El teléfono

Circulan por internet decenas de vídeos que muestran la incapacidad de los niños de hoy en día para hacer una llamada con los teléfonos antiguos, esos de dial de rueda en los que tenías que meter el dedo en el número y girarlo en el sentido de la agujas del reloj.

Ahora, basta con decirle a Siri, o a OkGoogle, que nos llame a fulanito o a menganita, sin necesidad de teclear absolutamente nada.

El mundo avanza que es una barbaridad. Lo de la comunicación telefónica que inventó Antonio Meucci (sí, no me equivoco) en 1854 nada tiene que ver con los teléfonos inteligentes que tenemos hoy en día.

Leo en la Wikipedia -que es palabra de Dios- que en 1871 Meucci no tenía un clavel y por eso solo pudo presentar una breve descripción de su invento, pero no formalizar la patente.

Lo de Meucci me ha sorprendido porque yo siempre había creído que fue Alexander Graham Bell el que inventó el aparato para hablar a distancia. Dice la Wikipedia que Bell fue el primero en patentarlo en 1876 y de ahí la confusión.

Y tirando del hilo me he topado con Raymond Samuel Tomlinson, un espabilado programador informático estadounidense que inventó el correo electrónico, otra cosa que revolucionó las comunicaciones.

También todo cambió con los SMS, un sistema patentado en el año 1985 por Matti Makkonen.

¿Y quién inventó el guasap? Pues la empresa WhatsApp es cosa de Jan Koum, que había sido el director del equipo de operaciones de la plataforma Yahoo! Otro inventazo.

En unos años hemos pasado del teléfono fijo como única alternativa de comunicación -y la carta, claro está- a tener en nuestras manos decenas de opciones. El que no quiere comunicarse es porque no quiere.

Y me pregunto yo. ¿Por qué con todos estos avances el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Teruel no se ponen en contacto de una vez y arreglan el lío de la licencia del hospital? Una llamada de teléfono entre los ‘jefes’ bastaría para cerrar un asunto que, de no arreglarse, les va a explotar en las manos a los dos.