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Félix Rivas, etnógrafo participante en curso de patrimonio inmaterial de Cantavieja: Félix Rivas, etnógrafo participante en curso de patrimonio inmaterial de Cantavieja:
Félix Rivas es etnógrafo y hace unos días ofreció una ponencia en Cantavieja

Félix Rivas, etnógrafo participante en curso de patrimonio inmaterial de Cantavieja: "Hay iniciativas, como los festivales, que en el futuro serán patrimonio inmaterial"

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Cruz Aguilar

Félix Rivas es etnógrafo y está muy vinculado profesionalmente al Maestrazgo, donde ha desarrollado varios proyectos sobre herreros tradicionales y acerca de arquitectura popular. Hace unos días participó en un curso de la Universidad de Verano de Teruel en Cantavieja en el que se habló de la conservación del patrimonio inmaterial.

-¿Qué aporta la tradición oral a la historia reciente de España?
-Un conocimiento de una parte de la historia que muchas veces está invisibilizada en los libros. Va por tendencias, pero últimamente sí que se da importancia a dar valor a las vivencias de la gente normal y corriente. La recopilación de la tradición oral ayuda a conocer esa vida cotidiana justo anterior a la nuestra y que ha marcado nuestra forma de ser. Son aspectos que no están en los libros de historia tradicionales, pero que son lo que nos marcan.

-¿Cree que se le da el suficiente valor al patrimonio inmaterial?
- Desde hace unos pocos años es el tipo de patrimonio que tiene más reconocimiento. Cuando el patrimonio eran solo las catedrales y los castillos el resto de las cosas se dejaba de lado, ahora se ve como una parte de la herencia que tiene cada comunidad y eso está muy bien, pero lo que no está tan bien es que requiere una inversión por parte de las administraciones mucho menor y no sé si no es una forma de invertir menos en patrimonio. La particularidad del patrimonio inmaterial es que, al contrario del material, es que no se conserva, se salvaguarda, lo dice la Unesco y pone mucho valor en eso. Quiere decir que el patrimonio inmaterial no es inmutable, sino que está en continua evolución y para salvaguardarlo es necesario que la comunidad en la que se da siga estando viva y fuerte, algo que enlaza con la despoblación.

-Habla de comunidades vivas, pero a veces en los pueblos los que mantienen las tradiciones son los hijos de los que emigraron, que viven fuera.
-Antes para ser del pueblo había que vivir todo el año, ahora el concepto está cambiando y se ve que el pueblo lo forman también aquellas personas que están ligadas y viven algunas temporadas. Hay bastante debate, pero a mí me gusta la idea de que todo aquel que se siente de un pueblo es del pueblo, pero son más del pueblo las personas que se implican y desde luego las que viven todo el año están muy implicadas. Aunque hay otras que tienen un papel importantísimo, no viven, pero meten esfuerzo, horas e ilusión en que el pueblo tire hacia adelante. Así como hace unos años había una barrera simbólica entre los que vivían y los que no, eso se va rebajando y poco a poco en el pueblo se reconoce ese esfuerzo y cariño.

Los recuerdos

-La visión y los recuerdos del pasado son siempre sesgados. ¿Cómo es posible trazar un relato objetivo a partir de los testimonios de la gente?
-Eso es labor de la historia, desde la etnografía y la antropología el objetivo es otro, porque la memoria no es el pasado, sino que es una versión del pasado hecha desde el presente. Para la historia está bien saber lo que ocurrió pero para la etnografía es mas interesante saber cómo se recuerda lo que ocurrió. Todos recordamos los hechos en función de lo que nos parece interesante ahora, y a lo largo de la vida vamos cambiando el recuerdo, esto pasa a las personas y a las comunidades. Otro aspecto interesante es que las comunidades son diversas y cada uno recuerda en función de sus particularidades. Toda esa diversidad también es muy interesante y convierte el pasado en un mosaico de informaciones contradictorias, cosas que a veces están idealizadas.

-¿Estamos en un momento crucial para documentar determinadas tradiciones?
-La etnografía tiene dos posibilidades, por un lado documentar el patrimonio que ahora está vivo y por otro lado está documentar la memoria. El momento crucial lo acabamos de pasar, en los años 50 y 60 se produjo una transformación radical, las personas que nos pueden dar testimonio de cómo eran los pueblos antes de ese momento tienen que ser personas nacidas en la década de los 30 y por límite natural quedan pocas . Los nietos de esa generación que nació en los años 20 y 30 ya no le dan importancia, para ellos es algo como más histórico, no tan identitaria. Todo eso que se recogió en el pasado esta a disposición de las siguientes generaciones para que le den el uso.

-¿Cómo afecta la pérdida de población en el medio rural al mantenimiento de la cultura popular?
-Hay varios tipos de patrimonio inmaterial y hay algunos están más peligro que otros. Las celebraciones festivas se mantienen bastante bien, sin embargo toda la parte de oficios y tareas, con toda la disminución de población que ha tenido el medio rural en las últimas décadas, se ha perdido mucho. Muchos oficios tradicionales se han dejado de hacer porque no había gente suficiente para hacer uso del material que producían, es posible que eso vaya a más. Al mismo tiempo el patrimonio inmaterial está vivo y se está creando en el presente. Por ejemplo está el tema de los festivales, ahora no les damos la etiqueta de patrimonio, pero en el futuro lo serán. Es verdad que se pierden cosas pero veo dinamismo, iniciativas que a corto plazo van a enriquecer el patrimonio inmaterial.