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Javier Arnas, durante una de las interpretaciones de Pedro el Rojo en ‘Informe para una academia’. Julio Marín

Javier Arnas, actor y director de escena: “No existe la libertad como tal, solo algunos espacios que son un sucedáneo”

La adaptación de ‘Informe para una academia’ de Kafka visita este jueves el anfiteatro de Rubielos de Mora (23 h.)

El actor zaragozano Javier Arnas dirige y protagoniza este jueves (23 horas) en el anfiteatro de Rubielos de Mora Informe para una academia, de Franz Kafka. Con su equipo formado por Ramón Fernández, Pepe Castelltort y Ángel Laín dará vida a un híbrido entre humano y simio para hacer una crítica descarnada a la sociedad. Un texto escrito hace justo 100 años y que no puede estar más de actualidad en un mundo cada día más kafkiano. 

-¿Qué historia narra ‘Informe para una academia’?

-Es una tragicomedia que narra la historia de un pobre simio arrancado de la selva y llevado a Hamburgo. Allí le dan la alternativa de ir a un zoológico o dedicarse al teatro de variedades, y opta por lo segundo. Cinco años después ha aprendido a hablar y a actuar casi como un humano, y le piden que haga una disertación sobre cómo han sido esos años entre los humanos.

-¿Es una víctima?

-Lo es. Y a través de su historia tocamos muchos temas troncales, que preocupaban a Kafka en su tiempo y que están vigentes hoy en día. Hablamos de la libertad y de sus sucedáneos, de la contraposición entre lo humano y la naturaleza, y el fenómeno de verse atrapado. Pedro ha intentado ser humano pero descubre que jamás lo conseguirá, y tampoco puede dar marcha atrás y ser simio de nuevo, así que está atrapado. El simio pone un espejo frente a la humanidad, jugando con el concepto de jaula, que es muy apropiado. Cuando yo tenía 16 años vi a José Luis Gómez hacer esta obra, y quedé alucinado. Y hoy en día sigue igual de vigente, aunque yo la he modernizado un poco para llevarla a nuestra época, a la era digital. 

-¿A qué se refiere con sucedáneos de la libertad?

-Pedro el Rojo cree que la libertad no existe como tal, sino que vamos encontrando espacios de libertad que son sucedáneos, a muchos niveles. En todo el texto está implícita esta idea, con la que yo coincido totalmente. 

-El hecho de que Kafka planteara en su texto que la alternativa al zoológico era precisamente el teatro es anecdótico o sustancial?

-Creo que Kafka lo hizo con toda la intención. Él se sintió atrapado por la sociedad de su momento, afín a la nuestra en muchos sentidos, salvando las distancias. Y en esta época en el que la cultura está tan devaluada esto todavía adquiere más sentido. El teatro dignifica al simio a diferencia del zoológico, pero en realidad supone otra cárcel mayor si cabe. Y es muy importante el uso de la fábula que tantas veces hizo Kafka, porque lo que dice un simio no tendría tanta potencia si lo dijera un humano. 

-Meterse en la piel de un híbrido como este no habrá sido fácil...

-Este personaje lleva años de estudio y su complejidad es máxima, por el texto y por su exigencia física. Yo soy muy metódico y cuando empezamos a trabajar esta obra hace cuatro años realicé un estudio exhaustivo del mono para tener sus manos, su voz, su cara, su espalda... y de ahí tuve que ir hasta el casi humano. La dificultad consiste en hacer un personaje verosímil con todos los matices del texto, y no una simple parodia, porque cualquiera puede hacer el mono un rato, pero serlo una hora seguida a este nivel, física y mentalmente, esta siendo durísimo. Pero los actores comprometidos siempre nos ponemos retos que nos den vidilla. Y esto lo es; yo ya he cumplido los 50 años y doy saltos sobre el escenario que no podrían dar algunos de mis alumnos.

-Espero que no siga el camino contrario a Pedro y termine ‘monificado’...

-Yo aplico mi trabajo a la vida diaria, sobre todo en lo físico, y te puedo decir que he recibido a gente en mi casa en cuclillas. Pero una de las cosas que enseño a mis alumnos es a ir echando miguitas de pan para volver luego a ser uno mismo. 

-Kafka puede resultar árido para el espectador...

-En el Teatro de la Estación de Zaragoza llenamos dos veces, y nos han pedido que volvamos otra vez en noviembre, algo que me hace especial ilusión porque es muy atípico. Yo tenía amigos que me decían que un monólogo de Kafka sonaba a coñazo completo, y yo les retaba a una cena si tras verla cambiaban de idea. Y he ganado unas cuantas. No te digo que el texto sea fácil, y tiene que estar muy bien dirigido para que no se caiga la obra, pero las críticas han sido excelentes y el público normalmente opina que la obra se le ha hecho corta. 

-En los últimos años ha simultaneado la interpretación con la enseñanza en España y países como Suiza o Francia. ¿Es vocacional o le ayuda a pagar facturas?

-Yo me formé primero como actor y después como director de escena, y mientras estudiaba ya empezaba a enseñar a alumnos de cursos más bajos, porque es un mundo que me atrajo desde el principio. Así que yo creo que lo mío es vocacional, siempre intentando equilibrar estas tres facetas, la de actor, la de director y la de dar clases con un nivel aceptable. En este sentido yo trabajo mucho el método biomecánico, basado más en la energía física del cuerpo que en lo psicológico. En España quizá se trabaja más este último, pero en lugares como India o Japón la formación de los actores tiene mucho más que ver con la biomecánica.