COMARCAS Una ruta recorre el camino que llevó a los almorávides a su muerte en la batalla de Cutanda

Una ruta recorre el camino que llevó a los almorávides a su muerte en la batalla de Cutanda

El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López
El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López

Por Javier Ibáñez, arqueólogo

En la primavera del año 1120, un poderoso ejército almorávide partió del valle del Guadalquivir con destino a la depresión del Ebro. Estaba comandado por Ibrahim ibn Yusuf, hermano del emir almorávide que regía los destinos de al-Andalus y de un extenso territorio norteafricano que llegaba hasta el Sahel. El objetivo de este ejército era derrotar a Alfonso I, rey de un pequeño estado pirenaico que había tenido la osadía de conquistar Zaragoza (diciembre de 1118), la principal ciudad andalusí del Noreste de la Península Ibérica; y que seguía hostigando y ocupando otras importantes posiciones. El emir almorávide ya había dado con anterioridad un buen escarmiento a otros reinos cristianos peninsulares. Al más poderoso de todos, Castilla, le había derrotado en Uclés, dando muerte al mismísimo heredero al trono, Sancho Alfónsez; y en sucesivas ofensivas, les había ido arrebatando importantes posiciones. Desde esa perspectiva, el reducido Reino de Aragón no debía ser mayor obstáculo.

Ibrahim ibn Yusuf organizó un gran ejército con tropas procedentes de todo al-Ándalus; y que era muy superior al que podía reunir su oponente. Según Ibn Idari, los almorávides sumaban 5.000 jinetes y cerca de 10.000 infantes; otras fuentes indican que, junto al ejército regular, acudieron una gran cantidad de voluntarios; muchos de ellos fueron animados por el ulema al-Sadafi; este destacado intelectual, nacido en las proximidades de Zaragoza y que había realizado un largo periplo por Oriente y el Norte de África, predicó la yihad o Guerra Santa; y pese a sus casi 60 años de edad, acompañó al ejército andalusí.

 

Cifras desorbitadas

El 17 de junio de 1120, ese poderoso ejército almorávide fue derrotado por Alfonso I en la Batalla de Cutanda. Según al-Maqqari, perecieron 20.000 musulmanes, cifra poco verosímil; la Chronique de Saint-Maixent habla de 15.000, cantidad que también parece estar sobredimensionada. Entre los fallecidos estaba al-Sadafi y otros importantes personajes andalusíes.

La Batalla de Cutanda marcó el inicio del declive del imperio almorávide y supuso la consolidación del Reino de Aragón y de su proyección por el Sistema Ibérico y el Levante peninsular.

La nueva ruta que Arcatur, la Asociación para la Recuperación de los Castillos de Teruel, y la Asociación Batalla de Cutanda quieren promocionar discurre por los escenarios históricos de las tres últimas jornadas de la fallida expedición de Ibrahim ibn Yusuf. Se trata de un itinerario que podría llegar a incluir más de veinte enclaves musulmanes, entre castillos, torres, alquerías y conjuntos de cuevas artificiales. Y que discurre por un territorio poco transitado por el turismo, con un Patrimonio Cultural casi totalmente desconocido y un paisaje muy variado, en el que se alternan los espacios fluviales, con los extensos llanos y las profundas cañadas.

Este itinerario comprende un tramo del camino andalusí que en el siglo XII unía las ciudades de Valencia y Zaragoza. A finales del siglo X o ya durante el siglo XI, la tradicional ruta por el Alto Jiloca había sido sustituida por ésta, que discurría por el Alfambra, convergiendo con la anterior en la zona de Campo Romanos. Al-Idrisi, geógrafo andalusí coetáneo a la Batalla, indica que dicho camino pasaba por Cutanda.

El trazado propuesto para el Camino de los Almorávides parte de un reciente estudio sobre el tramo comprendido entre Teruel y Cutanda, realizado dentro del Proyecto Batalla de Cutanda. Este trayecto se corresponde con el que debió recorrer el ejército de Ibrahim ibn Yusuf en las tres jornadas previas a la Batalla.

Dadas las importantes necesidades logísticas del cuantioso ejército almorávide y los limitados excedentes agrícolas de las comunidades campesinas hispanomusulmanas situadas junto al camino, debió ser necesario articular una red de puntos de avituallamiento; en estos lugares se concentrarían suministros procedentes también de otras zonas próximas. En el territorio estudiado, en el que no existían ciudades, ni grandes asentamientos, estos recursos debieron centralizarse en los husun o “castillos rurales”, que ejercían de centros políticos, militares y administrativos del territorio. El ejército almorávide debía acampar al final de cada jornada al amparo de uno de estos castillos, tras haber recorrido un trayecto de entre 30 y 40 km. El papel de estas fortalezas debió ser todavía más importante conforme se iban aproximando al territorio en el que operaban las tropas aragonesas.

