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Nuria Andrés

El sábado por la mañana, decidí que esta columna trataría sobre el certificado Covid y la gente que no quiere ponerse la vacuna porque su vecino le ha dicho que no es segura. De repente, me llegó el mensaje de un amigo que trabaja en la radio. “No sabes qué mala noticia nos han dado”, me dijo. Era Almudena, que Almudena se iba. “Nos tienen en previsión, a Almudena Grandes le quedan unas horas de vida”, concluyó. Me quedé helada. Qué fácil es que todo se desmorone en un instante.

Miren, yo no conocí a Almudena, pero cada mes me compraba un libro suyo con el dinero de las columnas que escribo. Yo nunca vi a Almudena, pero cada noche abría El lector de Julio Verne y me preguntaba por qué Nino era un niño de Jaén y no de la Sierra de Albarracín, incluso maldecía que la madrileña hubiera decidido escribir sobre la resistencia de Fuensanta de Martos en lugar de sobre los maquis en Teruel. Yo nunca oí a Almudena, pero en cada una de las letras de El corazón helado recordaba a mis abuelos contándome las miserias de esa dura guerra que ellos vivieron. No conocí a Almudena, pero podría haberlo hecho si no fuera porque la mañana que ella acudió a la Feria del Libro en 2019, yo venía de celebrar el fin de segundo de carrera y no me podía ni levantar.

Sé que ella me lo habría perdonado porque Almudena quitó la culpa de todas las mujeres, porque las mujeres de las novelas de Almudena no eran perfectas, ni siquiera felices y mucho menos finas o elegantes. No eran necesariamente guapísimas y tampoco modosas.

Esa misma fuerza que Almudena inyectaba en vena a sus protagonistas femeninas fue la que me hizo creer que el cáncer que padecía desde hace dos años no sería un obstáculo para ella. El pasado mes de octubre, la escritora se disculpó por no haber podido asistir a la Feria del Libro y confesó que padecía una enfermedad. Yo estaba convencida de que se iba a recuperar porque Almudena no se podía ir, entonces solo me dije: “Pues si no nos hemos visto en septiembre, nos veremos en junio”.

Y esto no va a ocurrir, Almudena, pero nos seguiremos encontrando en cada texto y en cada rincón de este Madrid que tanto amaste y al que tanto escribiste.