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Javier Silvestre

Cómo me gustaría haber podido escuchar al gran amic Gay de Liébana analizando el apocalipsis que ha supuesto la marcha de Messi del FC Barcelona. La "noticia del siglo", en el fondo, no lo es tanto porque el fútbol cada vez interesa menos. Entre la pandemia, la nefasta gestión económica y el derroche en fichajes el deporte Rey vive momentos complicados.

Les confieso que en mi casa siempre hemos sido más de atletismo que de fútbol. Quizás por eso mi análisis no tiene ninguna implicación emocional. Fui del Real Madrid de niño porque lo eran mis amigos, me hice del Barça de adolescente y ahora me enorgullezco del Huesca y del Teruel por cercanía y proximidad.

No entiendo el drama emocional por la marcha del argentino tras 16 años en el club que le hizo crecer en todos los sentidos. Según Laporta está "destrozado" pero prefiere irse a bajar su ficha todavía más. Ya lo dijo Camacho cuando se negó a entrenar un gran club años atrás: "No he venido a entrenar a once sociedades anónimas."

No está de más recordar que el sueldo pactado con Messi ascendía a 555 millones de euros brutos en cuatro años, más una cláusula de fidelidad de 69 millones por no abandonar el club. Lo único bueno del tema es que, cada año, Hacienda se quedaba más de 68 millones de euros. Se calcula que la marcha de Messi dejará al Barça sin 200 millones de ingresos directos. Así que pierden los culés, pero perdemos todos en el fondo.

Hablar de fútbol es hablar de cifras estratosféricas que se sustentan, básicamente, en los derechos televisivos por los que se pagan auténticas fortunas. Movistar compró las ligas españolas y la Champions por 980 millones de euros. Se vio obligada a revenderlos -para no ser acusada de monopolio- a Orange, que pagó a su vez 300 millones para ofrecer los partidos en su plataforma.

Cifras mareantes para audiencias demasiado discretas y en caída libre. El último balance indica que la cuota de pantalla de La Liga se redujo de un 3,5% al 2,7%. Y la marcha de Messi hará que el interés decaiga todavía más y el negocio siga devaluándose.

Sin Ramos, sin Ronaldo y sin el argentino al negocio redondo del fútbol no paran de salirle aristas. Para colmo, la guerra entre Tebas, Laporta y Florentino se agudiza en busca de un bebeficio privado que pagamos entre todos. A las pruebas me remito...

Gay de Liébana, un enamorado del Espanyol, siempre hablaba de la gran burbuja del fútbol y recordaba constantmente cómo los grandes clubes aún deben 290 millones de Hacienda. Desgraciadamente, Josep Maria no ha llegado a saber, pese a las deudas, no han tenido problema para recibir créditos blandos del ICO de 347 millones de euros. Una afrenta para el autónomo y el pequeño empresario que ha tenido que cerrar su negocio durante la pandemia porque las ayudas no llegaban.

Pero hay burbujas que es mejor no pinchar, gobierne quien gobierne. Esto promete.

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