Síguenos

338_1200x150incendios.gif banner click 338 banner 338

343_muver1200x150-1200-x-150-px.gif banner click 343 banner 343

347_1200x150-festivales-verano.gif banner click 347 banner 347

Ángel de Asís, mago: Ángel de Asís, mago:
Ángel de Asís ofrece un espectáculo diferente y muy sorprendente

Ángel de Asís, mago: "Descubrir cómo se hacía el primer truco fue como abrir la Caja de Pandora para mí"

El turolense combina la magia de cartas y su formación en Psicología en su espectáculo 'Decisiones'
banner click 244 banner 244

Ángel de Asis es un joven psicólogo turolense que desde hace casi una década práctica la magia de cartas. Es su espectáculo Decisiones no solo ocurren cosas delante de las narices del público que violan todas las leyes de la lógica y el sentido común, sino que además es el espectador, a través de sus actos y sus elecciones, quien lo hace posible.

-¿Desde cuando se dedica a la magia?
-Ahora tengo 26 años y llevo en esto hace casi diez. No es mi actividad profesional habitual, desde luego, aunque en algunas ocasiones sí que he sido profesional. En 2018 estuve viviendo un año de Australia, y me busqué la vida haciendo magia en la calle. Allí aprendí bastante, me di cuenta de que me encanta la sensación de actuar ante el público y además gané algo de dinero.

-La calle, un entorno tan poco controlado, tiene que ser un buen entrenamiento...
-Te curte. Creo que lo más complejo fue que aún no tenía aimilado el idioma, y tenía que automatizar mucho cada truco, aunque la experiencia fue maravillosa. La magia en la calle tiene un estilo propio, denominado street magic, que se adapta al lugar, pero se pueden hacer cosas muy bonitas y sorprendentes. Además en Australia el arte en la calle está muy valorado y bien visto. En España se relaciona más con la mendicidad, y no me atrevería a repetir la experiencia.

Espectáculo

-¿En qué consiste su espectáculo ‘Decisiones’?
-Los estudios y el trabajo me había llevado a abandonar un poco la magia, pero durante la pandemia tuve más tiempo y decidí escribir un show que estructurara un poco los trucos y los conocimientos que tenía. Me basé en hacer un espectáculo que debía mantener la atención del público solo con cartas durante una hora, y para ello la clave es dejar que todo el protagonismo recaiga en él. El público es quien lo hace todo y quien toma todas las decisiones, incluso en algún truco yo no llego ni a tocar las cartes. Todo esto hace que el fenómeno de la magia sea todavía más sorprendente.

-¿Por qué le atrae la magia con cartas?
-Porque es una de las disciplinas en las que estás más cerca del público, donde la relación es más cercana y, por tanto, el resultado más impactante. Ahora estoy probando numismagia, magia con monedas, pero sigue gustándome las cartas. Además es una magia más real, porque el mítico truco de cortar a una mujer por la mitad se consigue a través de una máquina que está trucada, pero las cartas no dejan de ser 52 trozos de cartón normales y corrientes que mueves a 45 centímetros de la cara del público.

-¿De verdad que las cartas que utilizan los magos son completamente normales?
-Completamente. La única característica especial que tienen las cartas del mago es que están hechas de forma que ofrecen menos superficie de contacto entre ellas para que deslicen mejor.  Pero esa característica no sirve para hacer trucos, sino que estos, por ejemplo cuando un mago te ofrece un abanico, sean más visuales.

Autodidacta

-¿Usted es un mago autodidacta? ¿Uno puede llegar a ser un buen mago por su cuenta?
-Yo comencé en esto por pura curiosidad, cuando vi un truco por la tele con 17 años. Me llamaba mucho la atención que ante mis ocurrieran cosas que sabes que no son racionales. Así que descubrí cómo se hacía ese truco y fue como abrir la caja de Pandora. Empecé a investigar, me compré un libro de magia y me enganché, leyendo e investigando por mi cuenta cada vez más. Y yo creo que sí se puede ser un buen mago así, porque incluso en casi todas las artes tiene un valor añadido ser autodidacta. Cuando tu formación no es reglada ni estructurada eres más intuitivo. Y hasta época muy reciente cuando ya hay cursos más estructurados, hasta ahora todo el mundo aprendía así.

-Aunque nos gusta que nos sorprendan y que nos hagan dudar de lo que tenemos delante de nuestras narices, todos sabemos que lo que hace un mago no es real. ¿Cuál diría que es la esencia del engaño mágico? ¿La rapidez del mago para hacer movimientos invisibles, la mala percepción del espectador, la ausencia de pensamiento lateral...?
-Yo diría que la esencia de la magia es un cúmulo de factores que se apoyan entre sí. Y cada estilo de magia echa mano más de unos o de otros... hay estilo que se nutren de la psicología, otros que requieren sobre todo habilidad técnica con las manos. Yo soy psicólogo  y me interesa mucho esa base teórica mental, y aprovecho muy bien todos los sesgos cognitivos, que cuando los combinas con técnica y con experiencia te van a dar una gran fiabilidad. Por darte un ejemplo sencillo, si pides que te elijan un número del 1 al 3, en un 90% de las ocasiones ese número será el 2. Si juntas eso con la técnica, la habilidad manual y la capacidad de adaptarse a los diferentes públicos y a las diferentes circunstancias es cuando logras que lo que tienes delante de la nariz te parezca mágico e increible.

-Supongo que es esa confusión lo que nos maravilla, saber que nos están engañando y ser incapaces de explicar cómo...
-Pese a que la tecnología avanza de forma que podemos ver y escuchar cosas cada vez más increíbles, los humanos seguimos teniendo esa tendencia de darle una explicación racional y lógica a todo cuanto nos rodea. Mi misión como mago no es hacer que creas en la magia, sino lograr una ficción lo suficientemente realista para ti. Es como cuando vas al cine... tú sabes que la película es ficción, que los personajes son actores y que lo que tienes delante de la cara es una pantalla iluminada, pero aún así te emociona, te hace reir, sentir miedo o rabia... Sabes que todo es mentira pero decides creértelo durante un rato, te concedes un momento de relajación para creerte la ficción y poder sentir cosas, como un niño cuando juega.