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Camino Soria: obsesionados con el cemento, el asfalto o las comunicaciones Camino Soria: obsesionados con el cemento, el asfalto o las comunicaciones

Camino Soria: obsesionados con el cemento, el asfalto o las comunicaciones

Francisco Herrero

Lunes, 15 de noviembre. Juventud

Me acerco al Campus de Teruel para atender al Diálogo sobre el futuro de la España despoblada. A lo tonto, en estos días previos he aprendido que existen reuniones bien para hablar de despoblación y reuniones mal. Depende de quién las organice. Esta la ha creado el Gobierno: mal. Nada más llegar oigo decir a Francesc Boya, secretario general para el Reto Demográfico, que hay que convencer a la juventud sobre las ventajas del mundo rural. ¡Ay, cuánta razón! Me esperaré a la tarde, durante el taller ciudadano de Ignacio Urquizu “¿Qué necesitan los jóvenes para quedarse en los pueblos y ciudades pequeñas?”, para encontrar soluciones.

Aparece Ignacio garbeando su palmito pinturero y, sentado en el sofá, hecho agua el corazón, afirma que sin juventud no hay emprendimiento, no hay consumo y no hay cualificación. Es decir, no hay futuro. Sin mucha dilación abre el turno de intervenciones para tantear la opinión del público y escucho remedios de lo más variopintos. El primero, estar cerca de la costa. El argumento se desmonta pronto porque el principal imán, Madrid, no tiene playa. Lo sabemos desde 1989. Alguien se pregunta dónde está la juventud. En la sala, no. Supongo que el debate no va con ella. Alguien pide más orgullo rural. No es suficiente celebrar un Día Universal mañana. Una encuesta hecha a participantes del Erasmus rural desvela que la mocedad quiere oportunidades profesionales a largo plazo para quedarse. Vuelvo a escuchar más vivienda, más trabajo y más ayudas al emprendimiento. Al final llega la propuesta más arriesgada: un cambio en el plan de estudios. Es innegable que el actual no sirve para vivir en el pueblo porque no se enseña a llevar un ganado, montar un telar o un obrador de pan. Y, ya se sabe, sin esos oficios es imposible subsistir en el duro invierno de los ignotos poblados.

Martes, 16 de noviembre. Netflix

Qué rabia que hoy tenga que volver al Campus de Teruel y empaparme de despoblación, porque no voy a poder escribir sobre la noticia recién publicada en el ABC que destapa las actividades privadas de Ramón Fuertes, teniente alcalde del ayuntamiento de la capital por Ciudadanos, de dudosa compatibilidad con su cargo institucional. La suerte es como un pez que de las manos puede resbalar, como la pretensión de ser algo que se esfumó.

El segundo taller ciudadano lo dirige Luis Antonio Sáez y se cuestiona “¿Es malo que se vacíen los pueblos?”. La pregunta tiene enjundia. Me disgusto porque, tras una hora, no he encontrado una respuesta clara. Un sí o un no. Flotaba en el aire que sí. Pero me he sentido engañado como cuando anuncian un bombazo a la audiencia de Sálvame y justo cuando va a acabar el programa prometen que mañana nos lo cuentan. Luis Antonio ha objetado la importancia del empleo en el mundo rural, porque la gente está dispuesta a desplazarse lejos para trabajar. Habría que enfatizar en las posibilidades que ofrece el pueblo para gastar el tiempo libre. Es de sobra conocido que el pueblo tiene más oferta que la ciudad. Tenemos Netflix. También me ha llamado la atención un comentario de Luis Antonio: “Estamos obsesionados con el cemento, el asfalto o las comunicaciones”. Aunque sean buenas las carreteras, ¿hay que construir vías por lugares por donde no pasan coches? Lo mismo con la banda ancha: es muy importante, pero es más necesario rodearse de personas que te hagan pensar.

Como sigo obcecado en encontrar respuesta a la pregunta del taller, he repasado los apuntes de ayer. Francesc Boya aseguró al interrogante “¿Hay municipios que no tienen solución?” que no hay que renunciar a ningún pueblo, aunque habría que definir el rol de cada territorio; el presidente de la Diputación de Huesca, Miguel Gracia, manifestó que quiere recuperar pueblos; el escritor Sergio del Molino sostuvo que, por puros derechos democráticos, no corresponde al Estado dedicar qué pueblos merecen la pena y cuáles no. Las teorías de Darwin se encargarán del triaje, digo yo.

