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Chema López Juderías

Dentro de unos meses,  España se unirá a Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá y Colombia como los únicos países con una ley que regula la eutanasia, que no es otra cosa que tener la opción de poner punto final a tu vida cuando sufres una enfermedad incurable y que te hace sufrir hasta límites insospechados.

Este asunto, que se lleva debatiendo desde hace tiempo, levanta enormes polvaredas, al juntar cuestiones éticas, morales, religiosas o médicas en una coctelera  que se agita muchas veces sin tener en cuenta la opinión de los protagonistas de la historia: los que quieren dejar de sufrir.

He leído la opinión de varios expertos. Todos coinciden en algo fundamental: el texto que España plantea es muy garantista y no resta libertades, sino que las refuerza.

Dice la ley que se podrán acoger las personas sometidas a un sufrimiento “físico o psíquico que consideren intolerable por padecer una enfermedad grave e incurable con un pronóstico de vida limitado o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante, sin posibilidad de curación o mejoría apreciable”. Es decir, las personas que solo cuentan los días para dejar de padecer. Pero no un padecimiento cualquiera, sino uno sin solución.

Esas personas deben presentar dos solicitudes dejando una separación de al menos quince días y podrán revocarla en cualquier momento. Una vez recibida la primera, el médico hará con el paciente un proceso “deliberativo sobre su diagnóstico, posibilidades terapéuticas y resultados esperables, así como sobre posibles cuidados paliativos”.

Después, se volverá a preguntar a la persona si desea desistir o continuar y el médico tendrá 10 días para corroborar las condiciones.

No parece, en contra de lo que pregonan algunos, que se utilice a los pacientes, sino más bien que los pacientes tendrán una herramienta para elegir sobre su existencia.

No dice el texto de la ley, en ningún momento, que se pueda aplicar esa eutanasia sin el pleno convencimiento del enfermo. Igual que la ley del divorcio no obliga a divorciarse.

Igual estoy equivocado, pero yo veo este asunto como un paso adelante por la dignidad y la libertad. No se trata de arrebatar la vida. Se trata de morir de forma digna, ahorrando sufrimientos inútiles.