son los que hacen que nuestra retina y nuestro cerebro lean un movimiento en la absoluta quietud de la escultura. Por lo tanto no deja de ser una abstracción, como lo es toda representación plástica y el arte en general.

-¿Para lograrlo es necesario tener conocimientos en danza, o basta con tener la sensibilidad y destreza del escultor?

-Creo para captar esta esencia no es necesario tener conocimientos en danza, pero sí admirar la danza. Yo estoy enamorado de ella desde pequeño, incluso estudié un par de años ballet... evidentemente no era un dotado para el baile y, gracias a Dios, me introduje en las artes plásticas. Pero captar esa sensibilidad es muy importante y me ha exigido mucha madurez para insinuar más que para decir, para inacabar más que para acabar. El proyecto ha sido también un reto personal para salir de una obra muy perfecta. Dejar de lado una escultura con acabados muy puristas, a la que estoy acostumbrado y a la que tengo acostumbrado al público, y hacer una propuesta diferente que, desde el rigor y sin que sea una auténtica ruptura, sí que marca una tendencia diferente, una energía y una acción que me han hecho salir de mi zona de confort.

-Un tema como el de ‘Dionisio’ parecía estar llamando a su puerta, usted que es un enamorado de la escultura y los cánones clásicos...

-Creo que precisamente lo que me cautivó de esta coreografía es que el mundo clásico no sólo se interpreta con formas blancas y apolíneas, la Grecia clásica e idealizada de Winckelman, sino que el mundo griego, especialmente el concepto dionisíaco del mundo griego, está lleno de algo arcano, irracional, muy unido a las raíces de la tierra. Y el flamenco es capaz de enraizarse con ese sentido profundo que significa la naturaleza salvaje de Dionisio. Siempre trato de explicar que clásico no significa conservador o convencional. El mundo clásico era un mundo de ruptura respecto a las civilizaciones coetáneas, un mundo de innovación y de interrogación, que se cuestionaba la realidad para conocerla mejor y representarla en busca de una idea de perfección. En ocasiones nos quedamos solamente con este concepto de clásico como perfecto. Pero precisamente el mundo clásico sigue siendo una referencia porque utilizó el concepto de lo imperfecto para buscar la perfección, la belleza. Y la propia belleza clásica también tiene algo de terrible. Esa terribilità es parte del concepto de lo dionisíaco.

-’La danza de Dionisio’ parece especialmente apropiada para el MEAM de Barcelona...

-Así es, porque es uno de los pocos museos españoles especializados en arte figurativo contemporáneo. Aunque también hubiera sido magnífico exponerla en un museo arqueológico, porque no hay nada más interesante que el arte figurativo contemporáneo dialogando con el arte de la antigüedad. Pero desgraciadamente las instituciones públicas no están muy pendientes de estos movimientos contemporáneos figurativos que acontecen en todo el mundo, sino que siguen teniendo una visión del arte contemporáneo como arte puramente no figurativo. Muchos artistas nos sentimos agradecidos a museos como el MEAM, que depende de una fundación privada, que apuesta desde hace una década por el arte figurativo contemporáneo consiguiendo ser un referente mundial.

-Mañana jueves se clausura la muestra tras más de un mes. ¿Qué balance hay que hacer?

-La verdad es que no puedo sentirme más satisfecho de que en una época tan difícil hayan venido tantísimos visitantes. Las críticas que me están transmitiendo es que es una exposición muy rica, variada, con muchos inputs diferentes para el espectador. Y para mí eso es el mejor premio. Esta exposición ha sido una apuesta totalmente personal, sin ayudas y completamente autofinanciada. Por lo tanto ha sido una locura, más aún en estos tiempos… De vez en cuando los artistas lo arriesgamos todo y lo damos todo a cambio de que la gente lo vea, te diga sus críticas y se cree una gran fiesta del arte. Como decía Gadamer, el arte es un lugar para el encuentro y también para la fiesta.

-¿Después del MEAM de Barcelona la exposición tiene previsto visitar otras salas?

-Por desgracia esta es la parte más triste de toda esta historia, y dice mucho del poco valor que damos a la cultura en nuestro país. La exposición ha sido visitada por responsables culturales pero nunca ha habido una palabra, más allá de la palmadita en la espalda, para decir, ‘¡tomemos un reto como éste y expongámoslo aquí o allá, en un museo público, y hagámoslo dialogar con la arqueología, o llevémoslo por distintos lugares!’. No, simplemente no hay interés. Incluso estando en los medios de comunicación de primera línea, a los que por cierpo os estoy muy agradecido, el interés acaba por desgracia en el ámbito del cliente privado o del visitante. Que la cosa pública no atienda estas iniciativas es algo que, sinceramente, me avergüenza.

Pero esta no es mi batalla, yo no hago política. Mi misión es lanzar al mundo mensajes de belleza y esperanza,  y solo espero que en algún momento nuestros gestores culturales tengan la sensibilidad y la gallardía de apoyar este tipo de mensajes de belleza atemporal, que no piensan en la contingencia, que están al margen de la futilidad e inmediatez que intenta invadir todo lo que nos rodea.

-Y que casi siempre lo consigue, por desgracia... ¿Empieza a pergeñar nuevos proyectos? ¿Cuándo le veremos de nuevo por la provincia de Teruel?

-En Teruel sigo muy vinculado a los proyectos en torno al alabastro, que acaban conformando talleres de arte, exposiciones o proyectos públicos. En concreto, ahora que vamos saliendo de la pandemia, confío en poder exponer, en septiembre, alguna de las obras realizadas en el marco del Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro, en el Bajo Martín.