Miércoles, 17 de noviembre. Polémicas

Le doy vueltas a las polémicas palabras de Javier Lambán el lunes durante la mesa “¿Qué puede hacer Europa por la España que se despuebla?”. Javier ve como una distorsión la idea romántica de vivir en el pueblo. Lo que estamos viviendo es la fase final de un proceso histórico para acabar con el paupérrimo sistema de subsistencia que comenzó con la implantación del centralismo por parte de los Borbones, que está en un punto de inflexión gracias a la Constitución de 1978. La Administración y la sociedad civil se encargan que territorios como Teruel tengan futuro y no sean el prototipo de la España abandonada. Javier tiene sus dudas de que la Sierra de Albarracín pueda volver a registrar el censo que tuvo porque el turismo o el aprovechamiento maderero razonable permiten vivir bien a la población actual, pero a poca gente más.

Me pregunto por qué se iría mi padre de Torremocha de Jiloca en 1947, a los catorce años. Trabajaba de corderero en alguna casa rica del pueblo e iba a repaso, porque lo de acudir a la escuela ocupaba demasiadas horas. Entonces Torremocha tenía casi 500 personas; hoy supera por poco las 100. A veces Javier nos da baños de realidad, más que polémicas. La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre.

Jueves, 18 de noviembre. Las listas

Albarracín vuelve a salir en las listas de los pueblos más bonitos. Ahora de Europa y según la popularidad en Instagram y Pinterest. Esto me viene como anillo al dedo para recordar las palabras de Sergio del Molino, otro que cuando habla sube el pan. Se congratulaba el lunes de que se estuviera esquivando el turismo a la hora de hablar de despoblación. Ya no se piensa en él a la hora de retener al personal en lo rural. Según Sergio, el turismo es el reflejo del fantasma del desarrollismo en España. En el caso de su España vacía, es el creador de decorados que dan de comer pero crean escenarios fantasmagóricos. Miguel Gracia discrepó con un “necesitamos el turismo”. Secundino Caso, presidente de la Red Española de Desarrollo Rural, confesó un pecado tan dulce que merece el perdón: huye de su pueblo decorado, La Hermida, tan pronto como puede.

Viernes, 19 de noviembre. Rubor

Según Alberto Herrero, diputado del Partido Popular por nuestra provincia, en lo de la fiscalidad diferenciada, “más allá de la noticia que quisieron apuntarse PSOE y Teruel Existe, no había nada”. De repente, el PP se ha convertido en la formación adalid de la fiscalidad diferenciada. La alcaldesa Emma Buj la reivindicó el martes pasado. A veces decimos cosas tan bonitas que no se pueden contar sin rubor.

Sábado, 20 de noviembre. Reparto

El lunes decía el secretario general ugetista Pepe Álvarez que el reto demográfico no es un problema de la España vaciada, sino de la España superpoblada. Lo que hace falta es reequilibrar. En esa línea, la empresa de reparto Glovo ha encontrado la solución expandiéndose por numerosos pueblos, según El Confidencial. Si te sientes un pobre desgraciado ciertos días de lluvia, la sangre de tu tristeza siempre viene por detrás.

Domingo, 21 de noviembre. Mesa triste

Todo el mundo sabe que es difícil encontrar en la vida un lugar donde el tiempo pasa cadencioso sin pensar. La Administración te lo va a facilitar. Pilar Llop, ministra de Justicia, anunció el lunes que los juzgados de paz municipales son historia. Llega la tecnologización de unas nuevas oficinas de justicia, “muy profesionales”, a cada pueblucho como ventanilla única del Estado y que podrán servir incluso de cotrabajo. Aquí estoy, en el Telecentro, solo y expectante.

La imagen de la semana / España vaciada

La España vaciada es un concepto interesante como herramienta política, aunque parte de un diagnóstico erróneo según Vicente Pinilla, profesor de la Universidad de Zaragoza. El lunes se mostró tal cual en el Campus de Teruel: combativa por fuera, mansa por dentro. Es una doble cara difícil de mantener y por eso el movimiento solo difunde la imagen de la calle. Es la que le piden desde el agitprop rural.

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