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Mario Hinojosa

Mario Hinojosa, escritor turolense: “No puedo evitar mirar a las estrellas y sentirme en mi casa, sentirme seguro”

El poeta turolense regresa a la palestra con ‘Pico del Buitre’ (Gato Negro), poemario que sale hoy a la venta

Esta semana ha salido a la venta el último poemario del turolense Mario Hinojosa, titulado Pico del Buitre (Libros del Gato Negro), inspirado en el cosmos, el Sistema Solar y la carrera espacial. Sus versos conectan lo místico, lo sublime, lo inalcanzable a años luz de nosotros, con lo terrenal, lo prosaico y lo cotidiano. ¿No es esa la finalidad de la poesía?

-¿Cómo surge la idea de escribir ‘Pico del Buitre’, un  poemario inspirado en el espacio?

-Pues surgió durante un programa de radio de la SER con Miguel Mena desde el Centro Astrofísico de Arcos de las Salinas. Yo estaba buscando nuevas formas de expresión, porque ya había trabajado con el fútbol, los viajes... y me apetecía explicarme a mí mismo la vida a través de algo que, de algún modo, siempre me ha apasionado como el espacio. 

-Cada poema habla, de forma directa o metafórica, de un término o de una referencia astronómica...

-He intentado entender el espacio y, a través de él, entender la vida. Me gustó la idea de recoger conceptos concretos, como supernova o Vía Láctea, por ejemplo, y traducirlos a la cotidianidad, porque un eclipse puede ser un fenómeno físico pero también el final de una vida. Y a través de esas simbologías termino hablando de los temas que siempre me han interesado, como el paso del tiempo, el amor, lo inalcanzable...

-En 2012 gano el Premio Amantes de Poesía con Cosmorama, otra referencia cósmica...

-Siempre he estado un poco obsesionado con los planetas y las galaxias. Cuando era pequeño tenía un póster donde iba pegando cromos que salían en la leche El Castillo, cromos de esos fosforescentes que se iluminaban en la oscuridad. Fue la primera vez que imaginé que tenía todo el espacio lleno de estrellas en mi cuarto, y desde entonces estoy convencido de que el espacio es nuestra casa, y el lugar donde me siento seguro. Ernesto Sabato, que trabajó como científico, decía que el astrónomo no es un hombre en paz, sino un evadido, porque el hombre que mira a las estrellas es porque la Tierra no le sirve. Pero a mí sí que me sirve, porque aunque mirar a las estrellas es salir de casa, yo la veo en ellas. Y mira que pasan cosas, muchas de ellas peligrosas y terribles, pero no puedo evitar sentirme seguro mirándolas. 

-Algunos de los conceptos espaciales que dan título a sus poemas están llevados al verso de forma muy metafórica, como Supernova, pero otros, como el que dedica a Yuri Gagarin por ejemplo, son casi descriptivos. ¿Por qué?

-Este libro quería enfocarlo desde la dicotomía que existe entre lo místico y lo terrenal; lo elevado y lo carnal. Por eso a veces los versos con casi metafísicos y otros muy terrenales, que tienen que ver con un borracho o con la soledad. Esa dicotomía me parece muy rica e interesante. 

-Cuando uno lee su poema sobre el Challenger recuerda, segundo por segundo, el estallido blanco del transbordador por televisión... ¿recuerda esas imágenes, verdad?

-Desde luego... y hasta que no terminé el poema no quise volver a verlo por internet, porque quería reflejar exactamente el recuerdo que tenía de él. Esas imágenes, igual que las del Cometa Halley, están grabadas a fuego en toda la generación de nacidos a finales de los 70. Fue un hito generacional y no tiene mucho sentido, porque no fue un atentado de ETA o no nos tocó muy directamente, pero era tan romántica y mágica la carrera espacial, nos hacían tanta ilusión los cohetes a los niños que el accidente del Challenger fue una especie de trauma colectivo. 

 -En el poema que da título al libro, ‘Pico del  Buitre’, hablas de un hombre, “el último atlante”. ¿A quién te refieres?

-A Miguel Mena. Siempre ha sido mi guía, en la radio y en la vida. Con él fue con quien fue al Pico del Buitre y al que primero le expliqué mi proyecto para este poemario. 

-Su poesía es de métrica libre y sin rima, pero con las figuras retóricas justas y sin abusar de un registro más lírico y enrevesado que podría imprimir al texto...

-En este periodo de confinamiento mucha gente ha leído y compartido poesía. Creo que en momentos como este todo el mundo tiene que esforzarse un poco más para ser mejor, y eso también incluye a los lectores, que también tienen que esforzarse para conseguir que la poesía les transmita las sensaciones que persigue. Con todo, ese registro del que hablas lo busco intencionadamente para acercarme más a una poesía comprensible y minimalista, que tenga el mínimo de elementos necesarios y que no abuse de la decoración. Creo que es el algo que, con los años, se termina haciendo en todos los ámbitos. Pero no nos obsesionemos por entender la poesía, porque no es lo importante. Lo esencial es que la poesía, como puede ocurrir con una canción en inglés, consiga transmitirte sensaciones aunque no la entiendas. 

-Usted ha presentado a muchos de los autores que han participado este fin de semana en la Feria del Libro de Teruel digital... ¿Qué sensación se le ha quedado?

-Extraña y bonita. Ha habido mucha interacción, porque hay gente que se atreve más a preguntar a través de las redes que en un espacio físico, pero yo he echado mucho de menos el contacto. Pero quedémonos con una cosa; en momentos de crisis hay que conseguir alternativas. Y la Feria del Libro lo ha sido. Ojalá sea la última que tiene que hacerse digital, pero ahí ha estado, para que todos los turolenses que hayan querido, o incluso gente de Barcelona, Madrid o donde sea, puedan escuchar a Pere Cervantes o Gonzalo Giner sobre sus obras.