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Sara Bosque, componente de la asociación Otistarda:  “Para producir un pantalón vaquero hay que gastar el agua de 200 duchas” Sara Bosque, componente de la asociación Otistarda:  “Para producir un pantalón vaquero hay que gastar el agua de 200 duchas”
Laia Salvador, Sara Bosque y Nidia Álvarez, el pasado domingo en La Puebla de Híjar. Otistarda

Sara Bosque, componente de la asociación Otistarda: “Para producir un pantalón vaquero hay que gastar el agua de 200 duchas”

Balance positivo de ‘Re-puebla tu armario’, una iniciativa que reutiliza la ropa de los vecinos de La Puebla de Híjar

La asociación Otistarda (Avutarda en latín) inició su actividad el pasado fin de semana en La Puebla de Híjar con la iniciativa Re-puebla tu armario, que trata de dar una segunda oportunidad a la ropa, fomentar las decisiones de consumo responsables y minimizar el daño al medio ambiente. Una de sus promotoras, Sara Bosque, muestra su satisfacción. 

- ¿Qué es Otistarda?

- Es el nombre de una asociación que acabamos de crear y que significa Avutarda en latín. Se creó antes de la pandemia para poder facturar bolos de los dos grupos de música que hay en La Puebla de Híjar. Aprovechamos para hacer esta actividad de intercambio de ropa, que se nos ocurrió porque venimos de ciudades grandes y estamos acostumbradas a comprar ropa de segunda mano. Laia Salvador viene de Barcelona, Nidia Álvarez procede de Badajoz y yo vivía en Zaragoza. No queríamos que fuera un proyecto como el que tiene Cáritas. Donar ropa está muy bien y es necesario, porque hay personas que tienen posibilidades y de esta forma pueden acceder, pero la idea era más contrarrestar el día del Black Friday. Era una fecha simbólica para concienciar a la gente. Tenemos un perfil en Instagram con diferentes infografías sobre cómo afectan a la sostenibilidad económica y ambiental nuestras decisiones de consumo de ropa.

- Se dice que para hacer una prenda de ropa hay que gastar mucha agua y que, según dónde esté manufacturada, el transporte contamina mucho.

- Un vaquero se corresponde a 200 duchas, para que la gente se haga un poco a la idea. En La India, por ejemplo, los ríos se tiñen del color que está de moda esa temporada y se contaminan, a cambio de lo poco que se les paga. También tenemos otra infografía sobre el precio que se pone en el primer mundo a una prenda y lo que les pagan en el tercer mundo, para que la gente vea la diferencia disparatada que puede llegar a haber.

-¿Por qué en La Puebla?

-Porque llevamos un tiempo aquí las tres. Es como cuando en Aragoneses por el mundo dicen que están allí por amor, pues nosotras igual (ríe). Y por la necesidad, creíamos que la gente igual necesitaba algo así en el medio rural. Y también porque teníamos ganas de hacer algún proyecto. También teníamos un curso de recuperación de ropa programado para el mercado, de alfombras con prendas de algodón. Pero hubo que suspenderlo por las restricciones. Hemos estado muchas semanas mirando el BOE y el BOA y finalmente nos hemos decidido a llevarlo a cabo porque se podía hacer. 

-¿Qué balance hacen de la actividad?

-Súper positivo. La gente igual se pudo llevar entre 70 y 80 prendas de las 300 que previamente habían donado. Nos quedamos sin perchas y el ayuntamiento nos compró. Aún así, nos quedamos con ropa sin colgar. En el pueblo no estamos mucha gente ahora que no se puede pasar de comunidad, pero aún así la afluencia fue buena, siempre respetando las medidas. 

-¿La gente se pudo llevar gratuitamente lo que quiso?

-No era ni siquiera un intercambio, sino una donación de gente que quiso colaborar. En otros mercados, si llevas cinco prendas tienes posibilidad de coger otras cinco, pero en este caso descartamos esta opción porque había gente que quería donar pero no necesitaba ropa. El objetivo principal era que la gente que tuviese problemas económicos o que le gustase la ropa que había allí la cogiera libremente. Ciertamente, estaba en perfecto estado y súper chula. Temíamos al estigma de “no quiero llevar esa ropa, que es de mi vecina”. Pero nos sorprendió gratamente porque vino gente de todas las edades, incluso un chico se llevó un vestido para su novia porque estaba convencido de que le iba a encantar. Nos quedamos convencidas de que el proyecto había sido acertado. Vino gente de otros pueblos, de Albalate concretamente, y nos dijeron que en la zona del Matarraña también se hacen este tipo de mercados.

-¿Qué harán con las 200 prendas que no se adjudicaron?

-La segunda parte del proyecto es que la ropa sobrante la gestione una cooperativa de Zaragoza que se llama aRopa2, que trabajan por la inserción social a través de la recuperación de prendas. Contratan a gente para coser y arreglar las prendas, sacando fondos a través de las ventas a precios simbólicos en diferentes tiendas que tienen.

-Ha empezado criticando campañas como el Black Friday. ¿Por qué?

-Estamos muy en contra porque venimos del consumo consciente. Yo soy artesana de alabastro y siempre nos hemos movido en este ámbito. Las grandes ofertas no son tal porque hinchan los precios, y lo que tú compras a golpe de clic desde tu ordenador o desde tu teléfono móvil viene de muy lejos, con la contaminación que ello conlleva y muy a menudo la precariedad laboral de quienes lo producen. Hay que ser más responsables en las decisiones de compra. Esta asociación se creó también para dar voz a unas fiestas alternativas en el horario en que se hacen las vaquillas. Como no había alternativa y nos consideramos antitaurinos, hicimos autogestión con técnicos de sonido y cantantes. No paramos de darle vueltas al coco.