TERUEL Condenado a dos años por lesiones el octogenario que atropelló a otro en Libros

Condenado a dos años por lesiones el octogenario que atropelló a otro en Libros

El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado
El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado

La Audiencia Provincial de Teruel ha absuelto del delito de asesinato en grado de tentativa al octogenario de Libros que atropelló a otro anciano en agosto de 2016 en este municipio, pero lo condena a dos años de prisión por un delito de lesiones. La sentencia considera que no hubo intención de matar, pero sí de lesionar aunque las heridas de la víctima fueron leves.

El tribunal da por probado que el acusado circulaba con su coche el 26 de agosto de 2016 a primera hora de la mañana por la carretera N-330 en el término municipal de Libros, y cambió de trayectoria para dirigirse contra la víctima saliéndose de la carretera.

Una vez que el vehículo quedó empotrado en una zanja, la sentencia señala que el acusado salió del mismo, “tomó una azada que era propiedad del perjudicado, que se encontraba en el suelo, dirigiéndose al perjudicado con intención de golpearle, lo que impidió este, agarrándola del mango”, y procediendo a continuación ambos a forcejear con la herramienta, “propinándose entre ellos patadas mientras sujetaban los dos la azada, hasta que, a la llegada de terceras personas, procedieron a cesar en el mismo”. El incidente quedó registrado por una cámara de seguridad que se aportó como prueba.

Aunque tanto la Fiscalía como la acusación particular acusaban al autor del atropello de un delito de asesinato en grado de tentativa y en total le pedían entre 5 y 7 años de prisión, finalmente la Audiencia lo ha absuelto de este delito, pero lo ha condenado como autor de un delito de lesiones, agravado por la utilización de medios e instrumentos peligrosos, a la pena de dos años de prisión. Al carecer de antecedentes penales no tendrá que ingresar en prisión.

Además, la sentencia prohíbe al acusado, J.D.R., a aproximarse a la víctima a menos de veinticinco metros, y de comunicarse con ella por cualquier medio durante un periodo de cinco años, y también a indemnizarle con 6.320 euros por las lesiones sufridas, y al Salud en 124,35 euros por la asistencia médica realizada.

La sentencia argumenta que a partir de las pruebas practicadas “no puede concluirse que el uso del vehículo o de la azada constituyan indicios inequívocos de la intención de matar del acusado”, por lo que rechaza la acusación de asesinato en grado de tentativa.

Aunque todo quedó registrado por una videocámara, del análisis de esta prueba el tribunal considera que “en contra de lo que sostiene la acusación, no puede deducirse la intención de matar del acusado, y ello porque aunque el perjudicado afirmó haber sido arrollado y lanzado varios metros, la levedad de las lesiones que él mismo padece no se compaginan con ese atropello, que tratándose de una persona de 82 años, necesariamente  debería haber causado, de ser así las cosas, unas lesiones de mayor gravedad”.

Añade el fallo judicial que por ese motivo “no puede concretarse, ni se observa en las imágenes si el vehículo llegó  a arrollarlo, en todo caso levemente, o por el intento de acometerlo cayó al suelo, y por ello si tuvo la intención de matar o simplemente la de asustar al perjudicado”.

En términos similares se expresa en relación con la agresión con la azada. En este sentido, la sentencia señala que en la grabación es cierto que “se observa al acusado tomar una azada caída en el suelo, pero en ese momento desaparece de la imagen, al ocultarse detrás del vehículo, y reaparece junto con el denunciante forcejeando ambos agarrados a la azada, por lo que tampoco quedan acreditados los términos de la supuesta agresión, así como la forma en que el denunciante se produjo las lesiones en el ojo y en la zona temporal”.

Descartado el asesinato, el tribunal sí aprecia en cambio un delito de lesiones cualificado por la utilización de armas, instrumentos, objetos o métodos que pueden resultar peligrosas para la vida. Argumentan los magistrados a este respecto que aunque “no puede asumirse la intención de matar del acusado, tanto en el hecho de tratar de embestirle con el coche, como en tomar la azada para golpearle y con ella se deducen una manifiesta intención de menoscabar su integridad física, que al ejecutarse, en el primer caso con un vehículo, mediante atropello, y en el segundo caso con una azada debe cualificarse por la utilización de medios o instrumentos peligrosos para la vida y la salud del lesionado, aun cuando las lesiones físicas, que no las psíquicas, registraron leves”.

En cuanto a la pericial aportada por la defensa alegando la posibilidad de que el acusado se hubiese dormido o sufrido una confusión por un deterioro cognitivo, la sentencia lo rechaza porque los análisis clínicos se practicaron casi un año después de los hechos enjuiciados.

El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado
El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado
El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado
El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado
El acusado, de espaldos, dentro de la sala de vistas de la Audiencia cuando fue juzgado en octubre pasado