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Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras 2017: “He comprendido que el amor y el desamor son los hilos que mueven el mundo” Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras 2017: “He comprendido que el amor y el desamor son los hilos que mueven el mundo”
La periodista y escritora madrileña Rosa Montero, a su llegada al congreso El Amor con Mayúsculas celebrado en el Marín

Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras 2017: “He comprendido que el amor y el desamor son los hilos que mueven el mundo”

La escritora afirma en Teruel que, con el paso del tiempo, ha logrado ser menos apasionada y más real en sus afectos

La periodista y escritora Rosa Montero (Madrid, 1961), galardonada recientemente con el Premio Nacional de las Letras 2017, participó el viernes en el Teatro Marín de Teruel en la ponencia sobre el Amor fatal con la que comenzó la cuarta edición del congreso El Amor con Mayúsculas, que organizó la Cadena Ser.

El amor nunca ha sido el tema principal de sus novelas excepto en las dos últimas, El peso del corazón y La carne. Y esto ha sido así porque ha llegado a la conclusión de que el amor y el desamor son realmente “los hilos que mueven el mundo”.

- ¿Qué es para usted el amor fatal?

- Obviamente, aquel que te daña. Es una de las posibilidades del amor pasional, que es un invento, un espejismo que nace de nuestra imaginación y necesidad, y que nos pone en contacto con la parte más desequilibrada de nosotros mismos y del otro. Hay relaciones unidas por el daño mutuo más que por el amor. Se llama amor a lo que es dolor, daño y una relación malísima, y las hay. 

- ¿Qué papel ha tenido el amor en sus obras?

- Ha sido muy importante pero hasta mis dos últimas novelas no ha sido nunca lo esencial. Crónica del desamor en realidad es una crónica del desencanto de la transición, aunque también hay amor sentimental. Esencialmente, mis novelas tratan de manera obsesiva la muerte, el paso del tiempo, lo que nos hace y nos deshace vivir, porque vivir es irse deshaciendo en el tiempo, de la identidad, el poder, el fanatismo, la necesidad de los otros, y luego, el amor y la pasión. En general, el tema ha estado pero no ha sido el principal salvo en El peso del corazón y en La carne, donde sin duda es uno de los temas principales.

- ¿Y porqué ahora?

- Ha ido emergiendo porque he llegado a la conclusión, que puede parecer obvia, de que el amor, el desamor, la necesidad de amor y la frustración de no sentirse amado son en realidad los hilos que mueven el mundo. Y antes no lo tenía tan claro.

- Y en lo personal, ¿cómo ha vivido el amor?

- Soy una apasionada para todo en mi vida, no solo para el amor. Desde luego también en lo sentimental. Pero el apasionado no mira al otro, se lo inventa. Y la convivencia con el amado destruye el amor porque la persona real emerge y hay disonancia entre lo inventado sobre ella y lo real. Cuando comenzó a repetirse esa jugada comprendí que no podía seguir así. Intenté cambiar y vivir de otra manera, ser más real en mis afectos, y he conseguido avanzar muchísimo. Ahora soy un modelo intermedio entre apasionada y realista. He aprendido que el amor cotidiano es el épico, conocer al otro y, a pesar de ello, amarlo. He descubierto la maravillosa intensidad de ese tipo de amor.

- ¿Cómo se siente tras la reciente concesión del Premio Nacional de las Letras?

- Todavía estoy emocionada, noqueada. Ha supuesto una serenidad increíble, una sensación de plenitud profesional y vital; como cuando un niño llega a casa y sus padres le dicen: “no lo has hecho mal”.

- ¿Cuál ha sido la evolución de su obra desde que publicó Crónica del desamor en 1979?

- Ahora estoy más orgullosa, tranquila y satisfecha cuando pienso en mi obra. No sé dónde he llegado porque los novelistas, como la mayoría de los artistas, tenemos una inseguridad patológica. Pero sí estoy completamente segura, tengo la certidumbre, de que escribo mucho mejor ahora que cuando empecé. Y eso me da una satisfacción y una tranquilidad enorme.

- ¿En cuál de las dos vertientes se ha sentido más cómoda escribiendo, en la literaria o en la periodística?

- El periodismo que tú y yo hacemos, el de plumilla, es un género literario como cualquier otro y puede ser tan sublime como los relatos de Truman Capote. Es raro el escritor que cultiva un solo género, y me considero periodista, narradora y ensayista. Pero para mí, la narrativa es mi manera de estar en el mundo, es esencial. Soy una escritora organizada, que considera tan básico escribir como comer o respirar. De hecho, no sé cómo se las arreglan algunas personas para vivir sin escribir. El periodismo es una profesión muy bonita, que me ha enseñado tantas cosas… Pero es eso, una profesión, mientras que la narrativa es lo que soy, lo básico y estructural. 

- ¿Por cuál de sus trabajos recomendaría adentrarse en su obra?

- Cada uno tiene un tipo de gusto. Diría que Historia de un rey transparente es mi novela más ambiciosa. También estoy muy satisfecha de la última, La carne. Y recomendaría dos libros raros, para aquellos que les guste más lo real: La ridícula idea de no volver a verte y La loca de la casa.