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Sara Almonacid, directora de fotografía descendiente de Singra: “Para dirigir un largo tienes que tenerlo todo bien planificado.  Y dinero. Mucho dinero” Sara Almonacid, directora de fotografía descendiente de Singra: “Para dirigir un largo tienes que tenerlo todo bien planificado.  Y dinero. Mucho dinero”
Sara Almonacid, directora de fotografía de origen turolense

Sara Almonacid, directora de fotografía descendiente de Singra: “Para dirigir un largo tienes que tenerlo todo bien planificado. Y dinero. Mucho dinero”

La cineasta quiere debutar como directora y guionista rodando un cortometraje en Singra a finales de 2026
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Aunque la cineasta Sara Almonacid nació en Valencia en 1987 y lleva diez años afincada en Madrid, donde se formó, su familia procede de Singra. Conserva casa en la localidad turolense, donde regresa frecuentemente, donde busca inspiración de forma recurrente y donde rodará su primera producción como directora, probablemente a finales de 2026. Su último trabajo como directora de fotografía ha sido La conversación que nunca tuvimos de Cristina Urgel, un documental sobre la mujer en la España Rural. El equipo de rodaje, formado por mujeres casi en exclusiva, aguarda a que durante los próximos días se comunique si forman parte del grupo de cinco candidatos a los premios Goya 2026 como Mejor Cortometraje Documental.

-¿Cuál es esa conversación que recrea el cortometraje en el que ha trabajado?

-Pues habla sobre las mujeres que tuvieron que criar solas a sus hijas en la España rural de los años 50. En concreto nos vamos a Cabrejas del Pinar (Soria). Es la conversación entre la directora del corto, Cristina Urgel, con su madre, que a su vez fue hija fuera del matrimonio, y por tanto proscrita. Nunca tuvo relación con su madre y nunca habló de eso, y la conversación tiene lugar a propósito de una grabación con la abuela, ya fallecida, en la que explica qué fue lo que ocurrió.

-Obviamente no haremos spoiler pero, ¿la tormentosa relación entre madre e hija tuvo que ver con vivir en un pueblo pequeño?

-Desde luego, está muy vinculado a lo rural. En los años cuarenta y cincuenta en un pueblo no se podía ser madre soltera. El padre siguió viviendo allí sin mayor problema, pero la madre sufrió un rechazo gravísimo, fue tratada como una puta que se había atrevido a tener una hija fuera del matrimonio.

-¿Vio paralelismos entre estas historias de la provincia de Soria y las que pudieron darse en el Jiloca?

-Desde luego. Yo he hablado mucho con mi abuela o mi padre sobre estas historias que derivan de lo rural, que me interesan muchísimo, y sobre todo en lo tocante a las mujeres se dieron circunstancias tremendas.

-La historia dará el salto del corto al largometraje, ¿no?

-De hecho ya estamos en ello, produciéndolo. Tenemos cuatro horas de conversación sin cortes, grabados con tres cámaras, y la historia da para mucho más de lo que puede abarcar el corto.

-¿Cómo trabaja una directora de fotografía como usted en un documental, en el que se trata de ser lo más fidedigno posible?

-Trabajo la foto en el marco más naturalista posible, y en este caso requeríamos cierta crudeza, una atmósfera más sombría y baja de luz, porque estamos contando una historia muy dura. Realmente el documental te permite más cosas que la ficción, porque en la ficción está todo acotado a lo que se busca, mientras que en el documental además puedes aprovechar todo lo que ocurre en el momento de rodar.

-¿Es cierto que para darse vida en el sector hay que estar en Madrid o Barcelona?

-Desde luego es más fácil, dentro de lo difícil que es tener trabajo continuo en este sector. Al final es donde más producciones y realizaciones se hacen, y por tanto donde más oportunidades vas a encontrar.

-Usted ha trabajado como directora de fotografía en cortos como ‘El nudo de Ángela’ (2025), ‘Egoísta’ (2024), ‘Campo oscuro’ (2023) o ‘Trazos de piel’ (2022), entre otros muchos, además de infinidad de proyectos de publicidad. ¿Tiene algún proyecto personal como directora?

-No aún... aunque tengo tres guiones escritos, dos cortometrajes y un largometrajes, y dos de ellos están concebidos para ser rodados en Singra y en el Jiloca.

-No obstante una directora de fotografía no es necesariamente un aspirante a directora de cine, ¿no es así?

-No. Puede haber casos que sí, pero yo he enfocado mi carrera hacia la luz y el color, que es lo que me gusta. Tengo mucho respeto por la labor de dirigir, y aunque tengo esos proyectos de futuro de momento están guardados en cajones.

-Hábleme de esos proyectos personales.

-El más inminente en el tiempo es el guión de un cortometraje de unos seis minutos titulado Trashumancia, una historia sobre muertos y cementerios, que me gustaría rodar en Singra y otras localizaciones del Jiloca a finales de 2026, durante el próximo invierno. Además tengo otro cortometraje, cuyo rodaje está más concebido para Valencia. Y además he escrito un largometraje de terror psicológico que escribí durante cuatro semanas, sola en mi casa de Singra, y que también está creado para rodar allí.

-¿Por qué?

-Porque necesita su luz, su atmósfera... una amiga me propuso rodarlo en Canarias, que es como el epicentro de los rodajes ahora, y le dije que es imposible, porque la luz que requiere es la que se da en Singra. Hace un par de años moví el guión sin demasiada suerte y más adelante volveré a moverlo, pero con paciencia.

-Comenzar su carrera como directora con un largometraje debe de ser lo más parecido a pegarse un tiro en el pié...

-Exacto. Por eso ese es un proyecto a más largo plazo, y antes rodaré Trashumancia, casi como un ejercicio de formación, si es posible a lo largo de noviembre o diciembre de 2026. La dirección es algo a lo que hay que tenerle mucho respeto y no te la puedes jugar, y en el caso de un largometraje tienes que tener todos los detalles muy bien planificados. Y dinero, necesitas mucho dinero.

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