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@JavierSilvestre

El Gobierno ya prevé una tercera ola. Será justo antes de febrero y coincidirá con el periodo de incubación del dichoso coronavirus tras las fiestas navideñas. Es más, desde el Ejecutivo saben que no será hasta entonces cuando realmente podrán comenzar a vacunar de forma masiva a la gente. Y no antes. Con lo que todos los anuncios, promesas y planes de estos días son meros fuegos artificiales para distraer la atención de las masas.

La consigna sigue siendo que parezca que hacemos algo. Aunque en el fondo, poco se está haciendo en realidad. Es una estrategia que dominaba a la perfección el anterior inquilino de la Moncloa y que ahora copian, con manuales de marketing bajo el brazo, sus dignos sucesores en el cargo. 

La inacción del Gobierno permite que la responsabilidad recaiga siempre y de forma exclusiva en el ciudadano. Una y otra vez. Porque el mensaje que se transmite es que somos nosotros los únicos culpables de que la pandemia nos vuelva a golpear con fuerza. 

Mientras tanto, se nos priva de mecanismos que nos permitan tomar decisiones que afectan a nuestras vidas y las de nuestros seres queridos. Hacerse una PCR está en manos sólo de las economías más holgadas y de algunas castas, con lo que los curritos nos vemos privados de algo tan básico como disponer de forma rápida, eficaz y barata de certezas sobre nuestro estado de salud para poder tomar decisiones en libertad. No tengo duda de que se trata de eso. De desinformar para desincentivar. De que la lección magistral de comportamiento y sometimiento que dimos en marzo, se repita una vez más.

Pero la situación ya no es la misma. Porque han conseguido que perdamos el miedo al virus a base de esconder a los muertos y de deshumanizarlos en frías estadísticas. Porque el dinero se acaba y el maná prometido pocos confían en que vaya a llegar. Porque tras cada llamamiento a la responsabilidad ha habido una imperdonable irresponsabilidad de los que dictan las normas para los demás pero no para ellos mismos. 

La única certeza que tengo en este momento es que nuestra sociedad, exhausta de sacrificios, se merece, al menos, que le permitan decidir (e incluso equivocarse) por sí mismos. La estrategia política busca infantilizarnos de forma astuta. Se nos priva de participar en la

toma de decisiones para, automáticamente, responsabilizarnos de todo cuanto ocurre por ser desobedientes. Eso sí, no a título individual sino como colectivo. Con lo que también se nos priva de nuestra propia identidad personal para poder rebatir semejantes acusaciones.

Cuánto miedo le tienen algunos a que el ciudadano libre pueda tener acceso a información real y tome sus propias decisiones. Sería entonces cuando no habría dudas de quiénes son los verdaderos culpables de la tercera ola.