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Fernando Marías, escritor: Fernando Marías, escritor:
Fernando Marías, con un ejemplar de su libro

Fernando Marías, escritor: "Hay que recuperar ese ideal del editor mimoso, que cuida a sus autores"

El vizcaíno inauguró el Salón Profesional del Libro Endei Norte de Calamocha

El escritor Fernando Marías (Bilbao, 1958) abrió este jueves el Salón Profesional del Libro de Calamocha Endei Norte, que se clausura hoy. En apenas unos meses ha coordinado la publicación de la antología poética Dicen que no hablan las plantas, se estrenará su adaptación teatral de Los Santos Inocentes, y en septiembre Alrevés publicará la próxima novela de un autor que sostiene que sigue siendo posible vivir de la literatura.
-Pese a la pandemia, pese a todo, su discurso de apertura del jueves fue positivo y optimista.
-Yo no he dejado de hacer cosas durante todo el año, pero el de Calamocha ha sido mi primer encuentro literario abierto al público desde que empezó la pandemia, igual que para mucha gente. Estaba feliz y quise hablar de la alegría, y de la responsabilidad que tenemos todos de recuperar esa alegría. Y hablé también de lo importante que me parece que el Salón de Calamocha se dirija precisamente a las editoriales independientes, que han sufrido mucho pero que han mantenido su espacio publicando libros de gran calidad. Estoy convencido de que este es un momento de expansión para esas pequeñas editoriales. Quizá no de forma inmediata, pero creo que van a ir abriendo su espacio y que, siendo como es tan complicado publicar con grandes grupos editoriales, los nuevos escritores jóvenes irán penetrando a través de ellas. Por eso es fundamental que las apoyemos, por eso es importante que en el Salón de Calamocha hubiera representantes del Ministerio de Cultura y de todas las administraciones. Tenemos que recuperar ese ideal del editor mimoso, de la edición personalizada, de las empresas que apuestan por un autor y una obra y se mantienen fieles a él. 
-Además participó en un encuentro con escolares de Secundaria en el IES Valle del Jiloca. ¿Qué les contó acerca del oficio de escritor?
-Parece que el de escritor es un oficio tranquilo, donde lo más peligroso que te puede ocurrir es que se te caiga el café sobre el teclado, pero cuando escribí Cielo abajo alquilé una avioneta y el piloto me cedió los mandos un rato, y para mí eso fue una pequeña aventura. Y también les conté que el oficio de escribir es hermoso, el más hermoso que hay. Yo pongo el horario, no tengo jefe y encima me pagan... ¡qué más se puede pedir! Pero la parte más hermosa es que tú eres el dueño absoluto de tu creación. En cine o televisión tienes que rendir cuentas a un productor o a un responsable. El novelista, si decide no entregarse a una editorial que le marque lo que tiene que escribir, es dueño absoluto de lo que crea. Rellenar una página en blanco con tu propio universo y el proceso de autoconocimiento al que te lleva eso es lo más hermoso del mundo. 
-¿Pero un joven puede aspirar hoy a dedicarse a escribir, sin tener otra profesión que le ayude a pagar las facturas?
-Hubo un momento de eclosión que ya ha pasado, en el que los libros estaban más cotizados y se ganaba dinero escribiéndolos. Hay escritores que siguen vendiendo mucho, pero ahora abunda más el novelista vocacional... Pero tampoco se trata solo de vender libros; también se dan conferencias, ciclos, colaboraciones con radio y TV... esas cosas ya no se pagan como antes, pero de algún modo te puede permitir vivir solo de esto. El mensaje es que es difícil, pero no imposible. 
-Usted es un buen ejemplo de multitarea; escribe novela, guion de cine, dramaturgia, también ha editado y ha impulsado iniciativas culturales de lo más variopintas... ¿cómo le gusta definirse?
-Últimamente me defino como un géminis de múltiple personalidad. El 22 de abril se estrena una adaptación teatral que he preparado de Los Santos Inocentes, estoy ahora mismo preparando otro proyecto teatral, coordino la publicación en Anaya de una antología poética espectacular, titulada Dicen que no hablan las plantas, y estoy preparando un libro de viajes. Estoy constantemente haciendo cosas y rastreando nuevos caminos porque es mi forma de buscar la alegría. Pero es cierto que lo que me hace más feliz es escribir novela. 
-Pero desde 2015 no saca ninguna al mercado...
-En septiembre saldrá la próxima. No puedo adelantar nada de nada, aunque te puedo decir que, en coherencia con el Salón ENDEI de Calamocha, se va a publicar con una editorial independiente, Alrevés.
-Con ellos ya publicó aquel ‘Frankenstein Resuturado’, que por cierto ha dado de sí una exposición que puede verse en Calamocha estos días. 
-Ese libro cooperativo salió en 2018, en el 200 aniversario de la creación del personaje de Frankenstein por Mary Shelley. Pensé que sería bonito hacer un libro de relatos en el que diferentes autores situaran al personaje en cada una de esas 20 décadas de historia. Salió muy bien y la editorial y yo nos entendimos perfectamente. Y la exposición está formada por algunas de las ilustraciones, magníficas, que acompañaban a los relatos. 
-Ha ganado premios como el Nadal, el Biblioteca Breve o el Premio Nacional de Literatura Juvenil. ¿Sigue considerándose la literatura juvenil un género menor, menos sesudo e incluso facilón?
-Injustamente siguen existiendo esos dos mundos y esa separación entre la literatura para adultos y para jóvenes. Y me gustaría señalar que la literatura juvenil tiene el gran reto por delante de atraer a nuevos amantes de la lectura, de mantener la atención lectora de quienes ya la tienen desde niños y de generar curiosidad y capacidad de reflexión y crítica a los jóvenes. Eso no es nada fácil y es de una importancia capital. La literatura juvenil es una aliada esencial de la educación, que es la base sobre la que se sostiene nuestra sociedad, lo que define si una sociedad es mejor o peor.