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Juanjo Francisco

N o me sumo a la tendencia muy extendida ahora de felicitar las fechas navideñas con imágenes alusivas, fotitos, personalizadas o no, con un mensajito, vídeos que ensalzan la fraternidad humana y otros recursos que son reenviados sin solución de continuidad a traves de las redes sociales. Cuesta un poquito más de tiempo, pero prefieron personalizar mis comentarios según sea la persona a la que me estoy dirigiendo. Será una secuela de los años en los que no había redes sociales y teníamos que tirar de cartas manuscritas o, si estábamos en modo síntesis, una tarjeta con cuatro líneas y una firma.

Entre la multitud de vídeos que han recorrido nuestros móviles durante estos días hay uno, un poquito largo, la verdad, que hace alusión al concepto de año viejo, no en el sentido lineal del tiempo que transcurre sino en referencia al concepto de régimen de vida que teníamos antes de la dichosa pandemia. Y qué bonita se dibujaba la vida de entonces, la verdad. Parece mentira que sean dos años escasos los que llevabamos con este agobio y, sin embargo, tengamos la sensación de que ese tiempo sea más largo que el transcurrido.

En esa felicitación-tipo se transmite un deseo -aunque la transmisión en sí misma no sea más que un gesto mecánico, sin apenas reflexión personal- de que todo vuelva a ser como antes, como en los años viejos. Visto lo visto, ese pseudoafán por recuperar hábitos y estados de ánimo de vida pasada, abogo por sumar a ese propósito el intentar que, cuando en realidad estamos transmitiendo un deseo de bienaventuranza a un ser querido, lo hagamos con plena conciencia de lo que significa para nosotros el destinatario. Y que él sepa reconocerse en nuestro mensaje.

De cualquier manera, y aunque ahora parezca que la navidad se siente más por las difíciles circunstancias por las que estamos atravesando, no hay que ser iluso y pensar, como se dijo entonces, que íbamos a salir mejores de todo lo que está ocurriendo. Vamos a salir, si salimos, como siempre, amigos de lo útil y rápido unos cuantos y otros tantos un poco más reflexivos, con más sentimiento. Supongo.

Mis amigos y mi familia, entre tanto, no recibirán una felicitación automática. En este ámbito social no creo para nada en la I+D+I.