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Sofía González Millán

Hay ahora mismo en twitter un reto, se trata de que, sin decir la edad, se escriba algo que la gente joven no entienda. Y esta ha sido mi frase, justamente el título de este artículo. Pero en este caso no hago referencia a las famosas tacañonas del Un, dos, tres, si no al final de la navidad, que llega a su término con la última campana que son los reyes.

Hasta aquí han llegado estos días navideños, siempre pienso que son demasiados días de reuniones, comidas gigantescas, dulces a paladas…, 15 días en los que nos volvemos un poco locos, mareados por las luces y la actividad infantil.

He de comentar que la nochevieja ha tenido sorpresa, pues este es el primer año que me ha gustado el vestido de Cristina Pedroche, según ella misma comentaba antes de enseñarlo era pura poesía, para mí el mensaje ha sido todo un acierto: metamorfosis, cambiar para crecer, deshacernos de lo viejo para renacer.

En un tiempo donde todo lo que vemos y oímos carece de profundidad, creo que es un éxito llegar a tantas personas con una idea tan poderosa, si este tipo de mensajes se empieza a oír ya en televisión, a gran escala, podemos transformarnos conjuntamente. Como un gran animal que deja atrás su vieja piel y nace renovado y dispuesto a ser más grande.

En mi caso estos días navideños han sido de leña, estufa, libros, hogar y familia. La navidad en el pueblo es acogedora, tranquila, con sus horas estiradas al amor de la lumbre.

Tenemos todos los elementos que hacen posible la ilusión de los niños y también de los mayores (porqué no), papá Noel reparte regalos en la plaza el día 24, bajo un árbol gigante lleno de luces. Las campanadas del reloj, situado en la parte más alta del pueblo, dan la entrada al año nuevo de manera bucólica.

Y la tarde de reyes, los niños ven como sus majestades llegan en carroza y reparten regalos nombrando a cada niño por su nombre. Es una cabalgata hecha con ilusión por personas que pertenecen al pueblo y que ayudan a crear un ambiente familiar y festivo.

Podemos presumir de unas navidades llenas de actividades culturales y música organizadas por el ayuntamiento, con una alta participación dentro de lo que han permitido las medidas sanitarias. Por eso para mí vivir aquí las navidades es todo un lujo. Desde el centro de primera acogida de Accem la magia ha llegado a todo el pueblo, sus miembros han creado arreglos florales de temática navideña, colocándolos en todas las casas (habitadas y no habitadas), detalles que han sido muy bien valorados por las personas que vivimos aquí y por los que vienen de visita.

Han sido ellos también, junto con el ayuntamiento, los que nos han traído un trocito de Laponia, creando un trineo y haciendo que papá Noel llegara hasta el pueblo para repartir los regalos.

Hay otro reto en las redes sociales que nos invita a definir el año 2021 en tres palabras, yo las tengo clarísimas: pueblo, prosperidad y tribu.

Estas son mis palabras clave, sigo sintiendo que la decisión de vivir aquí ha sido la mejor, siento que este es mi lugar y no lo cambio por ningún otro sitio.  La palabra prosperidad la he elegido porque desde que estoy aquí, y si habéis leído mis otros artículos lo sabréis, he estado creciendo ante las situaciones que se me presentaban.

He crecido personal y profesionalmente, escribir en este medio tan querido para mí ha sido un sueño. El DIARIO DE TERUEL forma parte de mi vida y que me dieran esta oportunidad sin conocerme anteriormente es algo que tengo que agradecer.

La palabra prosperidad siempre ha sido una de mis favoritas, en la RAE se define como “Buena suerte o éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre”. Nada más que añadir.

Y la palabra tribu ya sabéis porqué la he elegido, sentir que perteneces a un lugar y que vibras igual que sus habitantes es algo indescriptible.

Digamos entonces esa famosa frase de las tacañonas, campana y se acabó para el año 2021 y sus navidades, ojalá podamos crear entre todos un nuevo escenario en este 2022. ¡Salud!

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