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Juan Corellano

Hace calor, mucho calor. Dicen que este verano va a ser así, que viene fuerte, más fuerte que nunca. Pero tranquilos, ya saben que los periodistas en en estío estamos a su completo servicio: no beban caldo de pollo, mejor agua, eviten sacar a sus mayores a secarse al sol y saquen del armario esa gorra de la Caja Rural.

Hace calor, tanto que me sudan partes del cuerpo que desconocía que eran capaces de hacerlo. De hecho, creo que, fruto del esfuerzo de escribir estas líneas, me está empezando a sudar el cerebro. El problema es que no puedo encender el aire acondicionado ni meterme un rato en la lavadora, pues andamos en hora punta y no hay quien pague esa factura de la luz. Desde luego, hay que reconocerles que solo a una panda de iluminados se les podría haber ocurrido semejante idea con la que está cayendo.

Hace calor y hay gente haciendo deporte a pleno sol. Luis Enrique tiene a los muchachos del fútbol entrenando a treinta grados para adaptarse a lo que les espera en Sevilla, que dios se apiade de los que encima están metidos en una burbuja. Visto lo visto, este parece ahora el menor de sus problemas. Lo único positivo es que van a jugar bajo el sol sevillano contra suecos, polacos y eslovacos, y para este bochorno me temo que no hay vacuna que valga.

Hace calor y Rafa Nadal anda jugando en tierra batida, un concepto que me recuerda periódicamente mi estupidez, pues no puedo evitar imaginarme a un montón de operarios del Roland Garros llenando con paladas de arcilla unas cuantas thermomix. Creo que no hay persona cuyos testículos y segundo apellido hayan sido más citados en la historia de España. Ni el caballo de Espartero ni Raúl González Blanco, los huevos de Rafael Nadal Parera siempre serán nuestro más infalible detector de cuñados en este país. Os informo de que mi segundo apellido es Manero, por si algún día en esta vida logro una proeza digna de alargar innecesariamente mi nombre.

Me disculpo por esta infame columna, reconociendo que yacen en estas líneas una concatenación de estupideces inconexas. Pero es que hace calor, mucho calor, y creo que me está empezando a sudar el cerebro.

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