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Sergio Moliner, experto en botánica y en climatología extrema: “La joya es el pino moro, pero la Sierra de Gúdar tiene otros muchos tesoros” Sergio Moliner, experto en botánica y en climatología extrema: “La joya es el pino moro, pero la Sierra de Gúdar tiene otros muchos tesoros”
Sergio Molina, durante las Jornadas de Los Polos del Frío de Alcalá

Sergio Moliner, experto en botánica y en climatología extrema: “La joya es el pino moro, pero la Sierra de Gúdar tiene otros muchos tesoros”

El investigador ofreció una ponencia sobre las especies adaptadas al clima extremo de algunos puntos de Teruel

Sergio Moliner reside en Barcelona aunque sus raíces son turolenses. Aunque profesionalmente no se dedica a la meteorología, su pasión es estudiar el clima en particular en de la Sierra de Gúdar, y cómo este determina la vida vegetal. Fue ponente en las recientes Jornadas de los Polos del Frío de Alcalá y sostiene que la provincia tiene auténticos tesoros desconocidos desde el punto de vista de la botánica.

-¿En qué sentido los climas extremos determinan la vegetación de una determinada zona?

-Las plantas no pueden desplazarse en busca de otros terrenos ni pueden moverse dentro del mismo, en busca de refugio o de lugares donde el sol proporcione más calidez, como haría cualquier animal. Tampoco puede desplazarse en busca de agua, por lo que el clima lo es absolutamente todo para ellas. Este factor es el que provoca la gran variabilidad de plantas y vegetación que presentan diferentes lugares, incluso estando relativamente cerca los unos de los otros.

-¿Qué particularidades muestra la Sierra de Gúdar, en la que usted centra sus estudios?

-La particularidad de la Sierra de Gúdar con respecto a Albarracín o Javalambre es que su vegetación se parece mucho más al Pirineo que a esas dos otras sierras turolenses. Hay especies que están de manera casi exclusiva en el Pirineo y que podemos encontrar en Gúdar, pero no en Albarracín, Javalambre o incluso en el Moncayo.

-¿Hay alguna especie que destacaría en este sentido?

-Quizá la joya de la corona sea el Pino Moro -o Pino Negro-, que se puede encontrar de forma natural en el Sistema Ibérico Sur,  pero hay otros muchos tesoros, como la genciana azul, que es una flor muy llamativa, y que en la zona de Valdelinares y Alcalá tiene su única distribución fuera del Pirineo además de otra zona concreta en Burgos.

-¿Qué factores climatológicos clave definen la vegetación en el caso de la sierra de Gúdar?

-La diferencia básica que tiene esta sierra con respecto a otras sierras de la provincia es que en Gúdar el régimen de precipitaciones están muy repartidas a lo largo del año. Puede haber veranos de sequía, claro, pero lo habitual es que, dada la cercanía del mar Mediterráneo, el régimen de precipitaciones sea muy regular porque las tormentas de verano mantienen el índice de humedad. En muchas zonas de Albarracín se da la curiosidad de que nos encontramos con más precipitaciones a lo largo del año en el cómputo general, pero están desigualmente distribuidas a lo largo del año, con periodos habituales de sequía que determinadas especies no soportan.

-Está claro que el clima determina la vegetación, pero... ¿puede darse el caso contrario? ¿La vegetación puede determinar en algún sentido la climatología?

-Durante el siglo XIX se discutió mucho sobre la posibilidad de que  los árboles hicieran que lloviera más, e incluso hoy en día sigue siendo una controversia porque no está del todo claro.  Pero posiblemente la cobertura vegetal sea un factor que explique ciertos cambios en el clima. Es cierto que antiguamente la sierra estaba mucho más deforestada por los cultivos y los huertos y ahora se ha ido recuperando masa forestal y ha cambiado el paisaje. Es posible que eso haya contribuido a aumentar las precipitaciones. Hay un efecto que sí se conoce y es que las propias plantas, sobre todo los árboles, producen humedad a través de su transpiración y retienen la que llega a través de las precipitaciones.

-Más allá del régimen de precipitaciones, las temperaturas también serán un factor determinante...

-Los polos del frío presentan lógicamente menos especies, y las que hay están especialmente adaptadas a esas temperaturas. Lo habitual en estos polos del frío es que exista poca vegetación en general, porque muy pocas plantas pueden adaptarse bien al frío, y sobre todo a las amplitudes térmicas tan enormes que se dan en estos puntos. Las especies que sí consiguen adaptarse no son además las que más suelen llamar la atención. Son más duras y entre ellas suelen predominar las especies herbáceas y arbustivas. Nunca veremos plantas caducifolias, de las que pierden la hoja durante el otoño, porque normalmente para que estos árboles o arbustos puedan vivir necesitan un mínimo de dos meses libres de heladas, que en el caso de los polos del frío no se van a dar de forma habitual. De hecho a veces la vegetación de un lugar te puede ayudar a identificarlo como un polo del frío, porque en una determinada zona puedes encontrar un  prado con zonas bajas en las que cambia la vegetación, indicándote que puede ser una piscina de aire frío. Esto se ve muy bien en el Cuarto del Prado -entre Valdelinares y Fortanete-, donde hay una vegetación muy específica, lo más próximo que tenemos aquí a una turbera, con una vegetación que podríamos encontrar en el Pirineo o las zonas altas de la Cordillera Cantábrica, como el cerbuno, que es una hierba muy dura que aguanta condiciones muy duras de humedad con suelos muy ácidos, que nos está indicando que el aire frío se está almacenando, se estanca y se congela. Desde luego está claro que donde hay bosque no vas a encontrar un polo del frío, porque el propio bosque se termoregula.

-¿Cree que el turismo meteorológico, como el que se trató durante las Jornadas de los Polos del Frío en Alcalá, puede ayudar a fijar población?

-Creo que puede ayudar. Lógicamente no es la solución, porque las soluciones tienen que venir de varios lugares, pero el estudio del clima interesa a mucha gente y el frío, la vegetación, la fauna y en general el mundo natural genera mucho interés. Y este sentido Teruel tiene muchas joyas ocultas para ofrecer.