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May Borraz, frente a los huesos de su abuelo en octubre. Marc Ripol

May Borraz, nieta de un represaliado de Andorra: “Durante estos tres años no he abierto ni una sola herida y he cerrado varias”

La ARMH encontró e identificó a su abuelo, asesinado en su pueblo en 1939 y enterrado junto al cementerio

Sebastián Blasco Aznar, simpatizante de la República, fue llevado por un grupo de vecinos de Andorra, falangistas y dos guardias civiles al monte donde fue probablemente apaleado y asesinado el 17 de abril de 1939, días después de terminar la guerra. Fue enterrado junto a la tapia del cementerio y la versión oficial dictaminó que se había suicidado. El pasado jueves el análisis de ADN permitió identificar sus restos, que se habían exhumado en octubre, gracias a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y a su nieta, May Borraz, que llevó a cabo una ardua investigación para encontrar y restituir a su abuelo.

-El jueves terminó una historia que duraba tres años...

-En realidad 81, que son los que hace que mataron a mi abuelo. Pero sí, la sensación ha sido de acabar algo, de tener un descanso muy profundo. 

-¿Por qué se decidió a encontrar a su abuelo y desentrañar su historia?

-Hace trece años comencé a preguntar por mi abuelo, porque la versión oficial hablaba de que se había suicidado pero todo el mundo sabía que no era cierto. Mi familia había sufrido mucho por culpa de eso. Yo ya era socia de la ARMH, y hace tres años me decidí a ir a por todas tras el caso de Ascensión Mendieta. Reconstruí todos los árboles genealógicos para tirar de todos los hilos preguntado. Nunca pensé que averiguaría dónde estaba enterrado, pero resulta que, aunque había testimonios que se contradecían, mucha gente lo sabía y me lo fue diciendo. Cuando tuve la certeza expuse mi caso a la ARMH y me ayudaron, a pesar del enorme trabajo que tienen. 

-¿La gente con la que habló tenía todavía miedo o reparo?

-Al revés. Tenían muchas ganas de hablar. Me dio mucha pena los que se han muerto sin poder contar su historia. La gente quiere hablar,  solo necesitan que alguien les pregunte. 

-De las tres hijas de Sebastián solo queda viva su madre...

-Una de ellas murió hace 13 años y me acuerdo mucho de ella porque luchó mucho por encontrarlo. La mediana murió hace dos años, y para mi madre ha sido muy especial, imagínate, solo quiere coger los huesos y abrazarlos. Siente una pena muy grande por no haberlo conocido porque era muy pequeña cuando murió mi abuelo. Y como vivió toda su vida con la mentira de que los rojos hicieron cosas horribles y su padre era una persona mala que tuvo que suicidarse por todo lo que había hecho, a veces aún le cuesta asumir la realidad. ‘¿De verdad lo mataron?’, me pregunta. Y yo le digo que su padre no fue un sinvergüenza, sino una buena persona que luchó por una causa justa. 

-Queda gente que sostiene que es mejor dejar las cosas como están para no reabrir heridas...

-Los que dicen eso pertenecen todos a familias que fueron del bando vencedor, y lo que les pasa es que tienen miedo de ser señalados como asesinos o ladrones, porque además de matar, los vencedores les robaron todo a los vencidos, las masías, el ganado, incluso el trabajo, porque muchos médicos o maestros no pudieron volver a ejercer. Pero a mí todo eso me importa un carajo. Hay por ahí historias terribles porque la posguerra fue terrible e injusta, pero los nietos no tienen la culpa de lo que hicieron los abuelos. Yo nunca he culpado ni señalado a nadie, jamás. No he abierto ni una herida, pero he cerrado varias, porque después de esto he abrazado a personas que se sentían culpables porque pensaban que no habían actuado correctamente.

-¿No deberían poder reabrirse algunas causas?

-Eso sería lo ideal, y lo que ocurría si las cosas se hicieran bien, pero supongo que no podemos pedir peras al olmo. Tengo una amiga que recibió hace poco una carta del gobierno alemán, que iba a cobrar dinero por lo que le habían robado a su padre, que era alemán judío. Y no había reclamado nada. El gobierno alemán resarce a las víctimas de oficio, pero eso aquí es impensable.

-Impresionan las fotos en las que observa por primera vez los huesos de Sebastián, en la fosa del Corralico de Andorra, pero en ese momento aún no tenía la certeza de que era su abuelo...

-Claro, hasta el jueves que se confirmó el ADN no descansé por completo. Todo apuntaba a que era él, pero no había forma de saberlo, porque los restos encontrados, unos espejitos y una boquilla, no me decían nada. Pero recuerdo que cuando estaba ante los huesos pensaba que si no era mi abuelo, si era otro pobre desgraciado, yo lo hubiera adoptado como mío, porque al final era el abuelo asesinado de otra persona.

-Ahora trabaja como voluntaria para la ARMH...

-Antes era socia, pero ahora soy voluntaria porque ver a siete personas tirar de pala para sacar a tu padre, que ni les va ni les viene a ellos, es impresionante. Vienen de Madrid, Portugal, Jaén, León... hasta un japonés en los veranos. Así que me ofrecí a ayudar, y ahora estoy yendo al Archivo Militar de Zaragoza a fotografiar las causas de unos asesinados que acaban de exhumar en Guadalajara. 

-¿De Guadalajara en Zaragoza?

-Sí, es que eran muy detallistas. Casa asesinado tenía su causa, pero siempre lejos de casa para que fuera más complicado rastrearla. Donde mataban no enterraban ni guardaban los archivos. Eso lo aprendieron de los nazis.

-Está escribiendo en un libro toda la experiencia, ¿no es así?

-Sí... mezclo el diario y el ensayo contando el proceso, y un poco la novela porque al final recreo lo que pudieron ser los últimos momentos de Sebastián. Si me queda muy cursi será solo para mi entorno, y si tiene calidad puede que lo publique, porque me apetece airear este tipo de cosas. Yo no soy de las que creen que se haya hablado ya mucho de la guerra civil. También se ha hablado mucho de los vaqueros y se siguen haciendo películas.