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Juanjo Francisco

Hace unos días, el pasado jueves concretamente, el consejero aragonés de Educación, Felipe Faci, anunció que el próximo curso lectivo intentará parecerse lo máximo posible al último vivido antes de la pandemia. Qué bien. Y después protagonizó otro acto oficial para dar por cerrado el periodo 20-21 de tan infausto recuerdo agradeciendo la labor desarrollada por el profesorado y por los alumnos.

En esta línea argumental de despedida, hasta el propio Sánchez elogió recientemente urbi et orbi el proceder docente y estudiantil durante todo el tiempo pandémico. Enhorabuena, pues.

La pandemia desbarató, no obstante, las vidas personales y profesionales de millones de personas y todos, todos, tuvimos que adaptarnos, también los colegiales y sus profesores, cuya paciencia y entrega profesional han sido puestas a prueba habida cuenta de lo difícil de su tarea.

Pero, el hastío, la hartazón, el cansancio y las circuntancias especiales, todas ellas de carácter académico, han derivado en un final de curso en Secundardia completamente surrealista y un poco esperpéntico. Con todos los equilibrios que han tenido que hacer los equipos directivos de los centros, los responsables educativos , los padres y los propios alumnos, igual hubiera sido mejor dar por terminadas las clases justo en el momento en que fueron entregadas las notas, en la segunda semana de junio.

Todo el tiempo transcurrido hasta el día 21 del mismo mes ha sido un quiero y no puedo, un querer saber qué fue primero, si el huevo o la gallina, un dislate. Ha habido profesores, con causa o sin ella, que desaparecieron de las aulas y también los estudiantes optaron por adelantar el verano después de ver alguna que otra película que poco les decía ante lo inminente de las emociones que proporcionan las vacaciones. Y luego, las excusas: que si los profesores no fueron porque no había alumnos, que si los padres deberían haber hecho fuerza para que la chavalería cumpliese hasta el final con el calendario o que las pruebas extraordinarias en esas fechas trastocaban la presencialidad de unos y otros. Una comedieta, vamos. Buen verano.