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El hombre que mordió al perro El hombre que mordió al perro

El hombre que mordió al perro

F.J.B.

Que un perro muerda a un hombre no es noticia dice el chascarrillo periodístico, pero lo es y de primera página que lo haga un hombre con el perro. Pues eso es lo que ha ocurrido con el regreso de los toros a la plaza de Palma de Mallorca. Ha ocurrido que en algunas teles y telediarios no ha importado la caciquil ley balear que tumbó el Tribunal Constitucional, ni el regreso de los toros al Coliseo Balear, ni ha merecido interés un cartel con cuatro figurones del toreo que atrajeron a doce mil paganinis que llenaron tan egregio coso después de dos años de inactividad forzada arbitrariamente. Eso no ha interesado a casi nadie. Solo ha merecido titular e imagen destacada el puñetero “cara el sol” que cantaron cuatro tontos con balcones a la calle y ese puñado paupérrimo de “adalides” animalistas apostados en un minúsculo rincón de acera. O sea, el perro. Al hombre, que le den. Y no es que interesara por aquello de las animaladas con las que se dirigieron hasta aquel despistado que se dejó caer por allí, sino porque lo del animalismo como filosofía de vida tiene que estar de moda y porque el perrito forma parte del buenismo imperante en esta sociedad ciega y estúpida que eleva a los altares la memez extrema y la idiocia alentada. ¡Pobre perrito! Esa es la noticia que interesa y quieren que venda.
Y venga tertulias y tertulianos clamando contra los cuatro tontos con balcones a la calle, y venga arengas y guiños al animalismo acerado, pancartero e irrisorio frente a un Coliseo Balear lleno de almas gritando oles, barbarie insufrible para quien abomina de tan fastidiosa costumbre. Nadie vio a El Fandi saliendo a hombros de la plaza entre una muchedumbre admirada que le esperaba en esa acera, ahora sí, reventada de gente. Y nadie vio los destellos de arte de Morante o Manzanares. Se vio al tonto holandés de siempre saltando a la arena para reivindicarse en su fama y para llenar su cartera. Cuatro carreras por la plaza y ni una sola imagen de los toros que saltaron a la arena. 
Objetividad, imparcialidad, honestidad… por los cojones. Importa que un hombre mordió al perrito.