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Álvaro Narro, escritor andorrano: “La vida es ir de un punto de equilibrio a otro, evitando que todo se desmorone” Álvaro Narro, escritor andorrano: “La vida es ir de un punto de equilibrio a otro, evitando que todo se desmorone”
Imagen de Álvaro Narro en su casa de Andorra

Álvaro Narro, escritor andorrano: “La vida es ir de un punto de equilibrio a otro, evitando que todo se desmorone”

Presentará su tercer libro, ‘Las doce en punto’, el miércoles (18 horas) en la Casa de Cultura de Andorra

Después de Ayúdame (Certeza, 2017) y Fundido a negro (Certeza, 2018), el escritor andorrano Álvaro Narro acaba de publicar su tercer libro de relatos cortos, Las doce en punto (Imperium), que será presentado por primera vez al público el próximo miércoles, 30 de septiembre, en la Casa de Cultura de Andorra (18 horas). El autor sigue explorando la naturaleza humana a partir de su zona más oscura, con una literatura nada amable que obliga a la reflexión, pero sin perder de vista la pequeña luz de esperanza que nos mantiene a flote. 

-¿En qué consiste ‘Las doce en punto’?

-De forma similar a los dos libros anteriores, se narran varios relatos breves, en este caso doce, cuyas temáticas giran en torno a una serie de temas similares, temas un tanto crudos. Mi intención es que esa crudeza pueda llegar a ser incómoda para el lector, pueda llegar incluso a molestar, porque seguro que algunas de las situaciones que aparecen reflejadas nos van a tocar muy de cerca.

-¿Estas historias fueron escritas pensando en este volumen, o quizá aguardaban su momento en el cajón?

-Partí de una idea en común a la hora de escribirlos. De hecho once de los doce relatos son recientes, y están escritos desde la perspectiva del paso del tiempo, de como el paso del tiempo nos afecta a las relaciones con las personas, de cómo cambian nuestros puntos de vista e incluso las bases sobre las que sustentamos nuestra vida. Acudo al concepto físico de equilibrio inestable que se aplica a la arquitectura, y que viene a referirse que cuando un cuerpo pierde su estabilidad por alguna razón, acaba alcanzando un nuevo punto de equilibrio y es mejor no retornar al  primero. Vamos de un punto de equilibrio a otro evitando que nuestra vida se desmorone, y entretanto tenemos pinceladas de felicidad que nos dan la sensación de vivir con cierta estabilidad. 

-‘Las doce en punto’, hace referencia a los doce relatos, al título de uno de ellos y también a ese equilibrio precario, ¿verdad?

-Así es. Es una referencia al tiempo y a su transcurso, que como te he dicho está muy presente en los relatos, y de como a través de él vamos tomando decisiones, algunas equivocadas, algunas sin retorno, y de cómo al final somos capaces de acomodarnos a todo y reencontrar un punto de estabilidad. Y además esa hora es especial, es un instante en el que todo parece en orden, pero muy efímero. Buscamos ese estar en punto pero no deja de ser una utopía, porque sabemos que solo dura un segundo.

-Esa pérdida de equilibrio y esa capacidad de readaptarse a lo que sea encuentra un poderoso eco en la pandemia que estamos sufriendo...

-El proyecto es anterior a ella, pero es cierto que tiene muchos paralelismos. De hecho tres de los relatos fueron escritos durante ella. El mundo iba muy deprisa y de repente tuvimos la sensación de que se paraba. Pero el detenerse a pensar o dejarse llevar es un asunto individual. En ocasiones es mucho más doloroso pararse y reflexionar que seguir dentro de la rueda girando, con la esperanza de no salir disparado. Con lo que me quedo de la pandemia es con el silencio. Muchos de los personajes de mis cuentos añoran el silencio, y me he dado cuenta de que yo también, porque facilita el trabajo de encontrarse con uno mismo. 

-¿Se queda con el silencio en un sentido positivo?

-No, en este caso no lo percibí como algo positivo. El silencio de la pandemia era demasiado sobrecogedor. No he sacado nada positivo de todo esto. Me hubieran gustado menos prohibiciones y más sentido común, pero esto segundo ha escaseado bastante. 

-En el prólogo de su libro, Francisco Javier Aguirre le adscribe al realismo sucio...

-El realismo sucio es la corriente de los escritores estadounidense que hablaban de una América profunda en la que todo  parecía estar tan bien, que realmente estaba solo regular. Yo creo que lo que Javier quiere decir cuando escribe eso es que yo estoy hablando de una realidad dura y complicada a partir de historias muy cotidianas. 

-¿No le da miedo ser percibido como un escritor excesivamente pesimista?

-Un amigo me dijo que no era fácil dejar mis libros en la estantería, sino que, desgraciadamente, alguna de las historias se empeñaba en volver a su cabeza. En esta sociedad todo parece que funciona bien, pero tu vecino, tu mujer o tu hijo tienen problemas, y algunos son graves. Uno de mis personajes dice que está cansado de reírle las gracias a la vida. Y creo que es legítimo; en mis relato siempre está presente la esperanza, y esa felicidad que a veces consiste simplemente en tener un par de segundos al día para reírse, pero tenemos que asumir que la vida no es tan fácil como nos gustaría.

-¿En qué ha evolucionado este tercer libro con respecto a los anteriores?

-Creo que la diferencia es que después de dos años y medio sin publicar he puesto a hablar a mis personajes. Antes utilizaba más la voz del narrador omnisciente, pero ahora les hago hablar y son ellos quienes cuentan con sus diálogos las situaciones y los problemas que atraviesan. Y de muchos de ellos ni siquiera son conscientes. 

-Y con este tercer libro, ‘Las doce en punto’, se estrena en la editorial Imperium...

-El cambio ha venido motivado por la búsqueda de algo nuevo. Vicente Zalaya y la editorial Certeza me abrió la puerta a este complejo mundo con un trato excelente, y solo tengo agradecimientos para él. Pero creo que Imperium está más centrada en el tipo de literatura que yo hago, cuadra mejor y tenía que aprovechar la oportunidad que me han dado. Raúl y Arancha han estado a mi lado durante todo el proceso y son dos buenos editores.