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Gisela Prétel, fotógrafa: Gisela Prétel, fotógrafa:
Gisela Prétel es fotógrafa especializada en documentación y derechos humanos

Gisela Prétel, fotógrafa: "No puedo entender la documentación fotográfica sin una implicación personal"

El trabajo 'Acompañando a Rosa' de la granadina fue el ganador de la Beca DKV del Seminario de Albarracín
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Gisela Prétel es una fotógrafa granadina especializada en documentación y derechos humanos. Su proyecto Acompañando a Rosa sobre obesidad mórbida fue el ganador de la última beca DKV, concedida en el Seminario de Fotoperiodismo de Albarracín.

-¿Sobre qué habla su proyecto premiado?
-Sobre lo que significa tener obesidad mórbida en edad adulta, en lo físico y en lo psicológico. Es un proyecto fotográfico de largo recorrido que narra cómo su enfermedad crónica y multifactorial determina su vida. Comenzó como un viaje hacia su pasado para rastrear los desencadenantes de su enfermedad, y se desarrolla a través de su día a día, de su bypass gástrico, de sus momentos de esperanza o de sus momentos de depresión.

-¿Por qué es necesario ese proyecto?
-Primero porque es una enfermedad crónica y compleja que va en aumento. Según la OMS su prevalencia mundial se ha duplicado entre 1980 y 2014, y según el artículo de investigación de Sánchez-Carracedo, de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición publicado en Elsevier (2021) El estigma de la obesidad y su impacto en la salud [...], en España la prevalencia de la obesidad estimada en  población de 25 a 64 años es de casi el 22%, y de sobrepeso el 40%, y va en aumento. Y segundo porque en el estigma que sufren los enfermos en nuestro país es terrible.

-¿Por qué?
-Porque se sigue creyendo erróneamente que el obeso lo es por falta de disciplina y responsabilidad, cuando la realidad es que es una enfermedad crónica, prevalente, compleja, progresiva y recidivante (que tiende a reaparecer una vez superada), que resulta de la interacción de muchos factores; conductuales, medioambientales, genéticos y metabólicos.

-¿Por qué abordó el proyecto y cómo conoció a Rosa?
-La conocí en 2018 por mediación de José Mugüerza, un cirujano del proyecto de cooperación sanitaria internacional que realiza España en Kenia, Cirugía en Turkana, con el que colaboro como voluntaria desde 2012. Me interesan mucho los problemas relacionados con la nutrición, Mugüerza trataba el caso de Rosa, me la presentó y me pareció que su caso reunía un montón de circunstancias y casuísticas por las que atraviesan muchas personas.

-¿Cómo se aborda un trabajo de este tipo, que tiene que ver con la enfermedad y con el bienestar de una persona?
-Primero hablamos mucho, sin cámaras de fotos. Nos fuimos conociendo, entendí su pasado y conviví con su presente, acudí con ella a las citas médicas, y he vivido muchos momentos, de oscuridad y de esperanza. Este tipo de proyectos es de muy largo recorrido, no puedes llegar, hablar con alguien y tirar fotos. Para contar su historia necesitas tener su permiso y complicidad, y conocerla muy bien.

Realismo documental

-¿El realismo documental está reñido con la estética?
-Yo busqué documentar una historia con mucho respeto. Y del respeto emerge la belleza. La obesidad mórbida es un tema morboso que se ha tratado con muy poco respeto, y de forma innecesaria además. Además yo utilizo las herramientas de que dispongo. La principal es la luz, que cobra un protagonismo imprescindible en la narrativa marcándose un claro viaje entre la oscuridad/penumbra y la claridad a lo largo de todo el camino, en consonancia con sus altibajos. Podríamos decir, que la luz de cada momento del proyecto se convierte en indicador de cómo se encuentra Rosa anímicamente.

-¿Hay líneas rojas que un documentalista no debe cruzar?
-Yo soy una obsesa de la investigación previa, y antes de comenzar este proyecto hablé con psicólogos especializados en trastornos de la alimentación  para saber qué podía hacer o decir sin molestarla u ocasionarle cualquier daño, siquiera involuntariamente. En ese sentido Rosa ha sido generosa y valiente hasta decir basta.

-¿Esa implicación personal... no le quita objetividad al puro trabajo documental?
-No sé... solo puedo decirte que yo no puedo documentar si no me implico hasta el final. Es  un mantra para mí, aunque, en realidad, yo soy fotógrafa hace solo un cuarto de hora (risas).

-Esa es otra. Usted llevaba 20 años dedicándose al marketing y un buen día lo dejó todo y se reinventó como fotógrafa...
-Sí... Mi padre fue fotógrafo autodidacta en sus ratos libres, y aunque murió pronto y no tuve mucho tiempo de disfrutarlo, supongo que verlo en su cuarto oscuro revelando dejó una semillita plantada que brotó hace unos diez años. Era feliz en el marketing pero a medida que pasa la vida tus intereses cambian. Y decidí cambiar de verdad, ahora soy autónoma y me gano la vida con la fotografía, con mucho respeto porque me considero recién llegada, pero me he formado bien.

-¿Se gana la vida con la fotografía?
-La industria no está hecha para los proyectos documentales de largo recorrido, así que también genero ingresos con retratos, fotos de familia, de producto...

-Y bodas, claro...
-¡Adoro la foto de boda! Aunque es muy estresante me involucro mucho y lo abordo como lo que es, documentar un día importantísimo para una pareja. Además, da muchísimas tablas.