COMARCAS José Calvo Poyato: Hacer ficción ambientada en la historia es legítimo, pero eso no es novela histórica

José Calvo Poyato: Hacer ficción ambientada en la historia es legítimo, pero eso no es novela histórica

José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.
José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.

El Curso de Historia Medieval de Albarracín, que se clausura hoy,  contó durante la jornada de ayer entre sus ponentes con José Calvo Poyato, historiador y uno de los escritores de novela histórica más reputados de nuestro país, con 16 títulos como El rey hechizado, La Biblia negra, Sangre en la calle del Turco, El Gran Capitán o El espía del rey. 
-La novela histórica es un género de rabiosa actualidad, pero hunde sus orígenes en el tiempo. ¿A cuándo hay que remontarse?
-Si hablamos de la novela histórica contemporánea, surge a comienzos del XIX tras las guerras napoleónicas, muy unida al Romanticismo y con su misma vocación de mirar hacia el pasado con añoranza. A mucha gente no le gusta el ascenso de la burguesía y del comercio y mira al pasado, a la Edad Media, que tienen a idealizarse, en busca de refugio. Las naciones europeas se agitan y muchas buscan su origen en la Edad Media, lo que lo convertirá en un tema muy importante. Es curioso además que cuando el Romanticismo queda atrás no se extingue la novela histórica, sino que es un peculiar fenómeno de supervivencia. Otros tipos de novela, como la novela social, hoy día apenas se lee, pero esto no ha ocurrido con la histórica. 
-¿Podría decirse que la ambientación medieval es la más importante, o la de mayor éxito entre los lectores de novela histórica?
-Es muy importante, desde luego, pero no hay que olvidar otras épocas como el mundo romano, con las trilogías de Posteguillo sin ir más lejos.
-¿Existen diferencias entre esa novela medieval del XIX que mira hacia el pasado con cierta añoranza y la actual?
-Existen diferencias pero no radican tanto en la perspectiva con la que el autor enfoca la época, si bien es cierto que durante el XIX se dio una visión de la Edad Media un tanto colorista, que luego tuvo su reflejo en el Hollywood de las armaduras luminosas y el campesinado feliz, y con posterioridad se pasó a una visión demasiado oscura y sucia del periodo. En cualquier caso, la diferencia fundamental radica en que los autores del XIX tienen poca escrupulosidad histórica  e introducen anacronismos verdaderamente llamativos. Es habitual que un personaje coma alimentos que todavía no se conocían en Europa o utilicen el sistema métrico decimal, por ejemplo. En el siglo XX sin embargo se cuida muchísimo más la documentación y el rigor histórico en esos detalles. 
-Sin embargo en algunos casos se explotan elementos de ficción que acaban confundiéndose con la realidad. Estoy pensando en el boom de las novelas de templarios de la pasada década, por ejemplo...
-Es que no podemos considerar a una novela histórica simplemente por estar ambientada en el pasado. El requisito imprescindible es que no alteren los hechos históricos conocidos, así que el problema es que todas esas novelas han sido consideradas novelas históricas sin serlo. Pero no estoy diciendo que no se puedan escribir. Es legítimo hacer novela de ficción ambientada en una época histórica, pero no se puede hacer pasar por novela histórica. 
-Galdos en sus ‘Episodios Nacionales’ inventa personajes de ficción que interactúan con otros históricos...
-Gabriel es un muchachito asustado que lo presencia todo y conoce a alguno de los protagonistas, y es una herramienta muy interesante porque gracias a él el autor puede hacer reflexiones muy interesantes. Yo he utilizado en muchas de mis novelas ese recurso. Pero en ningún caso cambia la batalla de Trafalgar o el curso de la historia. 
-¿Se puede hacer política a través de la novela histórica, recreando determinados acontecimientos, personajes, reinvindicando la Corona Catalanoaragonesa...?
-En ese caso estaremos hablando de una novela de ficción, porque eso de la Corona Catalanoaragonesa es un invento de un sector de Catalunya. Suele decirse que para escribir novela histórica tiene que dejarse reposar el propio acontecimiento un tiempo.
-¿Cuánto tiempo?
-Hay quien dice que dos o tres generaciones, hay quien dice que cincuenta o cien años... hay muchas opiniones y yo suelo decir que los hechos novelados no deben levantar pasiones encontradas, y eso dura según de lo que estemos hablando. Cuando yo era un chiquillo habían pasado 60 años desde el Desastre del 98 y se podía hablar de la Guerra de Cuba sin levantar pasiones. Sin embargo la Guerra Civil terminó hace más tiempo, 81 años, y hoy en día sigue generando controversia. En ese sentido las novelas sobre la guerra civil no 
-¿Como novelista, cómo afronta el reto de hacer hablar a un personaje histórico real?
-Con mucho respeto. En La ruta infinita Magallanes le presenta su proyecto a Carlos I de España. El rey ni siquiera hablaba castellano entonces, y yo lo resolví con un traductor. ¿Pero y Magallanes? Él es portugués, ¿en ese momento en qué lengua hablaría? Podemos suponer que hablaba castellano porque para entonces ya se había casado con una andaluza, pero hay que tener muchísimo cuidado y rigor para atar todos los cabos y todos los detalles en algo así. 
-¿Hay algún personaje que, en ese sentido, se le haya resistido especialmente?
-Creo que Carlos II, el último de los Austrias. Desde luego lo pasó mal, tuvo muchas dificultades, no era precisamente Robert Redford y el principial problema de la Corona entonces era que no podía tener un hijo que la heredara... Creo que es imposible saber cómo reaccionaría y como actuaría un personaje así en la vida privada. En ningún momento de El rey hechizado puedo manejarlo a mi gusto, como sucede con un personaje inventado, y se me hizo duro de verdad.

José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.
José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.
José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.
José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.
José Calvo Poyato, durante su estancia en Albarracín. F.S.M.