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Una cigüeñuela pasea por las aguas escantadas de las Saladas de Alcañiz. Javier Escorza

Las lluvias convierten las Saladas de Alcañiz en un paraíso lleno de vida

Las copiosas lluvias de esta primavera han convertido a las Saladas de Alcañiz en un enorme paraíso de vida. A estas alturas del año, a punto de empezar el estío, no es habitual verlas rebosantes de agua. La laguna de agua que cubre las tres saladas alcañizanas y la cubeta de Calanda que se encuentra a unos kilómetros de distancia de éstas les da un aspecto sorprendente para la temporada en la que estamos. Lo normal cuando media el mes de junio es que la evapotranspiración haya hecho su función y el agua deje paso a esa capa blanquecina de sales minerales que caracteriza a estas lagunas endorreicas.

Este es un año excepcional.  Todo tipo de aves han puesto sus huevos esta primavera en este hábitat único en el continente europeo. Aves acuáticas como el tarro blanco (Tadorna tadorna), la cigüeñuela común (Himántopus himántopus), todo tipo de anátidas como el pato colorado (Netta rufina), gaviotas y otras especies como la alondra común (Alauda arvensis), la terrera común (Calandrella brachydactyla), la terrera marismeña (Calandrella rufescens) o la calandria (Melanocorypha calandra) han detenido su migración hacia zonas más cálidas y húmedas y decidido criar a sus polluelos en este ecosistema vivo exclusivo del valle del Ebro y que la directiva europea Hábitat declaró Lugar de Interés Comunitario (LIC).