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Elena Gómez

"Hawaii-Bombay / Me meto en el baño / Le pongo sal / Y me hago unos largos / Para nadar / Lo mejor es el mar…" 

Pertenezco a la denominada Generación X y tengo la fortuna de guardar recuerdos de un pasado lejano y olvidado. Los componentes de grupo Mecano, allá por 1984, nos contaban cómo combatían el bochorno veraniego en una ciudad sin grandes lujos, donde el calor ya apretaba sin piedad por el efecto invernadero. 

Los suertudos de Teruel bajábamos al Puerto de Sagunto un par de veces en la temporada, apretados en el asiento de escay del coche de papá, sudando la gota gorda, y cantando canciones de campamento en las curvas del Ragudo.

El resto del verano nos refrescábamos como podíamos. Algunas jornadas domingueras de río y fiambrera, salidas nocturnas a comprar un helado y duchas frías para quitarnos el polvo y el sudor después de un largo paseo en bici.

Decía Nelson Mandela: "Quien conoce de tempestades ve llover y sonríe". Y esto me está pasando en estos días de preparativos para un verano atípico y desconcertante. Tres décadas después de aquellos míticos períodos estivales de nuestra infancia, nos parece inconcebible pasar sin ciertas comodidades superfluas y fácilmente reemplazables con remedios caseros.

Veo a mi alrededor gente nerviosa porque no abrirán las piscinas al menos hasta julio (y su uso será bastante complejo), porque no tienen claro si podrán gastar sus vacaciones a remojo en sus playas favoritas, o porque las comunidades de vecinos y sus respectivos administradores se están volviendo locos para implementar las medidas de seguridad señaladas por las autoridades sanitarias.

Entiendo que es una situación nueva y cunde la confusión. Pero me resulta divertido escuchar a alguien decir que "necesita" bañarse en la piscina y tener un lugar donde tomar el sol. Lo frívolo se ha convertido en una necesidad básica, nos hemos convertido en una sociedad hedonista e infantil, y un par de meses de miedo y confinamiento no han sido suficientes para cambiar nuestras conciencias.

Habrá verano, sí. Con riesgos, con parcelas para la toalla, con olor a cloro y desinfectante, con itinerarios obligados… pero tranquilos, algunos seremos prudentes y echaremos sal en la bañera.