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Oriol Saz, impulsor de la Xiloteca: “Los niños ya no juegan en la calle y nos sentimos orgullosos de recuperarla como espacio lúdico” Oriol Saz, impulsor de la Xiloteca: “Los niños ya no juegan en la calle y nos sentimos orgullosos de recuperarla como espacio lúdico”
Oriol Saz, con algunos de los juegos hechos con cañas durante el festival Poborina Folk celebrado el pasado mes de junio

Oriol Saz, impulsor de la Xiloteca: “Los niños ya no juegan en la calle y nos sentimos orgullosos de recuperarla como espacio lúdico”

Se trata de un proyecto de juegos a partir de materiales naturales que tiene su sede en una masía cercana a Fuentes de Rubielos
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Cruz Aguilar

Oriol Saz está al frente, junto con Sandra Mendoza, de la Xiloteca, un proyecto de juegos a partir de materiales naturales que tiene su sede en una masía muy cercana a la localidad De Fuentes de Rubielos. Con su trabajo y su itineraria por aquellos pueblos que demandan sus servicios demuestran que hay vida lúdica más allá de las pantallas.

-¿Qué es la Xiloteca?

-Xilo es madera en griego y Xiloteca es un proyecto de una ludoteca ambulante, que vamos donde nos piden, es decir, que se mueve por el territorio. Sobre todo utilizamos materiales naturales, sobre todo la madera, algunas veces cañas y cuerdas. Son materiales muy básicos pero la idea es juntar juegos tradicionales con otros de ingenio, otros de puntería.

¿Cómo surgió la idea de este proyecto?

-Sandra y yo teníamos una inquietud de hacer un espacio para los chiquillos y chiquillas, un lugar de encuentro que nos diera la posibilidad de estar acompañando, pero no dirigiendo, en el juego, un espacio fuera del colegio y de los talleres, porque tampoco es un taller. A Sandra y a mí nos gusta mucho jugar, nos mantiene muy vivas y queríamos aportar nuestro granito.

-¿Cuántos juegos ofrecen?

-Alrededor de una veintena de juegos, algunos clásicos y otros inspirados en clásicos pero con variantes. También hay juegos como el de los Vikingos, que tradicionalmente usaban los marineros, juegos de construcciones, otros de puntería... Casi todos hechos a partir de madera de pino.

-¿Los hacen ustedes?

-Sí, algunos los construimos nosotros y otros los hemos diseñado también, es una parte como muy bonita porque una cosa es el proceso del juego y otra es hacer juegos con los que se puedan jugar, que tengan ritmo, la jugabilidad, porque hay juegos que si varías el tamaño o la cantidad de piezas se ralentiza todo o es más rápido y tienes que ensayar para ver cómo se desarrolla.

-¿Con quien ensayan?

-Con nosotras mismas, a veces con amigos también.

-¿Qué servicios ofrecen?

-Vamos a colegios, a fiestas de fin de curso, también montajes específicos adaptados a la demanda, por ejemplo a veces nos piden un ambiente sobre matemáticas para trabajar determinados aspectos y también hemos ayudado con eso. Vamos sobre todo a fiestas en los pueblos y festivales, es un poco la gente que nos llama para constatamos.

-¿Cómo funciona Xiloteca?

-Instalamos los juegos y algunos funcionan solos, el propio juego te explica lo que hay que hacer y otros sí que hay que acompañar un poco a los participantes. Además también los construimos y diseñamos, pero luego está el acompañamiento en directo. Mucha gente lo ve como un espacio infantil, pero en fiestas y festivales ocurre que vienen muchos adultos y se quedan enganchados, algunos porque les suena de cuando eran jóvenes y otros porque les gusta. En algunas plazas de pueblos hemos tenido el mismo número de chiquillos que de mayores, esto es también una tarea, que la gente mayor entre en el mundo juego.

-¿Es difícil darse vida con juegos de madera en un mundo tan tecnológico?

-Sí, porque se busca generalmente cosas más tecnológicas, pero es muy bonito ver cómo este tipo de juegos sigue enganchando a la gente. Cuesta mucho entrar, animarte a jugar pero luego la gente sale contenta.

-¿Cómo responden los niños que se han criado entre pantallas a jugar con una caña y un trozo de madera?

-Muchas veces se quedan como mirando, esperando como órdenes, no saben ni cómo se juega, a veces te toca explicarlo y otros les proponemos que se abran camino, porque son juegos muy intuitivos, es algo como que está oxidado pero al final saben cómo va.  Una vez te paras a pensar va solo. Al ser en la calle es un espacio que está también oxidado y olvidado en ese sentido. La gente ya no juega en la calle y nos sentimos orgullosos de devolver a la cale un espacio de juego.

-¿Hay diferencias entre cuando vais a un pueblo y una ciudad?

-Sí que las hay, me da la sensación de que en los pueblos no les es tan ajeno, en la ciudad demandan más el acompañamiento, cómo funciona el juego, qué reglas se puede hacer y cuáles no, en los pueblos muchas veces hasta sobramos, no tienes que explicar de más los juegos, ya les suenan y tu estás ahí pero no recurren tanto a ti. En los pueblos la gente está el recuerdo del juego como más vivo.

-¿Les resulta exótico?

-Para muchos niños sí es exótico y a muchos mayores les ves la intensidad en la mirada porque juegan a cosas que han jugado en su infancia y que llevan 50 años sin jugar. Esas cosas son muy gratificantes.

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