 

De Teruel a Alfambra

El inicio de este itinerario histórico se establece en Teruel, posición de la que debió partir el ejército almorávide en la que fue la antepenúltima etapa de su largo viaje, (hacia 14 de juno de 1120. El trayecto recorre la fértil valle del río Alfambra, pasando junto a diversos enclaves andalusíes, algunos de los cuales ocupan posiciones de fácil defensa (Castillejos de Tortajada, Turretallada, Castillo de Villalba Baja…); pero los asentamientos más curiosos y característicos, son los conjuntos de cuevas artificiales de ese periodo, conservados en Villalba Baja, Cuevas Labradas, Peralejos y Alfambra.

 

De Alfambra a Pancrudo

Al llegar al Azud de Peralejos, la ruta entra en el antiguo territorio del Castillo de Alfambra, cuya parte meridional estaba protegida por la fortaleza de Troya-Románica, dotada de un espectacular foso; y a cuyos pies también se conserva un conjunto de cuevas artificiales islámicas.

El ejército almorávide debió acampar junto al Castillo de Alfambra, que conserva interesantes estructuras de época islámica.

La siguiente jornada, en la que la expedición se dirigió al Castillo de Pancrudo, se corresponde con la más variada desde el punto de vista paisajístico; se inicia en una fértil y relativamente ancha vega; desciende hasta el llano y seco Altiplano; y, tras cambiar de cuenca hidrográfica (pasando de la del Turia, a la del Ebro), acaba en un valle abrupto y complejo, rodeado de cañadas y altas lomas. En este recorrido, se contemplan varios trazados posibles; el más lógico para el viejo camino andalusí, se mantiene en la vega del Alfambra hasta Orrios, para luego ascender hasta Perales de Alfambra por el barranco de la Cañada; sin embargo, este último punto sería peligroso para un ejército en tránsito, al ser muy propicio para emboscadas; por ello, es muy probable que evitaran esa estrecha cañada, siguiendo un recorrido parecido al de la actual carretera.

A partir de Perales, la ruta transita por una zona llana, en la que el agua escasea. En este espacio resulta más complicado establecer cuál pudo ser su el antiguo trazado andalusí. Lo más probable es que discurriera hacia Fuentes Calientes, localidad junto a la que se encuentra uno de los escasos espacios irrigados del Altiplano, pasando posteriormente al pie de la fortificación islámica de La Atalaya. Otra opción, es que se dirigiera hacia el enclave andalusí de la ermita de la Virgen de la Rosa (Rillo). En todo caso, ambos ramales acaban confluyendo en El Collado, en un antiguo camino que conserva las huellas de rodadas de carros y que llega hasta Pancrudo. A los pies de la fortaleza de dicha localidad, el ejército almorávide debió instalar su penúltimo campamento.

 

De Pancrudo a Cutanda

Para el trayecto entre Pancrudo y Cutanda también hay múltiples recorridos. El más lógico para el camino andalusí es por Alpeñés y por el Angosto de Villagarda. Pero lo más probable es que el ejército almorávide evitase el tránsito por este último estrecho, ascendiendo por Puerto Minguez, tránsito tampoco exento de peligros. Ambos ramales confluyen en la salida del Angosto, donde se localiza la estratégica posición de Villagarda; se trata de un antiguo poblado ibérico, que debía estar defendido por una potente muralla ciclópea y que fue reocupado en época islámica; sobre este emplazamiento se asentó posteriormente la aldea cristiana de Villagarda; de ella subsisten las ruinas de su antigua iglesia parroquial, transformada en ermita.

A partir de este punto, el camino discurre por la vega del río Pancrudo, pasando junto a distintos enclaves andalusíes situados en la margen derecha del curso fluvial, en los términos municipales de Torre los Negros y Barrachina. Junto al casco urbano de esta última localidad, el camino se divide, con un ramal que va directamente hacia Cutanda y otro que continua por la vega del Alfambra pasando junto a una extensa alquería y al pie del también islámico Castillico de Cervera.

Se llega así a Cutanda, un olvidado rincón de la provincia de Teruel que fue el escenario de la batalla más importante de la Reconquista aragonesa; y que sirve de punto final para este itinerario histórico.

El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López
El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López
El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López
El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López
El camino que lleva al castillo de Cutanda. Tamara López