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Juanjo Francisco

En pleno debate social y político sobre las energías renovables y los paisajes de Teruel, ensimismados todavía por esta pandemia a la que todavía estamos combatiendo con más o menos eficacia, pendientes de las vacunas y las franjas de edad, con nuevas medidas en el horizonte tras el final del estado de alarma y el lío de los confinamientos y desconfinamientos, con todas estas cuitas, en definitiva, se nos va la vida mientras se acerca el verano.
Y un poco antes del estío, en el próximo mes de junio, se nos vendrá, y digo nos porque atañe a todos los que vivimos aquí, encima una de tantas cuestiones, que si antes no era más que un asunto meramente corporativo para los profesionales afectados, ahora se ha convertido en un tema de repercusión pública: el concurso de traslados de personal médico y sanitario. Ojo con la crisis que se va a desatar. De puertas para adentro,  en los hospitales públicos turolenses ya se está trabajando en intentar paliar en lo posible los daños que se van a producir. Con la Educación, la Sanidad es uno de los grandes pilares en los que se sustenta la calidad de vida de una sociedad y esta provincia, no tanto el primero, pero sí el segundo de los pilares citados, va a sufrir tensiones importantes. Se prevé una desbandada de especialistas que va a poner en riesgo la prestación de atención en determinadas áreas.
Cegados, tal vez, por el fulgor que desprende la construcción de nuevos hospitales en las ciudades de Alcañiz y Teruel y todo el runrún que conllevan -ya sabemos que aquí eso de las infraestructuras tiene mucho recorrido-, los turolenses vamos a tener tiempo, ahora en junio, de volver a preguntarnos qué diablos pasa con las estrecheces, ya casi endémicas, de las plantillas sanitarias. A modo de resumen poco sesudo pero sí explícito se puede contar que serán varios los especialistas que, acogiéndose al concurso de traslados, se irán y que los que supuestamente estarían llamados a cubrir esas plazas, no vendrán. Conclusión: que todos los que tenemos trabajo, los que aspiran a tenerlo y los que ya no lo necesitan, incluso los que quieran venir aquí, tendrán que preguntarse y preguntarnos si el tan cacareado estado de bienestar tiene otras lecturas en Teruel.