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Ángel Petisme, en el parque de los Poetas. Celia Santos

Ángel Petisme, músico y poeta: “La alegría es una forma de resistencia contra todo lo que te hace daño”

‘Nuestra venganza es ser felices’ recopila un centenar de poemas para mantener la esperanza ante la pandemia

Nuestra venganza es ser felices. Esta es la declaración de intenciones que da título al último trabajo de Ángel Petisme (Calatayud, 1961), en el que recoge 101 poemas para no morir de pánico seleccionados de entre casi 1.800 publicados . Y es que el poeta opina que la alegría es la mejor forma de resistencia ante la adversidad.

-El título de su obra habla de venganza pero, ¿contra quién?

-Lo bueno de la poesía es que la puedes interpretar de muchas maneras, no es un ensayo objetivo. Me gustaba el título, que en realidad no es mío sino una pintada que encontré al lado del colegio de mi hija. Investigué y me remitía a unas pintada de colectivos feministas bolivianos. La foto del grafiti ya la utilicé en la portada de Poemails. Me gustó como declaración, como una forma de dar un puñetazo encima de la mesa. En estos tiempos tan tóxicos, es una propuesta contundente. En realidad, la única venganza posible es contra uno mismo; es la forma de resistencia contra todo lo que te hace daño. La mejor venganza, según decían los antifascistas e incluso la gente represaliada por el franquismo, es tu alegría. Efectivamente, no hay nada que ponga más nervioso y fastidie más a tu enemigo –que uno piensa que no tiene, pero que en esta vida te granjeas solo por respirar– que verte sonreír y verte feliz. Además, creo que el título ha sido el gran éxito del libro, porque estamos acabando la segunda edición y vender 1.000 libros de poesía en este país no es fácil.

-El subtítulo reza ‘101 poemas para no morir de pánico’. ¿Lo ha sentido en algún momento?

-Al principio, sí. Creo que lo tuvimos todos porque no sabíamos la que se nos venía encima, no teníamos información. El miedo viene de la ignorancia, de la incertidumbre, y en ese momento no teníamos ni mascarillas. Recuerdo las colas en las farmacias buscando guantes, mascarillas, hidrogeles… Y el espectáculo patético de los supermercados. Al principio, sentimos todos un poco de pánico porque si falla el suministro de comida en las grandes ciudades se va todo al garete y ahí empieza la barbarie. Sentí pánico a la barbarie.

-¿Cómo fue la selección de los poemas?

-Me lo tomé con calma porque eran muchos libros, cerca de treinta. Al principio, me daba pereza pero, de alguna manera, el intento era una forma de reconstruirte como persona, de mirar hacia delante y sentirte útil. Al releer libro por libro e ir eligiendo, fui marcando una partitura. Primero seleccioné más de 200 y luego fui descartando. No quería que fuera una selección académica y temporal desde mi primer libro publicado en 1984 hasta el presente. Intenté que tuviese un aliento, un perfume de libro nuevo. Así que me puse a clasificar por temáticas: amor, viajes, guerras, temas sociales,… Cuando se ponía muy intenso y solemne, intentaba rebajarlo con humor. Al combinarlos, casi un poema contestaba al siguiente e iba fluyendo, hasta que lo di por bueno. 

-¿Cuál de todos es el que más le sube el ánimo?

-Los primeros son una declaración de intenciones, que arrancan con mi necrológica. Hay muchos poemas escritos hace años que de alguna manera no han perdido vigencia y que tenían un toque visionario de cosas que iban a pasar. El poema que más me gusta es el que aparece en la contraportada titulado como el libro, que es el único nuevo para esta circunstancia. He intentado que funcionase, que ante la falta de aire y oxígeno, los poemas te permitieran asomarte a un balcón y respirar, que hablaran de algo estimulante y esperanzador. Tendré poemas mejores, pero de situaciones más oscuras, como de algunos viajes a zonas de conflicto. Pero me autocensuré.

-Además de la poesía, ¿cuáles han sido sus refugios?

-Sobre todo, la amistad. He mantenido el vínculo o incluso he recuperado el contacto con amigos perdidos. He hablado mucho por teléfono. Junto con Celia Santos, llamamos mucho a los ex presos políticos del fascismo y también a madres y padres de amigos. Y sobre todo, los afectos personales a la pareja y a la familia, que son los que nos han permitido mantener la salud moral y mental. Estábamos viviendo en un clima de supervivencia, pero todavía nos quedaba para crecer como personas los sentimientos y el apoyo de los seres más queridos.  La meditación es algo que también me vino muy bien. ¡Y cuidar de mis plantas! También la música, por supuesto. Pero así como que he escrito de todo, no he tocado mucho. Al principio escribí mucho sobre la pandemia pero luego me planteé revisar con calma y dar forma a cuatro o cinco libros inéditos escritos en los últimos 6 o 7 años.

-¿Y qué opina de la situación que atraviesa este sector?

-Antes nos decían de forma irónica o despectiva, cuando se referían a que no valíamos para nada: Dedícate a la poesía. Pues bien, gracias a ella y a este libro, estoy comiendo caliente en los últimos meses ya que los poetas no tenemos paro ni ayudas. El libro se puede adquirir en el correo info@tranviaverde.com. Como músico, sé que no va a haber muchos conciertos; fuimos los primeros que chapamos y seremos los últimos en arrancar otra vez cuando se haya recuperado la “normalidad”. Me preocupan las consecuencias económicas y psicológicas desastrosas y me da miedo que la cultura no sea una prioridad. 

-Pero sí ha sido una tabla de salvación para muchos durante la pandemia...

-El arte es una prótesis que ha ido acompañando al hombre a lo largo de la historia, que nos vivifica, nos estimula y nos permite cargarnos de valor. La poesía es el lenguaje de los sentimientos y de la delicadeza humana. Y ahora toca que reforzar más los valores de la solidaridad, la empatía y la colectividad para darnos cuenta de que solos y por separado no vamos a ningún lado.