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Beatriz Salvador Cano en su despacho de la Comisaría de Teruel

Beatriz Salvador Cano, policía encargada de atender casos y dar charlas sobre violencia de género: “El miedo a qué pasara con él y cómo le influirá a ella pesa a la hora de denunciar”

“Muchas menores no ven la situación de maltrato a la que están sometidas y son los padres los que denuncian”
Cruz Aguilar

La policía Beatriz Salvador Cano está adscrita a la Ufam, Unidad de Familia y Mujer, y es la que se ocupa de atender los casos y dar charlas sobre violencia de género.

-¿Cuánto tiempo hace que se creó la Ufam en Teruel?

- Como Ufam llevará unos 5 años, se creó para integrar los antiguos SAF (Servicio de Atención a la Familia), Grume (Grupo de Menores) y Upap (Unidad de Prevención, Asistencia y Protección), que es de dónde yo venía. Se creó la Ufam para dar un servicio integral, para que desde el principio de una denuncia hasta el final se tramitaran todos los ámbitos a la vez a través de un equipo más especializado y dando una visión multidisciplinar.

-¿Cuál es su cometido?

-Nosotros somos la unidad de protección, desde que la mujer entra en comisaría y empieza a poner la denuncia. Nosotros no la tramitamos, pero estamos al tanto y en casos complicados sí la cogemos. Velamos por que se pongan en marcha todos los mecanismos de protección para que la víctima esté segura, no la dejamos hasta que  vemos que el riesgo ha disminuido. Si se pone orden de protección estamos pendientes de ella hasta que finaliza y aún seguimos un tiempo hasta que vemos que el riesgo ha disminuido y puede llevar una vida normal. El mero hecho de poner la denuncia hace que a ella le genere miedo por la reacción que puede tener su agresor.

-¿Cuáles son los pasos?

-En el momento en que entra se le explica en qué va a consistir esa denuncia, qué cauces va a llevar, en función de lo que nos explica ya le decimos si va a ser detenido o no. Ella tiene un abogado de oficio especializado en violencia de género y, si es extranjera, tiene ciertos derechos específicos. Una vez se le ha informado, empieza a relatar lo ocurrido desde el principio de la relación, la violencia no es algo que ocurre en un momento determinado sino que se va gestando a lo largo del tiempo. Cuando se le ha tomado declaración se hace una estimación del riesgo que tiene en función de lo que hemos ido viendo y se inicia un protocolo de protección acorde al riesgo. Siempre se toman más medidas de las que el protocolo marca porque lo que se pretende es que está más protegida. 

-¿Cómo ha afectado el coronavirus a las denuncias? 

-En la parte del periodo de confinamiento y ahora que estamos en una situación intermedia han bajado las denuncias. Mi sensación es que todo se complica, hay más dificultad laboral, las mujeres están en una situación más precaria para tomar esa decisión, una de las partes se tiene que ir del domicilio, ellas sienten que todo va a ser más difícil y sí se ha notado un descenso de esas denuncias. Pero deben saber que los mecanismos son los mismos, que el apoyo es igual y que la salida se hace igual que en otras circunstancias, que no tengan miedo porque van a tener ese apoyo de siempre para seguir adelante.

- ¿Qué es lo que frena a una mujer a denunciar a su agresor?

-Todo influye, pero lo que realmente les genera mucha duda es el miedo. Llega un momento en que ellas no piensan si se van a quedar en la calle, sino qué va a pasar con él, cómo va a asumir esa denuncia, porque en función de lo que le pase a él ellas van a tener más riesgo aún. Hay veces que cuando les explicas el protocolo se echan para atrás.

-¿Y qué se hace entonces?

-En ocasiones podemos actuar de oficio, si nosotros tenemos acreditado un caso de violencia de género actuamos de oficio porque es un delito público. Cuando la violencia es física es fácil verlo pero si es psicológica y ella no colabora, si se cierra en no contar, es muy complicado acreditar que eso está pasando y no es cuestión de iniciar algo que, si no se puede comprobar, va a quedar en sobreseimiento, porque hacemos un flaco favor. 

-Resulta sorprendente cómo muchas adolescentes son sometidas por sus novios. ¿Qué estamos haciendo mal con la educación de nuestros hijos?

-Hay que hacer hincapié en la educación pero en la de base, desde la familia hasta los colegios. Detectamos muchas situaciones de menores que no veían la situación de maltrato, celos que ellas justifican porque dicen que su pareja les quiere y por eso las controla. Muchas veces son los padres lo que lo detectan, pero se ha visto un incremento. No sé hasta qué punto el acceso a internet fácil sin los conocimientos adecuados hace que se tergiverse lo que es normal y lo que no, es un poco educación a todos los niveles, en redes sociales, a la hora de enfrentarse a nuevas tecnologías y educación en un sistema igualitario. 

-La educación es sin duda fundamental, pero es que el machismo está hasta en la música que escuchan, ¿no es así?

-El reguetón es tremendamente sexista en su lenguaje, identifican que esa es la forma de gustar, que eso es lo que percibe el hombre de ellas y ese tipo de música no es real porque ni los hombres piensan de esa manera ni las mujeres deben creer que gustan así. 

-¿Qué podemos hacer los ciudadanos para frenar estas conductas?

- Quiero apelar a la conciencia social, las víctimas no vienen por todo lo que va a generar esa denuncia, pero si alguien tiene conocimiento de lo que está ocurriendo en su entorno puede venir a comisaría, no va a perjudicar a la pareja. Ella tiene que percibir esa red de apoyo y nosotros como profesionales vamos a actuar de la mejor manera posible.