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Juanjo Francisco

La soledad no buscada que se está dando en muchos pueblos, con gente que ve la vida pasar en medio de una monotonía sorda y el silencio como único compañero, es una plaga que se extiende sin cesar a poco que uno ponga un poco de atención.

Los que somos de pueblo sabemos que llevamos una etiqueta desde el nacimiento que jamás se borra. Vivas o no en el sitio donde nacieste eres consciente de que tu pasado y el de tu familia es de general conocimiento para bien o para mal. Y esa denominación de origen que se arrastra he de reconocer que, si bien fue un lastre psicológico en el pasado, ahora se está conviertiendo en una bendición. Qué mejor sensación hay que, cuando regresas a tu lugar de origen, como has hecho a lo largo de los años, tengas que saludar y recibir el saludo de aquellos que te han rodeado desde tu niñez sin ser tú apenas consciente. Del incómodo entonces ¿tú de quién eres? se pasa a sentirse parte de un colectivo que va más allá de los lazos de sangre.

Uno de los escenarios más importantes de esa interacción social es el bar, bendito bar del pueblo. Esta semana se ha difundido una estadística más de entre todas las que pululan en esta sociedad de la información tan dinámica, en la que se pone de manifiesto que únicamente el 0,3% de los españoles vive en una localidad sin bar. El numerito ya da idea de lo importante que son este tipo de locales. Por eso respaldo cien por cien la opinión de un alcalde turolense que, en una entrevista radiofónica fue puesto en la tesitura de elegir para su pueblo en quedarse sin escuela o sin bar y optó por la primera de las premisas. Para recibir educación el Estado facilita el acceso a otros colegios si en el lugar no hay escuela, dijo, pero el bar...ya es otra cosa.

En el bar, la vida suele discurrir en un ambiente de ciertra familiaridad, la tarde de invierno es más llevadera y las cartas hasta te obligan a concentrarte. Si lo llevas bien, puedes hasta sentirte como en tu cuarto de estar. Eso sí, hay que procurar no tener asuntos pendientes por resolver con algún que otro vecino.