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@JavierSilvestre

Lo divertido de vivir en una ciudad como Madrid es el cuñadismo que demuestran muchos de sus vanguardistas habitantes siendo, en la práctica, más simples que una hazada. Y con Filomena han aflorado un sinfín de personajes dignos del gran Francisco Ibáñez y sus ácidos comics que retrataban el catetismo imperante en la sociedad española.

Han bastado siete días para que todos, absolutamente todos, tengamos nuestro cum laude en Nieve, Glaciaciones y Deshielo, y podamos ya dar lecciones al prójimo sobre cómo afrontar una nevada de dimensiones épicas. Gente que es la primera vez que ha visto caer unos copos en su vida pero que ya se siente capacitada para cuestionar hasta cómo organizan las quitanieves en Oymyakon (Siberia). 

Creían que esto de las nevadas era como verlas en la televisión: algo bonito que dura entre el sábado y el domingo para que el lunes podamos retomar nuestra vida normal en seco. Pero resulta que se han dado unas circunstancias sumamente complicadas en este temporal. Los 50 centímetros caídos en una ciudad de cinco millones de habitantes se han convertido en roca helada imposible de deshacer con las gélidas temperaturas actuales... Ni por Almeida, ni por Carmena, ni por Leguina. Lo que viene ocurriendo en muchos lugares de nuestra provincia cada año pero sin hacer un drama apocalíptico por ello.

Pero claro, llevamos una semana donde la prioridad ha sido abrir las calles al tráfico (aquellas en las que cabe una quitanieves al menos), garantizar el abastecimiento de productos de consumo e intentar ir retirando los miles de vehículos abandonados que se habían convertido en el objetivo de saqueadores. 

Otras prioridades han tenido que esperar, como la recogida de basuras. Y es normal que la gente esté que trine aunque con matices. Y es que muchos patalean públicamente al tiempo que bajan su bolsita diaria porque dicen no tener sitio en casa.

Es una alegoría perfecta de la basura que somos como sociedad y lo mal acostumbrados que estamos a que todo recaiga en manos de lo público (que “para algo lo pagamos”, insisten confundiendo los servicios públicos con tener un mayordomo en propiedad). 

Así que sigamos llenando las calles de mierda y señalando al que nos gobierna como responsable único de todos los cataclismos habidos y por haber. Echemos mierda para afuera para no admitir que muchos, la mierda, la tienen dentro. Esto promete.