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Aitana Monzón, premio Espasa de Poesía 2022: “Puede que la velocidad y el ahogo de la vida en la ciudad mate las ganas de leer” Aitana Monzón, premio Espasa de Poesía 2022: “Puede que la velocidad y el ahogo de la vida en la ciudad mate las ganas de leer”
Aitana Monzón ha ganado la última edición del Premio EspasaEsPoesía con solo 21 años

Aitana Monzón, premio Espasa de Poesía 2022: “Puede que la velocidad y el ahogo de la vida en la ciudad mate las ganas de leer”

La joven poeta navarra presentó en el Teatro Municipal de Alcañiz ‘La civilización no era esto’
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Aitana Monzón es una tudelana de 21 años afincada en Zaragoza, y la poeta de moda por la que todo el mundo pregunta, después de haber ganado el Premio EspasaEsPoesía con La civilización no era esto, que de momento solo es un corolario precoz a una dilatada trayectoria de versos y premios. Este viernes estuvo en el Teatro Municipal de Alcañiz presentando su obra dentro del ciclo Alcañiz Lee.

-Vino a Alcañiz a presentar ‘La Civilización no era esto’, ¿cómo definiría su obra?

-¿Teatro en imparisílabos? ¿Poesía teatralizada?

-Su relato destaca, entre otras muchas cosas, por reflejar una gran madurez a la hora de expresar ciertos conceptos, ¿cómo se consigue esa madurez con tan solo 21 años?

-No me considero una persona madura. Es más, espero no serlo nunca… eso significaría tener encima la vejez o, si fuera fruto, que espero serlo, caer desconsoladamente. Debemos dejar de ensalzar la madurez en personas menores de treinta años. Quizá debiéramos hacernos la pregunta contraria: ¿por qué se asocia el infantilismo con la juventud, cuando esta es la época del rebelarse y cuestionar la norma?

-Ha recibido el Premio Espasa de Poesía, uno de los más prestigiosos de España. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

-Una gran responsabilidad y un gran apocarse. Es algo que todavía me resulta ajeno. Tal vez el adjetivo prestigioso hace que no me sienta merecedora del mismo. Por supuesto que tiene la enjundia que tiene, pero un premio no debería convertirnos en soberbios. Los reconocimientos son periódicos y, el próximo septiembre, harán esta pregunta a otra persona. Esto también pasará, lo bueno y lo malo, me suele repetir mi madre. Y creo en ello, por eso celebro el momento con sosiego, agradecimiento grande, y alegría.

-Comentó durante la ceremonia de entrega de premios que usted plasma en el papel todo aquello que observa, ¿cuál es el proceso?

-No plasmo todo aquello que observo, pero sí creo que el poeta –escribiente o no– ha de reparar en lo minúsculo. En ese botón determinado, que decía Paco Umbral. La observación de lo pequeño tiene algo de infancia que el poeta no quisiera perder nunca, a pesar de las burocracias y las responsabilidades adultas. Antonio Machado, en su celebérrimo A un olmo seco, escribió: olmo, quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida. Qué sería de nosotros hoy sin ese verso. El proceso de la contemplación, como el de la escritura, ha de ser silente, ha de imperar en él el sentido crítico. También el saber callar cuando no alcancen las palabras.

-El título de su obra es ‘La civilización no era esto’. ¿Qué es entonces para usted la civilización?

-Podría contestar qué no es para mí la civilización. Todo lo que me rodea, a pesar de la gracia, es utilitarista, sensacionalista, terriblemente mercantilista, cínico y superficial. La poesía es el remanso. La poesía y la literatura. Qué sería de la civilización sin la palabra. Y viceversa. Cuando no estemos, el texto permanecerá y otros habrán de excavarlo entre las ruinas, la basura, el desgaste, la polución que ahora producimos.

-La poesía es un género que no suele estar entre los más consumidos por el público joven. ¿Qué le llevó a escribir poesía?

-No sabría decirle. De muy niña, mi madre solía cantarnos a mi hermana y a mí que la niña del bello rostro / está cogiendo aceituna. Pero también he dicho coplas y jotas con mi abuelo, o he atendido sin respuestas al nacimiento de un higo, paciente y hermoso en su higuera.

-¿Cuál cree que es el principal motivo por el que los jóvenes no leen poesía?

-Lo más fácil sería decir que la tecnología, pero estaría mintiendo, pues no sé si es verdad. Hay un sentimiento generalizado de que la literatura, la poesía, no interesa tanto como antes. Sin embargo la cultura la va irguiendo el pueblo. Yo veo por la calle cabezas agachadas y móviles brillantes. Puede ser que la vida en la ciudad, su velocidad, su ahogo mate las ganas de leer. Que lea quien quiera, lo que quiera, pero que lea con pasión. ¿Cuándo ha sido la poesía el motor de la industria editorial?

-¿Cree que se está produciendo un cambio de tendencia?

-Depende de a qué se refiera. Hoy en día, en nuestro país, cualquiera puede tener acceso a un libro. Las bibliotecas están llenas. Cada uno que lea lo que más le apetezca. Siempre que haya un libro y un trozo de pan, estaremos a salvo, ya lo vaticinó el poeta.

-A pesar de que los galardones recibidos la convierten en una de las grandes promesas de la literatura nacional, usted sigue con sus estudios, ¿cómo logra compaginar ambas cosas?

-No creo, ni muchísimo menos, que sea una gran promesa de la literatura nacional. Los premios son muy subjetivos, y por supuesto, pasajeros. Mi prioridad es el estudio, no sólo el académico. Seré feliz mientras pueda leer. Ni siquiera yo sé contestar cómo se compaginan ambas cosas. Durmiendo poco y yendo menos al cine de lo que me gustaría, me figuro.