ENTREVISTAS Francisco Javier Mingorance, mediador social y especialista en prevención de radicalización violenta: “Los discursos que intentan legitimar la intolerancia se basan en mitos y falacias”

Francisco Javier Mingorance, mediador social y especialista en prevención de radicalización violenta: “Los discursos que intentan legitimar la intolerancia se basan en mitos y falacias”

Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.
Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.

Francisco Javier Mingorance es pedagogo, mediador del Ministerio de Justicia y de la Generalitat de Catalunya, y Máster Internacional en Prevención del Odio y la Radicalización Violenta. A principios de mayo participó en las Jornadas de Educación Social de la UNED en Teruel donde el tema principal fue la interculturalidad, la mediación social y la prevención de los delitos de odio a otras personas, por razón de su nacionalidad, sexo, religión u opiniones. 

- ¿En España los problemas derivados de manifestaciones de odio, xenofobia u homofobia son más numerosos o graves que en nuestro entorno?

- Yo creo que estamos en una situación similar, lo que pasa es que España tiene sus características específicas, por su ubicación y el tipo de fenómeno. Por ejemplo, tenemos una proliferación de pensamiento ultra y excluyente de intolerancia a otras nacionalidades, de hablar y de sentirse parte de este país, además de con ciertas identidades sexuales o religiosas como los musulmanes. Y también se ha instalado la intolerancia política. La lucha entre partidos políticos ha llegado al campo del insulto y del histrionismo genera intolerancia. 

- ¿Eso último no ha sido siempre así?

- En los últimos tres o cuatro años el discurso político de los líderes se han cargado de agresividad, exageración, estereotipos e intolerancia. En los debates que podemos ver en la televisión se dedica mucho tiempo al ataque entre ellos, y muy poco al debate de ideas y a la construcción. El afán que existe por alcanzar el poder es el que ha generado un nivel de agresividad e intolerancia que no existía antes en la misma medida. 

- ¿El ser humano tiende a ser intolerante y supremacista por naturaleza? ¿Es la manifestación de un método de defensa innato para asegurarse la supervivencia?

- Yo soy de la línea de Rousseau y Piaget. Un niño no nace xenófobo, racista o supremacista. Nuestras experiencias en la escuela nos dicen que el brote natural es de compartir, de jugar y de tratarse en igualdad. La intolerancia se va adquiriendo a lo largo del desarrollo. Y el supremacismo al que apuntas yo creo que está siempre ligado a la lucha por el poder del grupo. 

- En contextos de crisis o de escasez ese supremacismo puede llegar a legitimarse en nombre del bien de la comunidad. Hace años a nadie se le ocurriría decir ‘Los españoles primero’, y hoy determinados partidos políticos han legitimado ese mensaje y lo han metido en la opinión pública.  

- Esos mensajes siempre se legitiman desde pensamientos y filosofías claramente xenófobas y antidemocráticas. En primer lugar no es cierto que no exista suficiente riqueza como para garantizar una vida digna a todo el mundo, y eso lo dice ONU, Unicef, Amnistía Internacional, Unesco y un sinfín de organismos. Así que debemos negar la mayor y no que entrar en esos debates que benefician a una élite o a un colectivo determinado. Según el Ministerio de Hacienda lo que aportan los inmigrantes en impuestos y lo que reciben en ayudas sociales genera un superavit de 6.000 millones de euros a favor del Estado Español. Esta es otra de las falacias en las que se asientan estos discursos. Por el contrario, el discurso de la interculturalidad tiene que ir hacia lo contrario: trabajar por una ciudadanía universal y para garantizar que cada cual tenga una vida digna, su identidad, sus gustos, sus orientaciones y que podemos convivir todos desde el respeto desde la diversidad. Y también reivindicar la cultura de la paz. Porque todos estos modelos anteriores de luchas por el poder y por los recursos económicos han terminado en dos guerras mundiales y una serie de conflictos interminables. Ya conocemos esa narrativa y a lo que nos ha llevado. Hay que crear una narrativa distinta, alternativa, que haga efectivos los derechos humanos. 

- ¿La legislación española debería ser más restrictiva con determinadas manifestaciones de odio, como ocurre en Alemania con el nazismo, por ejemplo?

- Estoy a favor del perdón, pero para que haya perdón y reconciliación tiene que haber memoria histórica. Y desde mi punto de vista significa varias cosas; saber qué sucedió, recuperar a las personas enterradas frutos de un régimen que conculcó la mayoría de los derechos humanos como está reconocido por la comunidad internacional; y condenar el franquismo. Creo que lo razonable en una sociedad democrática sería no permitir la exaltación de un régimen fascista, y que eso tuviera reflejo en el Código Penal. 

- ¿Qué medidas se pueden tomar en el ámbito educativo para paliar el problema de la intolerancia?

- Hay un plan nacional de lucha contra los delitos de odio, aprobado en enero, que es pionero, que plantea varias vías de intervención y que además prioriza el ámbito rural. Tiene una línea de formación importante, que incluye a las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, porque necesitamos unas policías sensibles y a favor de la diversidad y la interculturalidad para evitar el delito. Hay otras vías de dinamización, mediación comunitaria y apoyo a los ayuntamientos para que pongan en marcha planes, talleres y campañas a favor del respeto a la diversidad. 

Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.
Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.
Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.
Francisco Javier Mingorance, durante su intervención en Teruel. M. A.